Tribus urbanas gay: la diversidad del arcoíris

Chacales, osos y más

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La televisión convirtió a los gays en un estereotipo siempre amanerado, ropa entallada y de colores escandalosos.  No es que rechacemos esas expresiones de nuestra orientación porque forman parte de la diversidad, aunque debemos reconocer que en muchas ocasiones el encasillamiento no permite conocer el bello arcoiris de identidades urbanas que se erigen a partir de una orientación homosexual.

 

Es por eso que nos vimos en la necesidad de crear este glosario de tribus urbanas gays, para que la banda buga, siempre solidaria, pueda asomarse, quizá soltarse un poco el cabello y atreverse a experimentar nuevas sensaciones.

 

Musculocas/circuiteras: Se les encuentra fácilmente en antros y fiestas donde impera la música house. Son hombres que a la menor provocación se quitan la playera para deleite de todos los demás, mostrando su anabólica musculatura. Son muy sanos, se la pasan tomando agüita simple toda la noche de antro. Son masculinos pero no reparan en hacer énfasis sobre su homosexualidad.

 

Osos: En casi todo el mundo se les conoce así a los hombres de cuerpos anchos, muchas veces musculosos y con la característica de ser velludos. Presumen su barba, pelo en pecho y piernas. Aquí en México muchos han acogido el concepto y aprovechando el auge de las barbas aprovechan su sex appeal al máximo. Muchos son muy celosos y sólo se relacionan con similares. Actualmente existe toda una industria enfocada a esta tribu urbana que va desde apps de cruising especializadas para el sector, pasando por fiestas, antros, ropa y su propia bandera del Orgullo Oso que está coronada por una bella garrsha de oso, emblema del movimiento. Son altamente abrazables.

 

Vaqueros: Como los vio en televisión, esta tribu urbana irrumpió hace unos años en la capital y llegó para quedarse. Yo les llamo vaquerobvias porque ni la más macha puede evitar el delicado desliz de la jotería ya con unas copas encima. Existen vaqueros que sí se dedican a la ranchería, los puedes ver en la Marcha del Orgullo montados a caballo. Otros sólo gustan de vestir para lucir como tales pues les resulta una manera idónea para expresar un tipo de masculinidad fuera de los estereotipos del deber ser gay sofisticado.

 

Glorieteras: Nacidos a finales de los 90 del siglo pasado, se trata de jóvenes, muy jóvenes, que llegaron a apoderarse de la Glorieta de los Insurgentes, donde se encuentra la estación del mismo nombre que da hacia la Zona Rosa. Vienen principalmente de zonas periféricas de la ciudad y encontraron ahí un lugar de tolerancia donde se reúnen para convivir, ligar y perrear a todos los que van y vienen. Pertenecen a esta oleada de jóvenes, estudiantes o empleados de restaurantes de comid rápida, que poco a poco, y desde la llegada de los Cabaretitos, se han ido apoderando de la famosa Zona Rosa.

 

Metreras: Se les conoce así a los gays que viajan en el jotivagón, que desde hace más de 30 años ha sido un punto de encuentro no sólo para los rubores, sino para cruzarse sin planearlo con los amigos y ponerse al tanto de los chismes en 3 estaciones. Es muy fácil reconocerlos porque curiosamente cuando el Metro está vacío, justo donde viajamos las metreras está lleno de comadres. Es muy notorio y muy chistoso, la neta.

 

Vogueros: Se reúnen de forma periódica en los bares del Centro, donde entrenan y realizan concursos llamados “mini balls”, con variadas y jocosas categorías como “Inventada de pasarela (Runway)”, muy gustada en sus eventos de los jueves y la tradicional “Vogue Femme”, —el favorito de todas—, torsión y taconeo. Son de lo más nuevo y si lo tuyo es mover el bote y torcerte como lombriz en sal, has encontrado tu jotitribu ideal.

 

Leather: Se distinguen principalmente por el uso de prendas negras y de cuero entalladas. Uno de los puntos de atracción más fuertes dentro de esta subcultura es el fetichismo, pues su característica es hacer énfasis en un erotismo hipermasculinizado que se adereza con la rudeza del cuero y las cadenas de metal. Buscan posicionarse como masculinos y rudos pero también haciendo énfasis claro en el homoerotismo que los afilia. Se trata de una representación subida, que podría considerarse exagerada, de una masculinidad en extremo viril.

 

Chacales: Para muchos un concepto clasista y racista pero para otros la fuente del eterno placer, Carlos Monsiváis los definió magistralmente como la sensualidad proletaria. Se trata de hombres no necesariamente gays pero sí de sectores populares cuyos oficios y profesiones pueden ir desde cargadores en los mercados, hasta militares, albañiles, obreros y si me presionan hasta el del gas. Muchos gays han encontrado una afinidad hacia este tipo de hombres quizá para escapar un poco de las exigencias del llamado “gay life style” que demanda un refinamiento y un cosmopolitismo que en un país como el nuestro pocos pueden darse. Los chacales se distinguen por una forma de ser bravía, indómita. Prefieren, sin duda, una buena torta de milanesa con quesillo a un Bistró. Hay dentro de estos una subdivisión muy especial que puede encontrarse por los rumbos de la iglesia de San Hipólito los días 28 de cada mes: los sanjuderos. Sus cuerpos han sido esculpidos a las brasas de labores pesadas. Los buenos chacales son como luciérnagas, muy escasos pero sin duda una luz entre tanta oscuridad.   

¿Y tú perteneces a alguna de estas tribus o prefieres no encasillarte?

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