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Foto Theda Acha

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Cómo sobrevivir a la nueva brecha generacional
por: Caroline Vera

Los padres de los Emos vivieron su juventud en los 80. Lejos de los complejos sexuales o los prejuicios por la apariencia. Pero hoy, tener un emo en casa los lleva a cuestionar seriamente su umbral de tolerancia.


1.
—¿Bueno?
—Qué tal, estoy haciendo un reportaje sobre padres de emos…
—¡Mi hijo no es emo! Le gusta la moda pero emo-emo no es, como esos pobres chicos que salen en la tele y que piden que les hagan caso…

2.
—¿Emo? Sí, ¿pero quién le dio el teléfono de la casa? ¿Qué amigo de mi hijo? Déme el nombre de ese amigo, por favor. 

3.
—No salgo de mi casa porque tengo una perra muy viejita, y no puedo dejarla sola. ¿Cómo cree que la voy a dejar venir aquí a que me entreviste? Si ni la conozco.

4.
—Señorita, no sé qué le dijo mi esposa, pero nuestra hija no es emo. Viste así desde hace unos meses, pero no la dejamos ir así a la escuela. Está chiquilla, no creo que le sirva. Ya le dije todo lo que puedo decirle.
¿Qué está ocurriendo con los padres de esos chavos de pantalón relamido, calzón de fuera, peinado manga, delineador, playera XXS, loncherita? Ningún papá quería hablar. Si yo pronunciaba “hijo emoâ€, la alarma sonaba. Recibí negativas, evasiones y supe que un papá regañó a su hijo por darme el teléfono de casa. Un chico, incluso, enronqueció la voz para hacerse pasar por su padre. La intriga aumentó: algo excepcional pasaba en las casas de los emos. Debía entrar.

NUNCA PIERDAS EL ESTILO

«La música emo es padrísima. ¿Viste la portada del último disco de Muse? Es maravillosa», me dice Clara por teléfono, elogiando los gustos de Sergio, su hijo único. Imagino a una madre liberal, casi con un pasado hippie. Intrigada, busco la cubierta de Black Holes & Revelations. Es cierto: en la superficie de Marte cuatro hombres están sentados en una mesa. En el cielo, a la distancia, se divisan la Tierra y la Luna.

En una casa de Paseos de Tasqueña me recibe Clara. Mi hipótesis no se confirma: es una mujer bajita de actitud y vestir formal. Entro a una sala con mobiliario imitación siglo XIX. En las paredes hay paisajes al óleo y, en los muebles, figurillas de cristal.

Veo a Sergio, su hijo. Pronto me entero que a sus 17 años acompaña a su mamá a jugar cartas con sus amigas, que no ha aprendido a manejar y que cumple sin chistar sus horas de llegada.

Le pido que me muestre su computadora a este amante loco del internet. Pretendo ver objetos, calcomanías o elementos que revelen la personalidad de este emo. Me conduce al cuarto de su madre. Es ahí, por orden de Clara, donde su PC ha sido instalada. Su madre atestigua su navegación en Myspace, Mertoflog.com y Fotolog.com, y lo escucha tararear estrofas en inglés, como So shes traded my love for comfort / Gives it all away y otras rolas de Deep End, su banda predilecta.

Sentada en la cama observo la compu, desprovista de señales salvo por el retrato del bebé risueño que ahora veo, 17 años después: me asombra en Sergio su delgadez y su tez pálida e impecable. De su gorra caen caireles con estudiada delicadeza.

«Yo sí soy emo. Emo es sentimiento», me dice, como si repitiera una frase ya oída. Me muestra su Myspace, su gran fuente de amigos. Recorremos la imagen de Sergio en espejos de baños con el cabello lacio o ensortijado, en pantalones negros, ajustados.
Clara observa a su hijo absorto en la máquina. «Lamento que pase ahí tantas horas —dice, sin emociones—, pero es su medio de comunicación».

Hace un par de años, un día que Sergio llegó de su secundaria privada, Clara detectó en sus brazos varias incisiones.
—¿Qué te pasó? —preguntó su madre.
—Me caí jugando futbol —respondió él con ingenuidad.

