Así decimos las malas noticias los chilangos

Nadie se salva de estas situaciones

iStockSerious man looking at woman while discussing over document at home
Podemos imaginar a Jon Snow, de Game of Thrones, muy contento en el Muro cuando a lo lejos se ve un punto negro que se va acercando y resulta que es un cuervote “¡Ay carajo, otra vez malas noticias! ¿Qué no puede uno estar feliz o qué?”.
 
No sabes nada, Juan de las Nieves: dar malas noticias es un arte que los chilangos hemos perfeccionado a niveles insospechados. A nadie le gusta ser el mensajero de malas noticias, pero a veces te toca ser el cuervo.
 
Decía Jorge Ibargüengoitia que los mexicanos le damos vueltas y vueltas al asunto para no soltar de golpe lo que a la otra persona le va a afectar. A veces hasta disfrazamos la realidad para que suene como una cosa buena. ¡Estos son unos ejemplos de ello!

Cuando te despiden

“Gutiérrez, pase a mi oficina”, palabras funestas cuando tu jefe, que nunca te pela, quiere hablar contigo en privado. Los muy jijos hasta se portan más amables que de costumbre, te ofrecen el asiento y hasta un cafecito. Cuando ya entraste en confianza y ves la posibilidad de que te aumenten el sueldo, te la sueltan: “Como usted sabe tenemos problemas de presupuesto” o peor “creemos que esta empresa ya no tiene nada que ofrecerle” y terminan el discurso de despido diciendo “¡pero anímese, hay un mundo de posibilidades allá afuera!” ¡Noooooo! ¡Mi trabajooooo!

Cuando no hay lo que pides en el restaurante

Esta no es tan dramática, pero es clásica: llegas a un restaurante y pides tu acostumbrada ensalada y filete con papas. El mesero se rasca la cabeza y dice “híjooole, es que… se nos acabaron las papas”. Le dices que no hay bronca, que te traiga otra guarnición. Él responde “híjoleee, es que no vino nuestro proveedor de carne”. Le pides la ensalada y otra vez el “híjoleee”. ¡Ya tráigame lo que sea que muero de hambre!

Cuando vas al mecánico

Los mecánicos y los doctores son los expertos en dar malas noticias porque, evidentemente, nunca vas a verlos cuando estás bien. Los mecánicos te comienzan a explicar: “¿Se acuerda que vino a cambiarle el foquito? Bueno, pues al prenderlo nos dimos cuenta que algo sonaba y bajamos el motor, lo ajustamos y ahora nos debe 15 mil pesos” ¡ARGHHH! Pero si piensas que esto está feo espérate al doctor: “Muy bien, señorita, eso que usted pensaba que era una infección en la garganta resultó que no. Mandamos su muestra al laboratorio y se está convirtiendo en zombie” ¡Ya llévame diositooooo!

Cuando tu chica está embarazada

Vamos, esta no es una mala noticia a menos que seas un adolescente chillón. Pero sabemos que está muy feo soltarlo de sopetón, así que los argumentos siempre son dándole vueltas al asunto “Amor… ¿te acuerdas de esa fiesta?” “Sí” “¿te acuerdas que estabas muy contento?” “Si” “Te acuerdas que te dije que me dolía la panza el otro día y que tú me dijiste que seguro es gastritis porque estaba más gordita que de costumbre?” “Er… sí” “¡Pues estoy embarazada!”. Por ahí hubiéramos empezado, caray. 

Cuando te cortan

A llorar chilangos: las peores palabras de la historia son “tenemos que hablar”. Ahí sabes que ya te van a tronar, que la regaste, que tu pareja no está feliz y que vas directo a engrosar las filas del forever alone. Que levante la mano el que ha pensado “ahhh, ¿quiere hablar conmigo? ¡seguro me va a felicitar por mi desempeño sexual!” ¿no? ¿nadie? ¡Buuuuu!

Cuando hay contingencia

“Muy bien chilangos ¿se acuerdan que ayer había mala calidad del aire? ¡Qué creen! ¡Mañana domingo no circulan placas 3,6,7 y 9, tipo sanguíneo AB positivo, personas de cabello chino y los que tengan calzones rojos!” ¡Ñooooooo!
 
¿Te acaban de dar una mala noticia? ¿Te la dijeron directamente o le dieron vueltas al asunto? Ya cuéntanos, sin pena pues.