Había una vez un señor llamado Sergio Aguirre que era ministro de la Suprema Corte de Justicia. Era uno de los encargados de decidir si las leyes eran constitucionales o no. El señor ministro era panista (no tenemos nada contra ellos, aclaramos) y no le gustaban ni los homosexuales, ni la gente con VIH ni las mujeres que querían abortar. Tampoco le gustaba Andrés Manuel López Obrador.
El señor ministro lo mismo proponía anular la despenalización del aborto en el DF que revisar los amparos de militares que fueron dados de baja del Ejército por padecer Sida, decía que los soldados con esta enfermedad eran "un severo problema bacteriológico".
También desechaba juicios como el que promovió la Asamblea Legislativa del DF para detener el desafuero de Andrés Manuel López Obrador.
Sí, es él. Recuerda su cara...
Un día (estas semanas, de hecho) la Suprema Corte discutió la validez de los matrimonios homosexuales en el DF. Él se opuso. Y después discutió la validez de la adopción de niños por parte de estas parejas. El señor ministro dijo estas joyas sobre ese tema:
Y el señor ministro vivió feliz para siempre gracias al sueldazo que le damos todos con nuestros impuestos.
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