A Clara le surgieron dudas. ¿Con sus amigos se había herido usando una navaja? Su estrategia de choque fue una suerte de “baños de hogar†con horarios precisos e innegociables. Las heridas no se repitieron. A esa altura el “emismo†de Sergio era, sobre todo, físico: se alaciaba el pelo, luego lo teñía, se lo volvía a dejar natural, lo movía para que tapara un ojo, lo giraba para que su mirada quedara al descubierto. Es ahí donde ahora Clara abre o cierra los márgenes de acción de su pequeño.

—¿Más libertad? ¿Y yo con el alma en un hilo por tantas cosas que están pasando? —reniega Clara.
Hace unos meses, Sergio dio a su mamá otra sorpresa: salió de su cuarto con las uñas pintadas.
—¿Usted lo toleró o…?
—No. Para todo hay límites. Ya se lo dije: «Hijo: el buen gusto, la dignidad, el respeto y el estilo nunca debes perderlos».


ALIANZA "por el abismo entre padres e hijos se recurre a una educación de prohibiciones", lamenta Sylvie junto a su hija.

PARA QUÉ PERFORARSE LA CARA
Con las manos metidas en sus pantaloncitos de niño, Mikel, de doce años, volvía al departamento en que vive con su madre y hermana, por CU. «¡Pinche emo! ¡Emosexual!» Los insultos le anunciaron el huevo que centésimas de segundo después se estrelló en su cuerpo. Los chicos se esfumaron, pero alcanzó a reconocerlos: vestían como emos, sin serlo. Eran “pokemonesâ€, amantes del reggaeton, música que los emo rechazan, entre otras cosas, porque enfatiza el poder sexual.

Gise, la mamá, me recibe en un sobrio departamento de Villa Panamericana, en cuya sala hay un amplio telar andino. Mikel, a su lado, se entretiene con varios cd’s. Su rostro es de niño, pero hay algo adulto en sus pómulos. El flequillo deja ver un ojo emocionado por la entrevista.
«Antes de grabar, dime qué buscas —me exige Gise, sostenida en el respaldo de una silla del comedor, incómoda por tener que hacerme la pregunta—.
Es que no quiero contribuir a la falsa imagen de los emos».

Belén, de quince años, arriba al comedor. Viene por su lap-top y un jugo (en realidad quiere oír a su madre). Su aire es falsamente distraído, como queriendo adivinar qué me causa una emo de carne y hueso: pelo negro, fleco largo, piercing y maquillaje dramático que porta muy señorial. La madre ha dejado que su hija se produzca como quiera.

La primera señal del mundo emo llegó hacia 2005, cuando Belén tenía doce años. Gise notó que escuchaba obsesivamente My Chemical Romance, Muse o From First to Last. Pero el punto de quiebre en la vida de su hija se produjo con su primera salida al salón —ya no tan— clandestino Los Sillones, junto al Metro Insurgentes. Ahí, Belén empezó a metamorfosearse en medio punk, medio pop, medio dark. Un híbrido que su madre desconocía.

Los Sillones —una planta mal iluminada con ventanas tapadas y un ventilador— se ubica en el primer piso de una tienda de ropa. Ni antro ni bar, parece la sala de un hogar imaginario en la que los emos pueden usar el sillón familiar para besarse con quien quieran —o “mamasearâ€, en el argot emo—, tomar caguama, presumir su peinado y apagar la luz.

La mujer de poco más de cuarenta años que tengo ante mí, vestida de jeans, ha adoptado algunos de los gustos de sus hijos. «My Chemical Romance se parece a Queen», explica esta experta en marketing, como para justificar su gusto por un grupo que uno imaginaría a varios años luz de su universo. Ex activista política, llegó de Uruguay hace seis años.

Aun antes de la persecución anti emo en Querétaro, vio a un niño decir en la calle: «Mira papá, un emo». El pequeño señalaba a la hija de Gise, Belén, como si estuviera viendo una jirafa en el zoológico.

Belén experimentó lo que su madre denomina “crisis de rebeldíaâ€: por las salidas sin permiso ambas se trenzaron en peleas, gritos, insultos. Al rescate llegó la salida de hoy: terapia familiar.
—¿Nos sirvió, Belén? —pregunta Gise a su hija, que junto a su hermano se ha sentado a la mesa. La niña tiene la lap-top frente a sus ojos. Asiente sin levantar la mirada.

