Las cuentas chuecas de Gaby

Lo que dejó después de su gestión

Javier Caballero

«Siento mucho que seas tú, porque no voy a
tener tiempo de explicarte nada», le dijo Gabriela Cuevas a Alfredo
Vinalay
, al
saber que él se quedaría a cargo de la delegación Miguel Hidalgo
mientras ella
se postulaba para diputada federal por el décimo distrito. Vinalay
aún recuerda
esa frase, y también el primer día de su interinato
: en la oficina
del
Delegado, que ahora era suya, había papeles desordenados, como
olvidados. Nadie
le dio el «libro blanco» con el estado de la administración. Ni llaves
de la
oficina.

La mañana del 3 de
abril de 2009 Vinalay fue nombrado delegado de Miguel Hidalgo de forma
abrupta.

Marcelo Ebrard lo propuso para que la Asamblea Legislativa lo nombrara
interino, pero las razones no eran claras. Por cuestiones políticas,
el
interinato debía asumirlo alguien del mismo partido que Cuevas, pero
Vinalay no
era el nombre lógico
: era asambleísta por un distrito de la
delegación Benito
Juárez y había trabajado en el Consejo Asesor de Desarrollo Urbano y
Vivienda,
y en la Comisión de Medio Ambiente. Su mayor cargo ejecutivo había sido
como
secretario particular de Vicente Fox.
Aunque panista, no había tenido
mayor
relación con la Miguel Hidalgo. Los sucesores de Cuevas, por ley, eran
el
director jurídico y de gobierno, Pablo Reyes Reyes, o el coordinador de
participación ciudadana y gestión social, José Luis Legaspi Balderas
.
Pero las
cartas de renuncia de ambos sobresalían en el escritorio, junto con las
de
decenas de otros funcionarios.

Vinalay sabía que
heredaba una delegación con problemas de toda índole. Sólo en su primer
día de
gestión aparecieron en nómina 40 funcionarios que un día antes no
estaban ahí.
Debía reportar anomalías como esa en los 30 días siguientes a su
ingreso, para
que no se cargaran a su administración
. Además, en julio habría
elecciones y
debía garantizar transparencia. Así que tomó su primera decisión: «Me
hice
acompañar de la Contraloría todo el tiempo»
, recuerda Vinalay. Su
sorpresa fue
mayúscula al enterarse de las verdaderas dimensiones de la problemática:
la
auditoría que la Contraloría solicitó a la empresa TAO y Asociados
detectó
1,081 «deficiencias y observaciones» heredadas de la gestión de Cuevas
.
Algunas
de ellas: 44 autos dados de baja y a los que aún se les pagaba seguro;
11
inmuebles no reportados al patrimonio delegacional; sobreejercicio por
68 mdp
en obras y desarrollo urbano durante 2009; 35 mil pares de zapatos (de
55 mil
adquiridos) no entregados en centros de desarrollo infantil. Y la lista
continuaba.


Vinalay tenía sólo
cinco meses para rendir cuentas a una delegación con casi 194 mil
viviendas en
las que habitan cerca de 400 mil personas
, entre ellas el Presidente,
algunos
de los millonarios más prominentes del país y el hombre más rico del
orbe,
concentrados en tres colonias: Polanco, Las Lomas y Bosques.


Vinalay
sabía que
había una prioridad: los 12 deprimidos viales para conectar Polanco con
la zona
de Lomas de Chapultepec y Bosques de las Lomas
, problema que los vecinos
le
recordaron desde el primer momento. «Jueces habían obligado a la
delegación a
no acercarse, a no mover la obra de Ejército Nacional. Había también
peritajes
de la Secretaría de Protección Civil, determinaciones de la Secretaría
del
Medio Ambiente, de la Procuraduría Ambiental, de Pemex, de Telmex, de
empresas
cableras, y, en aquel entonces, de LyFC.

A la obra le faltaban toda
clase de
estudios y proyecciones, pero sí contaba con autorización del Gobierno
Central
y de la ex delegada.
«Yo estaba obligado a no continuar (con la
construcción)
por la determinación de jueces, porque había demandas hacia la
delegación y la
delegación también tenía demandados a algunos vecinos
(…) Además, si
continuaba
con los trabajos abiertos, día con día se iba incrementando el monto que
la
empresa Desarrollo Urbano Integral estaba cobrando por las bodegas y el
personal que resguardaba el material», explica Vinalay. Para agosto de
2009,
esos gastos extra generados por la construcción se elevaban a entre 8 y
10 mdp.
Peor aún: a la constructora se le había entregado un anticipo de
alrededor de
40 mdp que ahora no aparecían por ningún lado.