Belleza Chilanga
Febrero 2012
No. 99
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C?sar Moreno
A plena luz del día, a las afueras de Antara y con personas alrededor, José disparó la pistola de su papá.
Reportaje publicado en el No. 78 Año 7 revista Chilango.
En la Iglesia de San José de las Palmas, 60 almas escuchan el sermón del sacerdote con la cabeza baja: «del corazón de los hombres provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los homicidios…» Un enorme Cristo de concreto, incrustado en el muro detrás del altar, observa desde las alturas a los asistentes, casi todos vestidos de negro.
La misa es para pedir por el descanso de Manuel Seade tras su sorpresiva muerte. En las primeras dos filas, su padre y tres de sus cuatro hermanos oran con los ojos cerrados. Hace menos de tres años la familia estuvo en esta misma iglesia, aún con Manuel entre ellos, rezando tras la muerte de Patricia, su madre. Esta vez es distinto: además de Manuel, falta otro de los hijos Seade, José Francisco, por cuya ausencia nadie se atreve a preguntar.
Porque mientras su familia reza en Lomas de Chapultepec, José Francisco está encerrado en una celda del Reclusorio Oriente. Lo acusan de haber matado a Manuel. A su propio hermano.
«No es él, él es su hermano»
Ese 10 de enero, los Cuervos de Baltimore aplastaban a los Patriotas de Nueva Inglaterra en Massachusetts. A miles de kilómetros, en Tecamachalco, los hombres de la familia Seade veían el juego, pero los playoffs del deporte que los apasionaba eran el pretexto para un insólito encuentro familiar: como pocas veces, Sergio Seade tenía a sus tres hijos en casa.
A todos sorprendió que fuera José, el menor y el único que aún vivía con su padre, quien los convocara a la reunión. No era muy afecto a la familia y prefería estar solo en su cuarto o fuera de casa. Llamó a Sergio, el mayor, que ya era casado y con hijos, y luego a Manuel, que acababa de mudarse en septiembre pasado a un departamento en Polanco, para invitarlos a comer y ver el partido. Manuel ya tenía planes pero, sorprendido de que fuera José quien lo invitara, aceptó. Mientras la pantalla plana proyectaba el juego, Manuel contaba cómo estaba amueblando su nuevo departamento, lo contento que estaba ahí. José preguntaba con interés qué muebles pensaba comprar, le daba recomendaciones, sonreía.
Esa tarde los Cuervos ganaron. En la pantalla los de Baltimore festejaban cuando Manuel se levantó del sillón. Los Empacadores de Green Bay y los Cardenales de Arizona estaban por jugar otro partido, pero él dijo que debía irse, «a Polanco, a ver a unos amigos». De inmediato, José le pidió aventón. Subió a su habitación por sus cosas, y en menos de cinco minutos ya estaban despidiéndose de su padre y de su hermano Sergio. Abordaron el Mercedes Benz 2009 gris de Manuel, José tomó el lugar del copiloto, y juntos enfilaron hacia el centro comercial Antara, donde Manuel recogería a sus amigos. Eran poco más de las 5:15pm. «Voy al Ángel (de la Independencia) a ver a mi novia, así que me queda perfecto», había dicho José. Nadie sabía de la existencia de esa novia. Aún hoy, ni familia ni amigos tienen referencia de ella.
Treinta minutos después, el Mercedes estaba en la esquina de Ejército Nacional y Molière, frente a Antara. Manuel acababa de hablar con uno de sus amigos: «ya salgan. Estoy llegando, vengo con José». El hermano menor esperó a que el auto se detuviera para disparar: no quería lastimarse por bajar del coche en movimiento, o arriesgarse a que se estrellara. La luz verde prendía en el semáforo cuando dos disparos resonaron en la calle llena de gente.
Bajó del auto. Una chica gritó en cuanto lo vio con la .9 milímetros en la mano. Le apuntó con el arma mientras ella lloraba y agitaba las manos; guardó la pistola en el bolsillo y corrió cuatro cuadras. En la esquina de Sócrates y Horacio, José forcejeó con dos policías, pero no sacó la pistola. Lo sometieron.
Afuera de Antara, la chica estaba en crisis nerviosa, la gente se arremolinaba alrededor del Mercedes. Un amigo de Manuel salió de la plaza, listo para seguir con el plan del domingo, cuando vio el auto. Se acercó y empujó a los curiosos: fue el primero en ver a Manuel sin vida. Minutos después la zona estaba resguardada por policías. Una patrulla se estacionó cerca del auto gris, y un policía dijo al amigo de Manuel que quien iba en el asiento trasero de la patrulla, con la mirada perdida, era el asesino. «Él no puede ser: él es su hermano».
