¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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El miércoles 3 de febrero la lluvia seguía cayendo con fuerza: Chalco y El Arenal se inundaban, y la noticia acaparó los medios, que dejaron el caso de Escamilla como mera nota roja. El Instituto México Secundaria estaba vacío. El rumor casi ensordecedor que 1,500 adolescentes producen cualquier otro día no llenaba sus patios y salones. «Esto ya valió madres», dijo uno de los profesores a sus compañeros, mientras caminaban hacia la plática que un tanatólogo les daría para aprender a manejar psicológicamente lo sucedido un día antes. Los pocos alumnos que no se enteraron de la suspensión de clases estaban en el auditorio, esperando a que sus padres los recogieran, viendo una película de Disney.
Mientras tanto, la capilla de la Quinta Soledad estaba llena de estudiantes, padres y religiosos. Pese a las pruebas periciales, el cuerpo de Escamilla estaba arreglado para el funeral; estaban presentes la hermana y la madre del difunto, además de altos directivos maristas. «Pedro hizo lo que tenía que hacer», dijo el párroco frente a 200 personas amontonadas en la casona marista de más de 4,000m2, en el centro de Tlalpan. Para los católicos, el suicidio es un pecado mortal; a pesar de ello, a Escamilla se le enterró de acuerdo con los cánones de la congregación, aun con la investidura de Hermano. «Hasta hace tiempo se consideraba que quien se suicidara no tenía perdón de Dios; ahora dejamos en Sus manos la decisión de perdonar la falta o no. Dios juzga no sólo el suicidio, sino la vida entera», afirma el padre José de Jesús Aguilar, de la Arquidiócesis de México.
Los Maristas no son sacerdotes, aunque sí toman votos. Dedican su vida a la «misión de educar». En México poseen más de 30 colegios, así como misiones, casas de descanso y de formación en 12 estados. De los 3,800 Hermanos que hay en todo el mundo, poco más de 150 están en México, donde la congregación va decayendo; incluso un Hermano que pidió el anonimato, declaró que, para como se ven las cosas, las escuelas maristas serán de laicos dentro de 30 años. En el IMS, uno de los colegios maristas más grandes de la ciudad, sólo hay tres Hermanos en funciones.La congregación ha educado gente como el ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente, los escritores Carlos Fuentes y Jorge Volpi, el tenor Plácido Domingo, el astronauta Rodolfo Neri Vela, y los políticos Porfirio Muñoz Ledo, Carlos Salinas de Gortari y Manuel Bartlett, entre otros.
Las clases en el Instituto México se suspendieron hasta el lunes siguiente. Durante los días sin clases, los foros de internet se llenaron de especulaciones, rumores, acusaciones. En la página de Internet del IMS sólo había un escueto mensaje: «Se ruega a toda la familia del Instituto México Secundaria una oración por el eterno descanso del Hermano Pedro Francisco Escamilla». La escuela estaba sin cabeza y así siguió durante dos semanas, cuando el subdirector Juan Montúfar tomó el cargo de director. El día del regreso a clases, cuatro días después, la recepción del IMS se llenó de padres que exigían explicaciones, gritaban a la recepcionista, pedían hablar con los Hermanos: «¿Cómo que había armas en la escuela?»; «¿Cómo sé que mi hijo está seguro aquí?».
Sus preguntas iban acorde al reglamento escolar que publicó el propio Escamilla: «Se prohíbe de manera estricta el porte de armas de cualquier índole. Está prohibido el porte de encendedores, cerillos o explosivos de cualquier índole. La violación de esta disposición es causa de retiro definitivo del(a) alumn@». La respuesta de la dirección del IMS a los padres fue a través de un memorándum que estuvo varios meses pegado en la mayoría de las ventanas de las oficinas del colegio. En él se señala que lo sucedido fue un «trágico accidente» y pide a la comunidad «unión y tranquilidad». Asegura que sus hijos están seguros y que fue un hecho aislado.
Sin embargo, las versiones se esparcían entre padres de familia y alumnos. La que especulaba que Escamilla había sido asesinado crecía. Otra señalaba que el arma había sido hallada en su mano izquierda, mientras que la bala había entrado por el lado derecho del cráneo. En las teorías esparcidas por foros de internet, facebook, salones de clase y casas, había más de 10 posibles autores del supuesto fraude y, por ende, posibles asesinos.
