Por qué la Hermana Flor rifa y controla

La monja que ilumina MasterChef México

MasterChef México

En MasterChef México hay una monja que se ha ganado nuestros corazones. Estas son algunas de las razones por las que Felisa Juana, mejor conocida como Flor o Florinda se ha convertido en la consentida de la audiencia.

Por sus pechugas celestiales

En uno de los primeros episodios de MasterChef la Madre nos dio una primera cucharada de humor y picardía bautizando a su plato como ‘Pechugas celestiales’. Nosotros no sabemos si las pechugas de la Hermana Flor sean un pase directo al paraíso, pero a juzgar por lo que dijeron los jueces, sí estaban deliciosas. ¿A alguno de nuestros tragones lectores se le antojaron? 

Porque es una PIPOPE 

No, no es lo que están pensando, la Madre Flor es una Pieza Poblana Perfecta. Aunque no nació en Puebla (ella es originaria del Estado de México), ahí es donde está la comunidad de pasionistas a la que ella le dedica su energía, su buena onda y su trabajo. A pesar de que las cámaras están sobre ella y se ha convertido en un fenómeno mediático, sigue levantándose a las cinco de la mañana para hacer sus oraciones y llevar como siempre una vida modesta y hacendosa. 

Porque sus salsas rifan 

Si algo la ha destacado por encima del resto de los concursantes de MasterChef son sus legendarias salsas, que son una verdadera delicia a decir de los jueces. Esta mezcla líquida de ingredientes ha hecho que los chefs Benito, Betty y Adrián la elogien y se quiten el sombrero, sugiriéndole incluso que debería buscar algún inversionista abusado para que las envase y comercialice. Si hay Mole Doña María, ¿por qué no podrían existir unas deliciosas salsas de la Hermana Flor? Serían un hitazo, debería hacer caso. 

Por tramposilla

La Madre Flor estuvo en el centro de la controversia cuando se le hizo fácil tomar una botella del mercado cuando ya había acabado el tiempo establecido para abastecerse de ingredientes. Por esta falta la sancionaron con 3 minutos de penalización al igual que a Alan, quien siguió el ejemplo de la Hermana tramposilla. No conforme con eso, más adelante puso una de sus famosas salsas en el plato fuera de tiempo, lo que provocó que hasta manazo le tocara bajo la promesa de no volverlo a hacer. Para mucha gente esta era una falta imperdonable, pero vaya, es la monja más querida de México después de Sor Juana y qué tanto es tantito. 

Porque compite por una buena causa

Además del título de ganador de la primera generación de MasterChef México, otro gran aliciente que impulsa a los competidores es la remuneración económica. El triunfador se lleva un nada menos que un millón de pesos, que la neta a nadie le caen nada mal. Muchos de los concursantes no revelaron qué es lo que harían con este dinero, pero la Madre Flor fue muy clara desde el principio: lo donaría íntegramente a su convento, mismo que se endeudó fuertemente para construir una escuela. En un país donde hay tanto burro ke ezkrive azi, el comprometerse con la educación de los chamacos es un propósito más que loable. Esta mujer que incluso fue misionera en África, tiene un corazón tan grande como su sazón. 

Porque queremos billetes con su cara

Los jueces en más de una ocasión han bromeado con que el rostro de la Hermana Flor debería estar en los billetes de nuestro país,  cosa que la ha hecho sonreír de forma muy tierna. Lejos de tomar una actitud orgullosa o de sentirse la muy muy, la Madre simplemente se chivea y se hace bolita, como queriendo morder el rebozo. Humildad es lo que le sobra a esta mujer, cosa que a muchos otros concursantes les hace falta, ¿verdad Marlene? 

Porque se levanta por fregona

En numerosas ocasiones la madre ha portado en la cocina de MasterChef el odiado y temido mandil negro. Esto, lejos de achicopalarla, la ha hecho una de las contendientes más fuertes, pues ha aprendido a sortear la adversidad y se ha levantado como un hermoso Fénix (aunque su figura nos recuerde más bien a un tiernísimo pingüino). Esta sí es una mujer luchona y no fregaderas. 

Porque desborda buena onda

 Hay que aceptarlo, muchos de los competidores del reality tienen tantos adeptos como detractores debido a su carácter. A Carmen la llegaron a criticar por pelada y malhablada, de Alan se dice que se hace la víctima y abusa de su papel de pobrecito lavaplatos y qué decir de Marlene, que se ha ganado una horda de haters por su actitud de diva al poner cara de fuchi ante las vísceras. La Madre, por su parte, no le tira mala onda a nadie: está en el concurso con la mejor de las actitudes, sin entrar en conflictos ni tirar malas vibras, siempre echándole la bendición a todos sus compañeritos.

¿A poco no estas son muy buenas razones para amar a la hermana María Florida Ruiz Carpia? Rolen esta nota con otros fans de esta monja que desde la cocina, rifa y controla. 

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