«Estoy castigada», me dirá Belén más tarde: por un lapso indefinido esta alumna de una prepa privada en Coyoacán («Llena de puros emos fakes o posers», reclama) no podrá ir a Los Sillones ni a la Glorieta de los Insurgentes. Todo obedece al miedo de su mamá: «Trabajo todo el día y no sé si hubo una razzia».

Belén suele obedecer a su mamá sin rechistar mucho. Pero hubo una excepción: su piercing bajo el labio. «No le veo sentido a perforarse la cara», exclama, viendo el rostro de su hija.
—También tiene un tatuaje —dice Mikel emocionado, interviniendo por primera vez en la plática.

Algunas mañanas, tras darse una ducha, el pequeño se toma el tiempo para seguir los pasos de su hermana. Se para frente al espejo, toma el delineador y marca sus grandes ojos miel.

La sesión de fotos está a punto de iniciar. En las paredes del cuarto de Belén hay inscripciones en emo-gramática, un lenguaje que viola las normas de la Real Academia, al parecer para blindarse de los motores de búsqueda en internet: [KIZZ:ME] <3 me.la.zudaz >.< [fuck.iou] La chica posa delante de esas frases, y entre algunos afiches de sus grupos preferidos, como Fall Out Boy o Panic! At the Disco. En ese muro ha dibujado pequeños corazones rosas. Inexpresiva ante la cámara, Belén exhibe en su playera a Gloomy Bear, un osito japonés de color rosa y apariencia cándida pero que devora bebés.
Mikel trae de su cuarto varios ejemplares de la revista emo por excelencia, Grita fuerte!, para mostrársela a la fotógrafa. Aunque ella se prepara para darle indicaciones, él prefiere los consejos de su hermana:

—¿Cómo me pongo? —le pregunta.
—Pon las manos atrás, saca la lengua, mira de lado —responde ella en indicaciones sucesivas. Mikel la obedece en todo, posando seguro delante de la serigrafía Cow, de Andy Warhol, la vaca rosa con la que su madre decoró la sala.
La sesión concluye. «Quiero verlas», dice Mikel a la fotógrafa. Las observa, en calma, cautivado por su propio look: luce una playera negra en cuyo centro hay una calavera alada, y unos pantalones con el logo muy visible en el frente: Von Dutch. Sonríe, satisfecho: ningún detalle traiciona su bien trabajada imagen emo. Su mamá lo observa en silencio.


EMO-GRAMÃTICA Belén en su cuarto, marcada por el lenguaje de su "tribu".

NOVIOS ESPECÃMENES
Antonio, bendito entre las mujeres, tiene tres hijas biológicas y una adoptiva. Una de ellas, Stephanie, de ser niña de crinolina, estampados de flores y vestidos pompones, pasó a maquillarse, pintarse y esponjarse el cabello. Si a los catorce años jugaba con Barbies, a los 17 usaba un moño en el pelo para coronar un rostro con seis argollas. El metal atravesó sus labios, el mentón y la nariz. ¿Qué ocurrió? Entró a la Unitec, donde había un grupo de emos. La mutación fue drástica y veloz.

«Después de todo, es su cuerpo», me dice Antonio, especialista en productos de nutrición, con aire resignado.
Las discusiones de esta familia de Coapa fueron agrias. Stephanie se refugió largas temporadas en su cuarto a oír música.
—¿Qué música?
—Una especial, estruendosa, electrónica…

Antonio observaba que, pese a formar un grupo compacto, la apariencia homogénea de Stephanie y sus amigos hacía que «todos se diluyeran». Su hija, hoy de veinte años, se tomó el tiempo para explicarle qué significa ser emo. Él, quizá, lo visualizó mejor cuando conoció a los “especímenes†(amigos, novios), como los llama, de su hija.
—¿Cómo eran?

De rasgos afeminados y apariencia violenta. El que seguía era peor que el anterior. La primera vez que mi hija menor, de ocho años, vio a uno de ellos, se espantó fuertemente —dice sonriendo.

Por las noches, Antonio da vueltas en la cama dudando si hay un “viejo cochino†que se hace pasar por emo entre los ochocientos amigos del MySpace de su hija. Pero Stephanie se desvela en internet.

«Trato de dejarle vivir sus experiencias, de prevenirla de los peligros que veo». Desde hace un año, Stéphanie ha comenzado a abandonar el mundo emo y a suavizar su apariencia. Su actual pareja no pertenece a ninguna “tribuâ€. Antonio ya está más tranquilo.


