Se cree galán

Con su 1. 74 de altura y 70 y pico de kilos, su porte no prometía taquilla. Pero luchando junto al Hijo del Santo recibió un golpe inicial de fama. Otro paso lo dio en su primer lucha de campeonato ante Averno, en 2005.

En la tercera caída saltó, atenazó con las piernas el cuello del rival y dio dos giros aéreos para rendirlo con palanca al brazo: había nacido “la mística”, su emblema. «Había practicado esa llave año y medio», dice su maestro Salazar.

Al acabar la lucha, el público VIP de la primera fila lanzó billetes, una vieja costumbre para corresponder a un gran desempeño. Eran de 200 y 500 pesos, algo excesivo. Místico ya agradecía con un gesto que se ha convertido en su icono: juntar las manos, como si rezara, e inclinar la cabeza.

Para su 73 aniversario, el CMLL organizó un pago por evento para un máscara contra máscara entre Místico y Black Warrior. Ganó con “la mística” y descubrió el rostro de su rival. Los aficionados le dieron una vuelta en hombros por el ring, como ocurría con el Santo. Canales de TV, revistas y diarios que nunca se ocupaban de la lucha lo hicieron porque se trataba de Místico. En meses, aquel chavo de Tepito era un fenómeno que atraía dinero, flashes, mujeres: «La sensación es inigualable —dice la fantástica morena Isela Palacios, edecán que ha salido de la mano del luchador—. Toda la gente le grita. Logra una vibra muy cabrona».

En un mes, Místico ha llegado a luchar 40 veces, por cada una de las cuales los promotores de las arenas pagan cerca de 50 mil pesos. La paradoja es que su éxito en el ring lo ha ido alejando de éste.

Guillermo Gutiérrez, creativo de Sony BMG, disquera de La Quinta Estación, lo apalabró para el video Me muero, del álbum El mundo se equivoca. «Ése fue su detonante mediático —dice Gutiérrez—, pero ya está sobreexpuesto: si no cuida su marketing será un negocio a corto plazo».

Editorial Toukan lanzó el comic Místico, el príncipe de plata y oro. «Queríamos un héroe de Chilangolandia envuelto en aventuras reales», dice Verónica Vázquez, coordinadora editorial.

Luego de enfrentar en la historieta a seres terribles, como La Mataviejitas, la vorágine creció: Coca-Cola usó su imagen en la Gladiator Energy Drink, Helados Nestlé lanzó la paleta Místico, de naranja por el dorado de la máscara y limón por el plateado. Y aunque dicen en su barrio que es tieso para bailar, en el CD Las favoritas del Místico la disquera Sony compiló sus 17 temas preferidos (Elvis Crespo, Los Flamers, Magneto, Bronco…)

La intriga sobre su identidad crecía. Una noche, en los Bisquets Obregón, el luchador clavó sus ojos en el programa La Oreja: la emisión de Origel pasaba un video donde, sin máscara, Místico hablaba con varios compañeros en el vestidor de la Arena Isabel de Cuernavaca. «Se preocupó. Me dijo: “tengo que hablar con Lutteroth para ver qué pasó”», recuerda el narrador Leonardo Riaño, su acompañante esa noche. El responsable fue Danger, gladiador que de inmediato fue cesado. Hasta hoy, 110,000 personas han visto el video en Youtube.

Su fama era tal que Televisa le dio un papel en la novela Muchachitas como tú. Reducido su trajín deportivo, llegaba a los foros en su Mitsubishi en tenis Nike, con gruesas cadenas de oro con medallas de la Guadalupana y la Santa Muerte. «Debe entender que es luchador», reclama Alfonso Morales. «Se creyó que ya era galán», añade Arturo Rivera.

Místico es un redituable producto para él mismo, pero más para el CMLL, dueño del personaje. Fuentes que pidieron no ser identificadas señalan que la empresa se lleva cerca del 70% de lo obtenido por su imagen, mientras que el deportista el 30% restante.

En un departamento de la Roma, Místico vive con su mujer y sus dos hijas; cada viernes lo acompañan a la Arena México. Fuera del ring, el luchador defiende con celo su apariencia: cuida su corte de pelo, se tiñe de rubio y depila sus cejas. Por las noches, cena en los Bisquets Obregón.

El CMLL asume que es momento de explotar intensivamente al personaje. Al ser parte del equipo de Televisa en los Juegos Olímpicos, fue apartado de la primera gira del CMLL en Europa.

Hoy, el tepiteño padece algo que meses atrás sonaba a desvarío: la gente en las arenas empieza a repudiarlo. Una razón podría ser el hastío ante un personaje que empieza a saturar. Otra, el resentimiento: suele llegar a los eventos con un chofer del CMLL y su cuerpo de seguridad lo protege con fiereza de los fanáticos. Si le piden una foto, debe haber un pago. «El año pasado la gente se le empezó a voltear», dice el cronista Leonardo Riaño. «Necesita alguien que lo guíe», sostiene Leobardo Magadán. «El personaje lo absorbió tanto que ni sus compañeros pueden verlo», expresa Arturo Rivera.