NO VOY A PERDER MI TIEMPO

Abarca: El dueño de todas

Abarca aportó a Sabrina y Liz Vega al Big Brother VIP. Uno de los habitantes de la casa era el productor Juan Osorio, con el que el ex futbolista hizo química. Ahora se reúnen en familia, van a tomarse unos tragos y afianzan un vínculo empresarial que ya supera los cinco años. «Tenemos contratos en sociedad», reconoce Osorio.

  Como su socio, Abarca tiene fama de duro. La venezolana Dubraska, una de sus chicas, ganó el Miss Table-Dance 2004 realizado por la emisión Otro Rollo. Aprovechó la joven fama de la mulata para hacerla parte del trío Las Chicas Seducción. Pero Dubraska decidió vender el show sin la intervención de Abarca, a quien acusó de “padrote” en Tv y Novelas. «Yo respondí —recuerda él—que si había ganado el Miss Table-Dance no era por santa. Donde antes trabajaba no daban agua de horchata: ella era una teibolera.»

  Días después de entrevistarlo, me topé en una exposición fotográfica de Carlos Latapí a otra “chica Abarca”, Ivonne Soto, rubia de La Hora Pico.

  —¿Podría robarte dos minutos?

  —Claro.

  —Estoy haciendo un reportaje sobre Rubén Abarca y quisiera…

  —No se merece que pierda mi tiempo hablando de él.

  Dio la media vuelta y se fue, sin decir palabra.

UN CABRÓN

  «Por años fui un cabrón», admite Rubén. Hoy está casado con Nallehlly Rivas, su asistente, espectacular ex edecán de piel blanca y cuerpo de mulata, con quien tiene a Marlone, un niño de seis años. «Por ella dejé de mezclar trabajo y placer. Desde hace 13 años vivo para mi familia.»

  —¿SÍ?

  —No soy un pan de Dios. Le he puesto el cuerno cinco veces.

  —…

  —Pero no me ha cachado.

  —Tengo la grabadora prendida.

  —Chale, ya se enteró.

  —Has sido infiel…

  —Sólo por instinto.

  —¿Amas a tu mujer?

  —La adoro.

  —¿Cómo es?

  —Tiene un cuerpazo —dice mordiendo su labio inferior y cerrando los ojos.

  —¿Cómo vive tu trabajo?

  —Al inicio se enojaba porque llegaba con maquillaje en la ropa, pero le decía la verdad: «Mi vida, un mecánico llega a casa con las manos con grasa. Yo trabajo con mujeres.» Ahora confía en mí.

  En el inventario humano de Abarca hay mujeres que no respetan su matrimonio, esposas leales, madres solteras; algunas de día son secretarias, ortodoncistas y hasta químicas; de noche, reinas de la pista. «Las mujeres son astutas —dice—. Envuelven a los hombres y son infieles. Las oigo hablar de cómo nos usan. Se ríen de nosotros: en la cama nos sentimos tigres y para ellas somos unos tontos.»

  —¿Qué tanto las conoces?

  —¡Uy! Aguanto cuando se enojan con el novio, cuando suben de peso, cuando una me dice que compró juguetes sexuales por estar insatisfecha, cuando una se embaraza, cuando piensan abortar. Me gané su confianza.

  —¿Se te ofrecen?

  —Algunas, pero negocios son negocios. Así no consiguen nada.