LÃMITE Gise, profesionista del sur del DF, prohibió a sus hijos, Mikel y Belén ir a la Glorieta de Insurgentes.

CÓRTATE EL CABELLO Y VISTE BIEN

«¿Como se ve el mundo desde atrás del fleco?» Eder, de 19 años, repite la pregunta que acaba de escuchar, como para darse tiempo de pensar. Sus ojos no son visibles.

—Nada especial —responde—. Es mentira que nos dejemos el flequillo para no ver la realidad.
En la Facultad de Ingeniería de la UNAM, donde estudia, los conflictos se han limitado a una broma recurrente del profesor de Termodinámica: «Si no te mueves el fleco no hay problema, aquí tengo cinta canela». Eder acepta que para leer los libros de la carrera y pasar al pizarrón tendría problemas si no se valiera de algunos pasadores; siempre están a la mano junto a un peine en uno de sus bolsillos.

El verdadero conflicto, en cambio, es su padre: «Me dice que ya haga algo con mi pelo, que si sigo así me van a atropellar». Eder va de Coacalco a CU todos los días, en un viaje que suma cuatro horas.

A sus trayectos los aligera escuchando Alessana, Boy Kill Boys y Blink-182 en su iPod.
—Te di chance de que te vistieras y peinaras como quisieras. Si no estudias, córtate el cabello, vístete bien y ponte a trabajar—, le exige su papá.

Eder se alacia todos los días el cabello y le coloca una cera para mantenerlo con cierta firmeza. Luego, antes de salir de casa, se pinta.
Su padre, un protesista dental de 43 años, está seguro de su hipótesis: su bajo rendimiento obedece al demasiado pelo sobre la frente y al estilo de ropa que se ciñe a sus 60 y pico kilos de peso en un cuerpo que supera los 1.80 metros. La desproporción es brutal.
«Va a sonar mal —reconoce Eder—, pero no me gusta para nada ver emos gordos».


HUEVAZO En la calle, Mikel, de 12 años, sufrió la agresión de los "pokemones". Anti-emos inspirados en el juego de Nintendo.


HABLAREMOS DE COSAS POSITIVAS
Sarah viajó a Querétaro, “Queretarockâ€, la ciudad-refugio de ella y sus amigos, donde tomaba clases de foto. Para ese 17 de marzo, su pelo era color “rosa chicleâ€. .Al caminar, se le acercó un muchacho de pantalones amplios y pelo engominado, con apariencia de cholo.

—¡Pinche emo! ¡Quiere llorar! —le gritó. Nerviosa, siguió su camino. De pronto, el hombre le impidió el paso y le dobló la muñeca.
—Pinche emo… te crees muy chingona, ¿no?
—Antes que emo soy chava —lo enfrentó—. Quiero ver si le pegas a una chava, cabrón.
El joven la soltó y se fue.

Hoy, Sarah, una emo por cerca de cuatro años, se define «más cerca de lo indie». A su cabello ya le mutiló el fleco.
De 17 años, esta alumna de prepa en Polanco amalgama estilos: los pantalones desgarrados recuerdan al punk y el arete de estrella plástica al pop ochentero. Su cabello es de caricatura japonesa. La veo sentada en el jardín de una casa en Coyoacán. La chica de ojos oscuros que me mira tímida le debe lo emo al punk: hace cuatro años empezó a escuchar a las bandas estadounidenses Rancid y The Ataris. «No creo que alguien llore con reggaeton», bromea.

Contacto a la madre de Sarah, Sylvie: «Si buscas a la mamá de una chica que está en su cama todo el día, no soy la adecuada».

En una silenciosa oficina de la UAM me recibe una mujer de unos cincuenta años, blanca en canas. Abre la computadora y entra a la página sarahbob.deviantart.com para mostrarme algo de la obra de su hija, artista plástica: veo una foto en blanco y negro, con un chico sobre una pared, sentado con las piernas encogidas.

Su aire es frágil, afeminado, y un fleco cubre su rostro. El joven de labios perforados sostiene un ramo de flores. En el mismo sitio hay más de su trabajo: autorretratos, imágenes de sus amigos, paisajes modificados.

Hasta hace un par de años, Sarah pasaba horas encerrada en su cuarto escuchando grupos emo-indie, como Something Corporate. Si salía, tomaba fotos de escenas tristes o con un elemento constante, la sangre.

