Trafical de los demonios

Amén

Fractal.com

Uno termina atravesando una ruta de 10 minutos en hora y media. Quedándose detenido –¿atrapado?– entre los autos durante segundos, minutos, horas, con la mirada perdida hacia el frente. Una vida valiosísima que se nos va. El pan nuestro de todos los días.

Frustración, abandono e ira es lo que invade nuestro ser. Y entonces las voces en la cabeza: “Me hubiera ido por…”. "¿Por qué no me di vuelta en…?". "¿Nadie pudo decirme antes que…?". "¿Cuál era la estación que decía qué rollo con el tráfico?".

Nada qué hacer. Ya estás ahí.

O sea que ¿construir nuevas avenidas, vías, Supervías y Megavías puede ser prejudicial para el tráfico de toda la ciudad? 

La verdad, según Dietrich Braess, no sirve de nada: "Agregar una nueva vialidad a un sistema de transporte puede no mejorar el flujo vehicular dentro del mismo". Es una mera ineptitud.

Yo, tú, él, nosotros, ustedes y ellos son víctimas de una paradoja, conocida en el mundo del urbanismo como la “Paradoja de Braess”, llamada así por el matemático alemán Dietrich Braess. De ahí nuestro enunciado anterior, el que sonaba todo oficial y aburrido, pero que suena a maldición del destino y que todos entendemos perfectamente.

Sin ánimos de politizar el asunto, nos viene la duda de qué sirve más: ¿incrementar el gasto en servicios de transporte público, haciendo cada vez más caro el uso del automóvil, o construir nuevas vialidades?