Otros culpaban al gobierno del DF por el incidente. En enero de 2010 el GDF había embargado una de las cuentas del colegio por negarse a participar en el Programa de Transporte Escolar Obligatorio que este había decretado. El IMS era uno de los colegios seleccionados para empezar el programa que entró en marcha en julio de 2009, que obliga a las escuelas con más de 1,240 alumnos y que ocasionan «caos vial» a contratar autobuses para transportar a sus alumnos. El IMS se negó a acatar la resolución por considerarla un cargo excesivo a los padres. En octubre de 2009 recibió una multa por $551,228, que no pagó, y su cuenta fue retenida. La Arquidiócesis Católica, en su semanario Desde la Fe del 18 de febrero, tocó el tema. Calificó el suicidio como «inexplicable» y agregó: «él no aceptó la imposición del transporte gratuito para las escuelas y su valiosa vida terminó fatalmente». También exigió a Ebrard «trabajar seriamente en combatir la delincuencia» .
La secretaria de Medio Ambiente capitalina, Martha Delgado, hizo declaraciones al día siguiente: descartó que el suicidio de Escamilla tuviera como motivo la multa. Pero dijo que «sí tiene que ver con un problema en la administración de los recursos del colegio».
Las dudas sobre el suicidio de Escamilla las despejó el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera: «No tenemos ya ninguna duda de que efectivamente se trató de un accionar de arma de fuego por parte de él (Escamilla), las pruebas periciales salen positivas y tenemos un mensaje póstumo. Los estudios de grafoscopía establecieron que la carta encontrada junto a su cuerpo fue escrita por él». Despejó una interrogante, pero dejó abierta otra: «Ya abrimos una averiguación previa por el supuesto fraude. No hubo denuncia, pero como hay una acusación directa en la carta, se abrió de oficio».
Hasta hoy, son pocos los miembros de la comunidad marista que hablan al respecto. La orden que los Maristas dieron a los Hermanos, maestros y empleados fue guardar silencio. «Tengo voto de obediencia y me ordenaron no hablar», fue la respuesta más común que dieron los Maristas a los que se le solicitó una entrevista. Se negaron a entregar una postura oficial sobre el suicidio y el presunto fraude. «Muchas gracias por la invitación a la entrevista pero nosotros no tendríamos respuestas a tus preguntas y la institución no se ve beneficiada, ni algo parecido, con lo que se pueda opinar respecto al tema», señalaron en un mail. Quienes hablaron lo hicieron anteponiendo el anonimato. Pero hubo uno, Víctor Ortega Campos, director del Colegio México Primaria de Orizaba, que habló sobre el tema del fraude: «Nos hacen auditorías cada seis meses, sería imposible que eso sucediera y no se dieran cuenta, incluso (la Secretaría de) Hacienda lo habría notado. Hay que hacerle caso al vox pópuli: En ninguna de las instituciones maristas se dio un fraude. Además, por un fraude de tal tamaño, si lo hubiera, no se suicida nadie, ese supuesto fraude se paga con la colegiatura de un mes del IMS -1,500 alumnos que pagan 4,300 pesos cada mes.»
El 8 de febrero los alumnos volvieron a clases preguntando a cada profesor, en cada materia, qué había pasado. Nadie tenía respuestas. Hacia dentro de la congregación, el tema quedó zanjado: la preocupación no era, al menos a la vista pública, el supuesto fraude, y el suicidio se asumió con la respuesta final del caso. La carta póstuma de Escamilla nunca salió a la luz, ni se reveló el nombre de la persona a la que acusaba del fraude, ni se indagó sobre los motivos de Escamilla para suicidarse.
A los Hermanos les preocupaba más que el 14 de febrero estaba cerca, y discutían sobre la conveniencia de celebrarlo. Para algunos era irrespetuoso, para otros era agregar más conflicto a los alumnos. Al final se autorizó su realización: como despedida, todos los alumnos le escribieran una carta a Escamilla. Después las quemaron en el patio de la escuela.
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