Aún niña, Sarah ya vestía de negro, había dejado crecer un fleco que le cubría gran parte de la cara y empezó a maquillarse. Las paredes de su cuarto las cubrió con fotos dramáticas, tomadas por ella misma, en las que estaba presente la sangre.
Sarah Se sentía distinta. Un día, en la intimidad de su cuarto, cuidadosa de no dar señales a sus padres, Sarah se cortó el antebrazo. De ese modo reclamó un estado de soledad del que no podía desprenderse.

Cuando la entrevisto, la blusa de Sarah deja al descubierto una serie de cicatrices horizontales.
«Cuando Sarah creció se me escapaba de las manos —reconoce Sylvie—. No sabía por dónde agarrar el jabón que se me resbalaba». Sin embargo, su mamá me hace una aclaración: «Hablaremos sólo de cosas positivas».

Las heridas en su cuerpo estaban consumadas. Sylvie y su esposo, un guanajuatense de férreo origen católico, lucharon contra el propio modelo infantil que tenían integrado a su esquema mental: «La niña bonita —explica la mamá—, bien sentada y bien educadita».
Sylvie dice que lo más importante para estar cerca ha sido «el respeto a la personalidad del otro».
Sin embargo, noto que hace malabares para eludir de su discurso la palabra “emoâ€, como si algo la incomodara. ¿Es Sarah una emo? Sylvie duda.
—Sarah —responde— es una niña emocional.










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Comentarios
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Lo dijo: ELIZABETH GARCIA ESPITIA
El día 02 de diciembre de 2008 a las 22:06 2008-12-02 22:06:30
pues a mi no me caen gordo los emos tengo una hernana emo y me agrada su look me fasina pero me molesta que cuando vamos por l.a calle la agredan me lastima como yo soy fresqui a mi no me molesta los ¡APOYO EMOOOOOOOOS? sigan adelante no se dejen vencer por que si ustedes son asi nadie se los quita LOS QIERE LA FRESQI
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Lo dijo: VALERI
El día 28 de noviembre de 2008 a las 16:34 2008-11-28 16:34:49
yo tengo 17 años... y a mi edad estudio spicologia humana comportamiento humano de los jovenes.
les puedo decir algo...

como les puede importar una moda tan mala.

la gente de ahora estan ociosa que no sabe que hacer mas que perder su tiempo. pongase a ser cosas de provecho en vez de tener ideas tontas en la cabeza.

PADRES EN HABLEN CON SUS HIJOS EN VEZ DE CULTIRIZARLOS CON MUSICA PESTE ENSEÑELOS A ANALIZAR LEER O SER MEJORES. LA ROPA NO TE HARA DIFERENTE TE HARA DEPENDIENTE DE LA MODA Y DE LA COMPAÑIA DE OTRO SER YA QUE NO SOPORTAN ESTAR SOLOS PARA SER DIFERENTE SE MUESTRA SIENDO DIFERENTE AL HABLAR AL DISTINGUIRSE DE UNA MANERA BUENA NO ANDAR PENSANDO CUANDO ME VOY A MATAR...

CREAME QUE HAY GENTE QUE DEBERIA PENSAR EN ELLO PAISEs EN GUERRA HAMBRE. MIENTRAS LOS EMOS SE LAMNETAN QUE SALIERON MAL EN UNA FOTO

PADRES HAGAN PENSAR A SUS HIJOS NO LOS HAGAN INUTILES YO EN MI PARTE LES RECOMIENDO QUE LES MUESTREN QUE SER EMOS O PUNKS O ES LO MAXIMO SER UNICOS ENTRE MILES ES MEJOR PERO DE UNA FORMA SANA ASI SE ENGRANDESE A SER..

