Maloras

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VÍARuy Feben


Imagínate que eres un hippie. Hippie, hippie, así. Bueno, y
también medio ñoño. OK. Eres noruego y, como buen nórdico, crees que el mundo sin
nieve es un lugar feliz. Es más: te encanta México. Haz vivido buena temporadas
en la costa nayarita, y hasta tienes ahí un estudio de grabación. Haces música
para gente feliz. Y un día te invitan a tocar en el DF. A un antro chafita,
pero bueh: a tocar. En México. Obviamente, accedes: ¿cómo te ibas a imaginar
que esa noche un pinche lacra te iba a volar las gafas?

 

 

Tal vez eres demasiado hippie.

 

Qué oso. El buen Erlend Oye nos quiere bien, y alguien tuvo
la elegante idea de apañarle los lentes. Chale. Además, el pobre no ve nada sin
ellos. Vaya, es nerd, y, como buen nerd, ciego. Chale. Hasta hay video. Lo peor
de todo es que el prángana que se voló las gafas tuvo los tanates de venderlas
en Mercado Libre. Chale. Por el momento, nos olvidamos de Erlend para siempre.
Por culeros. Y nos lo merecemos: la próxima vez, todos se burlarían de él y
empezarían a hacer chistes obvios. Qué bueno que nosotros no somos así.