Razones para SÍ andar con un maestro

Porque en el amor no se valen los extraordinarios

(Léase instructor, guía espiritual, orientador sexual)

Desde el principio de los tiempos (la secundaria, cuando las hormonas empiezan a hacer el twerking sin preguntárnoslo), esos personajes que se paraban al frente del salón de clases podían despertar en ti tres cosas: respeto, terror o lujuria. A unos los recuerdas porque gracias a ellos sabes dónde diablos está la Patagonia, a otros por todas las veces que esquivaste el borrador y a los últimos porque, bueno, compartieron contigo noches enteras… en tu imaginación…

Hasta que creciste y te diste cuenta de que ya eras cancha reglamentaria y que ellos no corrían el riesgo de ir a la cárcel ni tú de quedarte en la calle, sin educación, y sin sus manitas sobre ti. Hablemos, pues, de ese/esa maestro/a que te ha dejado embobada/o y revelémosle a quienes aún no han pasado por ahí por qué tener una relación con un prof puede que sea una GRAN idea. (Aunque también puede que gracias a ellos hayan logrado colgar ese diploma en su oficina godín y ahora sean un peligro para el mundo).

1. Siempre tienen algo qué enseñarte (y no hablamos sólo de números). Los maestros son unos sabelotodo, siempre querrán darte una lección y si no la aprendes, habrá tabla. Ya dependerá de qué tan fetichistas sean (él/ella y tú) y hasta qué niveles hayas acostumbrado a tu masoquismo. Tal vez te convenga hacerte el/la ignorante, si sabes de lo que hablamos. (*Se escucha el sonido del látigo*). 

2. Son unos rojillos. Cuando menos te imagines, ya estarás marchando rumbo al aeropuerto o redescubriendo a todos esos nuevos escritores anti neoliberalismo. Lo bueno del asunto es que siempre te invitará a que hagan el amor en lugar de la guerra. Seguro no tendrás problema con que “la miss” elija lencería roja y negra.

3. A la Dorian Gray, o algo. Por más que los observas no logras descifrar su verdadera edad. Sus pantalones ajustados, su peinado a la moda y su cuerpo de adolescente te hacen dudar. ¿Será que le chupan la edad a sus alumnos? Absorben, quisimos decir. Ok, ya lo que hagan en privado es asunto suyo, el punto es que con ellos la cuestión de la edad es mero formalismo.

4. Siempre sabrán cómo castigarte, y tú siempre sabrás cuánto disfrutarlo: Los profesores son como los dentistas: les gusta provocar dolor ajeno. Tal vez puedan llegar a un acuerdo y concluir que, siempre que te equivoques, lo aceptes y asumas lo que te mereces: desde unas leves nalgaditas hasta lo que tu cuerpo aguante, estar esposado en su cama o algo por el estilo. En las sexshop encontrarás todo lo necesario para concluir con éxito este punto.

5. Tienen “un lado oscuro” que quieres conocer. Detrás de esos lentes de pasta, esa actitud correctísima y sus coderas de piel seguro se esconde un/a pervertidillo/a.  Y dios sabe que tú eres de esos a los que les atrae lo prohibido. Tú quieres satisfacer tu curiosidad, a él/ella le divierte haberla despertado. Esto es un ganar, ganar.  

6. Son unos colmilludos. El mundo es un lugar difícil. Nadie nos enseñó a enfrentarlo, cómo vivirlo, cómo salir con la frente en alto. Por eso, el hecho de que el profe/la miss te de lecciones de vida para que puedas gritarle a cualquier obstáculo “Nos vemos en el infierno”, no tiene precio. Aunque ésta puede ser un arma de doble filo, en una de esas te puede salir el tiro por la culata. Mejor que entre a que salga, ¿no?, ¿o qué?

7. Todo el tiempo te sentirás parte de una película porno. Eres la colegiala/el alumno, ¿recuerdas? La fantasía no tiene límites, seguramente te perderás la mitad de la clase mientras fantaseas todo lo que puede ocurrir sobre el escritorio: pasión desenfrenada entre lápices, compases, sacapuntas y cuadernos. Ni qué decir de lo prácticos que pueden resultar esos asientos escolares. 

8. Serás el elegido / la elegida. Busca en el diccionario la palabra consentida/consentido y encontrarás tu foto. Así que siempre podrás fingir que no sabes, él estará ahí para explicarte con detalle ese tema tan complejo que no entendiste por quedártele viendo toda la clase. ¡Clases extramuros, vengan a mí! 

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