LÁGRIMAS SECAS

El Señor Viento

Los aprehendidos con destino al Reclusorio Sur llegan en patrulla, bajan y entran a pie. Bejarano entró a la zona de aduanas en su Ford Windstar negra y, pese a que no era día de visitas, su esposa lo acompañó.
La Crónica reveló el encierro del profesor: tenía tres celdas alfombradas e interconectadas, antes usadas por el narco Gilberto Garza. Una era un dormitorio con cama matrimonial; otra, un baño con ducha eléctrica y la otra el comedor. Poseía una TV de plasma de 21 pulgadas con cable, celular, DVD, equipo de sonido, microondas y refri. Tres custodios impedían a la gente acercarse. Recibía gente en la celda y usaba pants en vez de prendas beige.  
Además —según directivos de la cárcel que entonces laboraban ahí, entrevistados por Chilango— Bejarano entraba a la oficina del director del penal, Ricardo Buzoianu, para usar su teléfono.
Ante el impacto de aquella nota, la opinión pública apuntó a Buzoianu, que renunció en enero de 2005.
Pero quizá no fue de él toda la culpa: Martí Batres, el joven al que Bejarano prohijó en los 80, fungía como subsecretario de Gobierno, es decir, era la cabeza del órgano que en ese momento dirigía las prisiones capitalinas, una de las cuales ocupaba su “padrino”.
«Nunca dejó de hacer política —dice el diputado Vargas—. Desde la celda se comunicaba con líderes, delegados, diputados. Como muchos, traté asuntos políticos en su celda.» Lo visitaban para pedirle aprobación Agustín Guerrero, Laura Velázquez, la directora del Instituto de la Mujer del DF Rosa Márquez, el secretario de Transportes Francisco Garduño y el diputado René Arce.
En sus ratos libres, Bejarano escribía y leía expedientes, libros de política y otros de derecho, con los que buscaba fortalecer su defensa. Pero había algo más, una actividad íntima lo desprendía del poder y la intriga:

Las rejas frías
dunas cercas de acero
helados travesaños
inconmovible valladar
tubos por doquier
barrotes grises, grises
cargados de polvo
y de lágrimas secas.

El profesor escribía poesía. Algunas piezas —como la anterior, a la que denominó “La cárcel”— forman parte de la edición 1006 de Hábitat, gaceta literaria de los reos del reclusorio. Al quedar libre dio forma con esos versos escritos en prisión a un libro inédito, Cautiverio, de 185 cuartillas, dividido en 19 grandes poemas sobre su experiencia tras las rejas.
Para hacer labores comunitarias, Bejarano apoyó a los presos que estudiaban primaria y secundaria. Pero quería retribuir de otro modo a la población de la cárcel. Por eso, según directivos de esa penitenciaría, el político pidió un favor a la dirección en marzo de 2005: permitir la realización de un jaripeo y una lidia, que suponían el ingreso a prisión de cuatro caballos y varias vaquillas. La dirección aceptó.
Los animales se internaron en el pueblo xochimilca de San Mateo Xalpa y entraron a la cárcel. A un costado de la cancha de futbol, Bejarano observó gozoso el show que sufragó de su bolsillo y que, según la Asociación Nacional de Charros, debió costar unos 60 mil pesos.
El espectáculo lo apreciaron centenares de los 6,800 internos del penal y sus familias, que abarrotaron unas gradas de metal. El profesor, dadivoso con su pueblo, se integró a la multitud como cualquier preso, a los que les regaló horas de diversión.
Cuando se corrió la voz de que el espectáculo lo pagó el político, los reclusos gritaron: «¡Be-ja-rano, Be-ja-rano!» Desde entonces lo llamaron “Tío Bejarano”. Si antes era respetado, ahora le profesaban cariño.

QUÉ HACERLE
Salió de prisión el 6 de julio de 2005, tras ocho meses recluido. Lo esperaban una nube de reporteros y 30 seguidores, familia incluida. En casa, junto a personajes como la actriz María Rojo y el ex legislador Alejandro Sánchez Camacho, celebró con agua de naranja, molletes y pastel. Un mariachi irrumpió con “El son de la negra”.
En las semanas siguientes declaró que dejaría la política para dedicarse a su familia, pero a los 15 días ya se reunía con su movimiento, Izquierda Democrática Nacional, en una fiesta que, si bien celebraba su liberación, tenía carácter político.
«Bejarano es un personaje dual —dice Jesús Zambrano, líder de NI—: al ser exonerado ha podido salir a la luz pública, pero aún es terriblemente controvertido. La opinión pública no lo perdona: es responsable (de corrupción) y parte de las cargas negativas del PRD.»
—Para no ser miembro del PRD tiene mucho juego ahí —digo a Zambrano.
—Tiene mucho peso en el PRD-DF y en el Consejo Nacional, y presencia en varios estados. Sí, está en el PRD aunque no sea miembro.
—¿Cómo sobrellevan eso?
—Es lo único que te queda, porque aunque no quieras ahí está, en el partido, sin nada que hacerle.
Apenas abandonar la cárcel, Bejarano contó a sus allegados que modificaría su estrategia política, que la gente no lo iba a perdonar, pero que eso no le importaba en ese momento. «Mi estrategia se llama “viento” —les dijo—, escúchenla bien. Así vamos a ser nosotros de ahora en adelante: como el viento, que no se ve pero se siente.»

 

Y FINALMENTE LLAMÓ

El 21 de mayo, al cierre de esta edición, Bejarano llamó a Chilango minutos después de cortar otra llamada en la que el reportero le pidió contestar dos preguntas.
Bejarano: Te andaba buscando.
Reportero: Sí, se cortó hace ratito.
B: Ando una reunión en Tecate, Baja California.
R: Seguimos interesados en la entrevista y…
B: Son sólo dos preguntas, ¿no?
R: Son más, pero…
B: A ver, dime rápido.
R: ¿A qué aspira como político?
B: Reivindicarme: en esa palabra sintetizo todo.
R: ¿Aspira de nuevo a un puesto público?
B: No, no, para nada.
R: ¿Reivindicarse con quién?
B: Con la gente.
R: ¿Aún siente el rechazo de la gente?
B: Son dos preguntas, nada más. ¿Cuál es la siguiente?
R: ¿Aún ve a AMLO y Ebrard?
B: Hay una coincidencia, pero no hay relación.
R: ¿Van por el mismo camino?
B: De mi parte, sí. Con ambos.
R: ¿Ellos coinciden con usted?
B: Por ellos no puedo hablar. Te dejo, debo regresar a mi reunión y ya me tardé. Gracias.
R: Oiga…
B: Te mando un abrazo.

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