¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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¿Por qué era tan genial?
Las pecositas eran ese extraño dulce en forma de bolita que se vendía en un tubo de plástico enorme. El truco residía en hacerle un doblez para que se cortara limpiamente y pudiéramos echarnos todo el tubo de jalón a la boca. Lo asqueroso venía cuando chupabas la punta y se hacía una pasta viscosa que NADIE se quería comer.
¿Cuál es nuestra versión adulta?
Nuestras pecositas para los nervios, el estrés, la mala visión y las neurosis. O sea, pastillitas de a montón.
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