POBRES NIÑOS DAN LASTIMA SE SIENTEN BIEN BUENA ONDA Y NO SOY MAS QUE VICTIMAS DE LA COPIADERA.
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Lo dijo: stefany (shandow)
El día 27 de noviembre de 2008 a las 12:03 2008-11-27 12:03:10
primero lo emo no es una moda es un estilo de vida q va mas haya es un sentimiento grande por algo iio soy emo y odio q digan q es una moda y los emos nunca sevan a acabar y al diablo cn los malditos pokemon chuleteros de la nada y el nene de 12 años esta demasiado lindo q vivan por siempre los emos
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Lo dijo: norma quintul
El día 26 de noviembre de 2008 a las 11:56 2008-11-26 11:56:13
es bkm la moda kja el niño d 12 ta wenu
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Lo dijo: hOrrOrozitA
El día 25 de noviembre de 2008 a las 19:53 2008-11-25 19:53:48
pofff
no ma qien dijo qe
muse, fallout boy


es musica
emo

qe no mamen


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Lo dijo: cenicienta rokera
El día 23 de noviembre de 2008 a las 17:49 2008-11-23 17:49:50
ke chido yo tambien sos emo pero la diferiencia en esto es ke mis jefes no estan muy de acuerdo conmigo pero ke bien me da gusto jeje
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Lo dijo: estephany
El día 20 de noviembre de 2008 a las 16:40 2008-11-20 16:40:13
soy emo y q los emo estan d moda... espero q nunk c acaben los EMO.
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Lo dijo: NAtHUXHA.
El día 13 de noviembre de 2008 a las 14:05 2008-11-13 14:05:15
bff no c preokupen dejen cr a sus hijjos komo kieren ser despues se kejan de xk los odian si la vdd no nos entienen y ekiz
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Lo dijo: bEbO gAy rUlEsS AaA sO zUiLiA sEwo
El día 03 de noviembre de 2008 a las 16:50 2008-11-03 16:50:18
Ke rOlAwNn yEa!
wE rUlEsSs SewOoO
HeEe sE KIeN ES El wEeE dEw La PoRtAdA eDErRr Es SeXY
ASeEE sHo RuLeSs+
aMmMMm zHaItHU
<3 (o_O) SEEEEeeEeeEeE
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Lo dijo: jhimi
El día 29 de octubre de 2008 a las 19:45 2008-10-29 19:45:08
vivan los emo
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Lo dijo: tabititita emo
El día 23 de octubre de 2008 a las 15:56 2008-10-23 15:56:28
me vale lo q digan de los emos yo SOY EMO y a mucha onra y lo mas xido es q mi mama si me acepta como soy y ser EMO es lo maximo
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Lo dijo: emoxxa
El día 22 de octubre de 2008 a las 17:38 2008-10-22 17:38:20
amm ps me
valee madrre
lOoo qe digannn
iOo sOoi emOo
i nadie me va
a cambiar ni lOoz
puthOoz de miz
padresss
i muxxOo menOoz llos
pokemones
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Lo dijo: luci
El día 22 de octubre de 2008 a las 17:35 2008-10-22 17:35:16
como me puedo vestir bien como emo si no tengo para comprar ropa como ustedes que se visten locote
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Lo dijo: federico juarez
El día 22 de octubre de 2008 a las 17:13 2008-10-22 17:13:23
al menos se deprimen y no joden a nadie.
pero esos reggetoneros de mie.. o floggers la verdad que si me irritan de maneras infraumana!!!
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Lo dijo: leyes emo
El día 22 de octubre de 2008 a las 08:01 2008-10-22 08:01:57
todo en emo
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Lo dijo: magdiz
El día 21 de octubre de 2008 a las 19:36 2008-10-21 19:36:10
hi....! mE PAReXe MaLk Los MaRginen no es justO......YO nO sOY EmO perO KIXIERA Ser.....foreveR .....kUIdenxe emoS OJaLÃ PuEDa pERTeNECER A USTEdes....suERTE... lOx kiero muxo...
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Lo dijo: anabel
El día 13 de octubre de 2008 a las 13:08 2008-10-13 13:08:01
me parece una tarades xq no se conforman con lo q dios les manda de q sirve arruinarce la vida de esa manera ma parece re sarpado...
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Lo dijo: leydi
El día 10 de octubre de 2008 a las 10:42 2008-10-10 10:42:46
hola yo soy un emo hustedes tienes rason los k descriminanal al emo son unos pinchey guey el emo es lo mejro k apodido existir en el mundo y no les agan kaso biben su mundo komo debe de ser emo foreber pa k mas los kiero amitos bueno amix mis msm es inconprendida_emo les kelo muchos arriba el emo viven su mundo okis
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Lo dijo: EmOgIrLbElM
El día 05 de octubre de 2008 a las 23:46 2008-10-05 23:46:13