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Gatos de nuestra infancia

De Don Gato y otros felinos

23 de marzo de 2011
Por  Fernando Delmar   

DON GATO

  

Fueron 30 episodios los que lanzaron a esta creación de Hannah Barbera al superestrellato... latinoamericano. No más.

Nunca fue del todo popular en Estados Unidos, pero la genial tropicalización de sus personajes los hicieron un fenómeno monumental en los países de habla hispana: La inteligencia de "The Brain" fue traducida en el personaje de Demóstenes, en honor al gran estadista griego; "Benny" se convirtió en Benito, tan tierno como simpático; "Choo Choo" en un yucatequísimo Cucho y el oficial "Dibble" en el inolvidable Matute.

Los episodios, en general, giraban en torno a la misma idea: Don Gato enfurecía a Matute, lo engañaba y lo hacía quedar como un tonto, mientras el peso de la ley buscaba hacer justicia en contra de todos estos gatos callejeros. Además, había muchísimo jazz en sus episodios. 

SILVESTRE

Ajonjolí de todos los moles de la Warner Bros., Silvestre aparecía como personaje principal, de relleno y/o en espíritu. A veces hablaba (su voz, legendaria, y su saliva), a veces callaba (como en aquella clásica aparición con Porky en el pueblo fantasma), a veces salía con su hijillo (una fotocopia de sí mismo, versión "AAAAAWWWWW") y nunca lograba sus cometidos.

De matar y devorarse a Piolín (el Jerry de esta dimensión del mundo), que a todos nos dieron ganas de estrangular por chocante y cínico, sus búsquedas por alimento pasaron por los peces de un acuario u otras peripecias que vivía acompañando a algún otro personaje.

El felino más idiota de la historia (a éste todo le salía mal por su culpa) nos ha matado tanto de la risa que no podremos olvidarlo nunca.

BOLA DE NIEVE (Los Simpson)

 

Profecías: si los gatos tienen 9 vidas (¿o son 7?) a Bola de Nieve le faltan unas 4 reencarnaciones antes de que acabe la caricatura más famosa de la historia. 

Es el gato de Lisa Simpson, y hablamos en genérico porque, aunque haya cambiado de nombre (y vida) un par de veces (Bola de Nieve I, II, III, IV y V), en nuestros corazones siempre será el mismo.

Callado y siempre periférico (salvo un capítulo más o menos reciente donde aparece como el personaje principal), ha tenido intervenciones discretas pero memorables a lo largo de la serie: escupiendo bolas de pelo, siendo ignorado por la familia, muriendo atropellado, convirtiéndose en el sujeto poético de Lisa, entre otros.

Tuve un gatollamado Snowball
¡Murió! ¡Murió!
Mamá dijo que dormía
¡Mentía! ¡Mentía!
¿Por qué un día a mi gato perdí?
¿Por qué aquel Chrysler no me pilló a mí?

GARFIELD

 

A muchos nos enseñó el increíble valor de la flojera, la inteligencia y el hambre. Pocos seres humanos en la vida sobrevivirían en el mundo sin la promesa de alguna de esas tres cosas.

Creada por Jim Davis en 1978 (primero, como tira cómica), sería la voz de la razón entre Jon Arbuckle (un joven soltero tan ingenuo como enternecedor y "bonachón") y su mudo e idiota perro Odie. 

Su amor por la lasaña, dormir y torturar al dichoso perro siempre se vio eclipsado por la extrañísima pregunta (propia de todo niño, filosófica casi): SI NO ABRE LA BOCA CUANDO HABLA, ¿LO PUEDEN ESCUCHAR LOS DEMÁS? Su hermetismo lo ha hecho un clásico de todos los tiempos felinos.

HELLO KITTY

Hello, Kitty

Una pequeña cartera de vinilo, diseñada por Ikuko Shimizu y lanzada al mercado en 1976, comenzó un emporio comercial que ha lanzado todo tipo de productos, TODO... menos dildos y fertilizantes para cultivar calabaza. O algo así.

La gatita más icónica del mundo ha vestido los estuches más cursis de la primaria, los paraguas más inocentes de Tokio y y las chambritas más cucas de este lado de la Cortina de Hierro.

De los productos llamados suntuarios (de lujo, pues), la marca japonesa ha lanzado vinos, discos compactos, aviones comerciales y cuentas de cheque.

Es como una megacorporación a la Big Brother, pero en cute. Ay.

TOM (DE TOM Y JERRY)

 

De la Metro Golden Meyer (todos recordamos al lión rugiendo en pantalla antes de cada epidosio), pero en realidad  un invento de los mismos William Hanna y Joseph Barbera..., que algo sentían por los gatos.

Tom y Jerry es un clásico infalible para la "caja idiota" de todos los niños y algunos adultos. Jerry maltrataba, humillaba y se burlaba de un pobre Tom que lo único que quería era comer un poco. Quizá sufría de exceso en sus ambiciones. No entendió nada en 7 años.

Si las películas de balazos y persecuciones nos fascinan en edad adulta, así como encontramos en nosotros la debilidad de irnos con el que trae todas las de perder, se las debemos a Tom y a Jerry. Sobretodo al condenado Jerry.

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