En la casa de Tecamachalco, Arizona peleaba con Green Bay. El teléfono del padre de los Seade timbró. Contestó, y la voz del amigo de Manuel se escuchó al otro lado de la línea.
El viaje pospuesto
Nació con los apellidos Aranda Gutiérrez, pero eso cambió cuando cumplió
un año y medio: “Manuel Seade Gutiérrez”, decía su nueva acta. A los
seis meses de vida, el pequeño había quedado huérfano de padre, a causa
del cáncer. Pero su madre, Patricia Gutiérrez, se casó un año después
con Sergio Seade Kuri, quien desde el principio quiso a Manuel como hijo
propio y lo adoptó sin dudarlo. El hombre, que tenía dos hijos de 10 y
12 años de un matrimonio anterior, lo hizo parte de su familia, en la
que tres años después nacería José, y después Paty.
Manuel hizo desde la primaria del Instituto Cumbres amistades que
conservaría toda la vida. Creció para convertirse en el núcleo en el
cual gravitaban al menos cuatro círculos de amistades: carismático, de
sonrisa fácil, buen amigo. Manuel organizaba viajes, idas al antro,
reuniones. En fiestas, personas que no se conocían encontraban que lo
único que tenían en común era que lo conocían a él, que eran amigos
de
“Bubu”. En su familia era el único de los cinco hermanos que se llevaba
bien con todos. O lo intentaba al menos.
Las secciones de sociales de los periódicos lo tenían entre sus
preferidos. Deseos de divertirse y pasarla de lo mejor tuvo Hanna Funes
al llegar a sus ‘nuevos veintes’, como llamó a su fiesta de cumpleaños.
Su amigo del alma, Manuel Seade, le organizó una memorable fiesta en su
casa de Tecamachalco, a la que acudió más de un centenar de amigos.
Entre música pop, originales drinks, gelatinas de ‘perlas negras’ y los
famosos ‘jochos del galán’, transcurrió el festejo hasta casi el
amanecer, dice una nota de El Universal del 6 de marzo de 2009. Como
esa, hay decenas en otros periódicos que lo mencionan como invitado a
inauguraciones de antros y restaurantes, galerías, comidas, fiestas,
viajes. Las mujeres notaban su carácter extrovertido, su sentido del
humor. Carla Gómez, conductora del canal Telehit, fue su novia durante
más de dos años.
Hablaba con cada uno de sus amigos más cercanos hasta cinco veces al
día. «Con Manuel no te daba pena contar una pendejada: sabías que al
contárselo él se reiría de tal forma contigo, que pasaría de ser un oso a
tu mejor momento del día», platica uno de sus amigos. Aunque hablaron
con Chilango, todos pidieron que sus nombres no fueran publicados.
Estudió Leyes en la Universidad Panamericana y se graduó con buen
promedio. En agosto de 2003, después de titularse, organizó una
recepción en la terraza del hotel Hábita con más de 100 invitados. Meses
después, se fue a la Universidad de Northwestern en Chicago, a hacer
una maestría. A su regreso ingresó al área jurídica de la empresa
Siemens. Los ascensos que el “Gorducho” recibía cada año sorprendían a
todos. A finales de 2009 llegó la noticia que había esperado durante
meses: a menos de cuatro años de haber ingresado a la compañía, lo
nombrarían subdirector del área jurídica. Antes tendría que permanecer
un año en capacitación en las oficinas de Siemens del país que él
quisiera. Su primera opción era Alemania, aunque aún no lo había
decidido.
Con una carrera exitosa, un sueldo alto, su primer departamento de
soltero, amigos a raudales y una familia que lo quería, la vida de
Manuel a sus 31 años parecía perfecta. Antes de partir hacia su
capacitación, iría en los primeros meses de 2010 a Perú con sus amigos.
Pero el primer viaje del año sería a Acapulco, un fin de semana, sólo
para relajarse. Todo estaba planeado para que el grupo estuviera en la
playa del 8 al 10 de enero. Manuel organizó y también deshizo el plan:
«ese fin regresan los niños de vacaciones. La carretera va a estar
imposible», dijo a sus amigos. El viaje se pospuso.
El 10 de enero todos los planes de Manuel se pospondrían para siempre.
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