Por qué las fiestas de XV años rifan

'Ahora... despierta la mujer que en mí dormía'

Aunque las fiestas de 15 años son cada vez menos solicitadas por las adolescentes que ahora prefieren un viaje a Europa, un crucero con las amigas o simplemente ahorrarse el oso de semejante numerito, hay que reconocer que tienen un encanto irreemplazable.

Aquí les dejamos una breve lista de cosas por las cuales las fiestas de 15 años (en especial las chilangas) son un festival del folklore. ¡A darle, que es mole de olla!

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Los chambelanes

La mezcla de los chambelanes es de lo más variopinta: por lo general se invita al galancito nalgasmiadas o al amor imposible de la novia, algún compañerito de la secundaria que se dejó embaucar y por supuesto, a los primos que amenazados por las tías tuvieron que entrarle al quite. Es de esperarse que haya unos chaparritos, altos, güeros, otros llenísimos de barros por aquello de la edad, en fin, la diversidad en todo su apogeo. Ya si la quinceañera no quiso arriesgarse a que los chambelanes le salieran torpes en el baile es probable que haya optado por rentar acompañantes. Este caso casi siempre resulta contraproducente: los muchachos en cuestión se ven profesionales a la hora del baile y la pobre chava a su lado se mueve con la gracia de un bote de tamales, siendo opacada y desplazada en el que debería ser su gran día. 

La elección del vestido

Otra de los momentos cruciales. Si ya se van a meter al numerito de la fiesta de 15 años, pues al menos hay que tener un vestido que valga la pena lucir. ¿Y dónde están los mejores vestidos de 15? Hasta la pregunta es necia, ¡pues en La Lagunilla! Quien haya visitado la sección del mercado que se especializa en la venta y confección de los vestidos para las muchachas, recordará que es como un carnaval pero con aparadores. Hay desde los modestitos y discretos hasta eso a los que no les cabe ni una piedra más en el corsé, sin faltar los que ostentan el escudote de su equipo de fucho favorito o un San Judas pintado con aerógrafo para que no quede duda del santo de su devoción.

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El paseo en limusina/calabaza

Otra bonita tradición que se ha ido perdiendo es la de dar el tour por la ciudad en la calabaza al más puro estilo de la Cenicienta. Las chavas de ahora le hacen el fuchi y en su lugar piden que las lleven en limo, de preferencia rosa, y ahí van por Reforma asomando la cabezota por el quemacocos y gritando como si estuvieran poseídas. 

Las fotos en el Ángel

Una vez que la quinceañera ya se dio vuelo en la limo y ya se cansó de andar asomada gritando junto con el Brayan y el Estiben, ha llegado el momento de retratarse en uno de los sitios más emblemáticos de nuestra Ciudad, el Monumento a la Independencia, mejor conocida por todos los mortales como El Ángel. Ahí cada fin de semana puede verse no sólo a quinceañeras esperando su turno para hacerse el bonito retrato con los chambelanes, sino también a los recién graduados de Senda 2000 e Instituto Fleming. 

55545Mis quince con todas mis amiguis, qué emoción.
Mis quince con todas mis amiguis, qué emoción. (Paris A. Salazar)

El vals

Dependiendo de cuál sea la balada de moda en el momento, ése será el “vals” elegido por la adolescente en cuestión. Hace algunos ayeres el ranking lo dominó “Tiempo de vals” de Chayanne, para luego ser desplazado por “My heart will go one” de Celine Dion. Lo bonito de este número es que las chamacas lucen como un trompo al pastor que se quedó sin GPS, pues en todos los ensayos se olvidaron del factor crinolina y el mero día dar vueltas resulta bastante más complicado. Además la concurrencia espera con cierto morbo el momento en el que los cuatro chamacos desnutridos tengan que elevar por los aires a la chava que no es precisamente una varita de nardo. Un consejo para las chavas: no hagan valses con fuego, porque pueden ocurrir tragedias.

El baile ‘moderno’

Contrario a todo lo que la chamaca había aparentado hasta ese momento, la quinceañera se despoja de su vestimenta de princesa y de su pudor para ahora sí, ponerle sabor al momento. Ya sea que opte por alguna rola tropicalona que deje ver sus aún escasos atributos o que se aviente una pieza techno o hasta hiphopera, el llamado “baile moderno” casi siempre pone de manifiesto que los pobres chambelanes se mueven menos que el left shark del Super Bowl.

Las caídas

Fiesta de quince años sin quinceañera que se cae no estuvo tan chida. Todo el mundo espera muy para sus adentros que la quinceañera dé un mal paso mientras baja las escaleras en el salón o la iglesia o mientras se echa sus pasitos en el vals o el baile moderno. Hace años, en los tiempos de la canica, había que esperar a que saliera el video oficial de la fiesta para que el papá manchado lo mandara a Sopa de videos, pero hoy gracias a los celulares y a Youtube la burla y la humillación son instantáneas.

El último juguete

Aquí es donde los padrinos se quiebran menos la cabeza y casi siempre optan por dos cosas: una es el osote de tamaño familiar que luego no hay ni dónde poner (y menos si la chamaca vive en una casa Geo) y otra una “Barbie” semipelona en una urna de cristal, explicándole que de ahora en adelante dejará de ser una niña y dejará los juguetes para convertirse en toda una señorita. Lo que los padrinos no saben es que seguramente sí le seguirán gustando los juguetes, pero no precisamente los mismos, if you know what I mean.

El brindis del papá borracho

Éste es uno de los momentos más esperados por la concurrencia. O no. El papá, ya bajo el influjo de unas buenas cubas que se despachó desde la hora de la comida (recordemos que el numerito empieza ahí por las 8, échenle cuentas), toma el micrófono y entonces sí, empieza el show. Al pobre sujeto se le traba la lengua, dice incoherencias, se pone a chillar, y finalmente la mamá con cara “te dije que no tomaras Rigoberto, ya nos volviste a poner en vergüenza” le arrebata el micrófono para pasárselo a los padrinos. Chulada. 

El pastelote

Cuenta la leyenda que entre más grandote el pastel, más pudiente y desahogada la vida de la familia de la quinceañera. Porque no importa que esté seco, horrendo y el chantillí sepa a rayos, lo importante es dejar en claro que, una vez más, el tamaño sí importa. Además el color de la cobertura debe hacer juego con el color del vestido, con los moñotes en las sillas y las invitaciones, ¿si no qué chiste?  

Éstas fueron sólo diez razones pero en realidad hay muchas más por las cuales gozamos mucho las fiestas de XV años. Por más que nos queramos hacer los muy muy, todos disfrutamos del rico pachangón y de las delicias que son del pueblo y para el pueblo.

¿O qué nos van a decir que ustedes nacieron en cuna de oro? Mientras reflexionan sobre sus momentos favoritos, les dejamos un hermoso video: los 15 años del Brayan, porque nosotros también tenemos derecho a ese hermoso momento. Adelante con las imágenes.

http://www.youtube.com/watch?v=acV6LL-9zaE

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