Lo que callamos los maestros

Las peores cosas de un salón de clases

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A los maestros de primaria hay que levantarles un monumento en cada colonia: son las únicas personas que pueden soportar una horda de chamacos durante 5 horas mientras las mamás se quedan a ver las noticias matutinas. De los maestros de secundaria y prepa ni hablemos: un salón lleno de adolescentes es para darle migraña a cualquiera.  

Por otro lado, todos sabemos que la manera en la que los maestros ponen orden ha cambiado muchísimo en pocos años: un reglazo en la mano era común en los tiempos de los abuelos, pero hoy serían acusados de maltrato físico y daño a la nación.

Preguntamos a varios profes qué era lo peor a lo que se habían enfrentado y, aunque no pondremos sus nombres para que no les hagan bullying, nos dijeron la neta ¡Felicidades a los maestros en su día! 

– “Lo peor es llegar desvelado a clase. Para no trabajar mucho los pones a resolver problemas pero eso es aburridísimo: un día me comenzó a ganar el sueño y de repente di el cabezazo. Todos estaban viéndome y ahí perdi su respeto para todo el curso. Fue horrible”. 

– “Yo tengo una anécdota muy fea: era maestra de secundaria cuando me embaracé. Estaba en mis primeras semanas y de repente sentí la necesidad de vomitar… pero pues no llegué. Ni siquiera alcancé a salir del salón de clases y salpiqué a una alumna. Me disculpé mucho pero a partir de ahí se volvió una leyenda urbana en la escuela”.

– “Hay chicas bien lanzadas: no sé si porque ahora todas las adolescentes son así o sólo tratan de ponernos en problemas. Se ponen falda corta, se sientan al frente. Hay que tener mucho cuidado porque cualquier cosa que hagas o digas se puede tomar como insinuación y luego nos acusan: entre maestros platicamos de eso y la verdad es que sí nos da susto”. 

– “A veces los alumnos sacan el celular para grabar la clase. Al principio estaba un poco renuente, pero supongo que les ayuda para repasar. Pero un día estaba subiendo a una pequeña plataforma que tenemos y me tropecé. Caí como res y de la peor manera posible, aventando todo para todos lados ¿Que pasó? Obvio: lo subieron a YouTube”. 

– “Ni modo que no tenga Facebook, todos lo tienen. Hay que ser bien cuidadosos en no agregar alumnos, hay que cuidar la privacidad de las fotos y pensar muy bien lo que uno pone, porque de ahí se agarran para bullearte. Creo que es una de las profesiones más difíciles en el sentido de las redes sociales, uno se siente como político juzgado a los ojos de los demás. O de plano abrir una cuenta en la que no aparezca ni tu nombre”. 

– “Hay buenos grupos y hay otros que son malísimos: lo peor es cuando hay un alumno que es el revoltoso y guía a los demás a la rebelión. Cuando los maestros nos juntamos siempre platicamos cómo nos fue con ese alumno y entre todos hacemos tácticas para separarlo de los demás. Con esos no sirven ni los castigos, ni bajarles puntos, ni suspenderlos, parece que les vale la escuela”.

– “Un día tuve a una alumna con un nombre rarísimo: siempre me equivocaba cuando tomaba lista. Un día me llamaron de la dirección porque fue su mamá a quejarse de que le estaba haciendo maltrato psicológico a su hija al no referirme a ella como se debe. Pero juro que era algo así como Roxinche López ¡para qué le ponen esos nombres!”.

¿Eres maestro chilango? ¡Cuéntanos tu peor anécdota!