El Mundial de Neza: del pasto falso a la visita de Rod Stewart

La Copa 1986 a través de los ojos de Germán Aréchiga

Capítulo I

Germán es uno de esos personajes privilegiados que hace 28 años vivió la euforia del Mundial México 1986; estuvo tan cerca que vio con sus ojos a Rod Stewart y se sabe los trucos que el comité organizador de la subsede en Neza aplicó para pimpear la zona aledaña al estadio.

Las artimañas para esconder la miseria

Unos meses antes de que arrancara la Copa, Aréchiga, ahora cronista oficial del municipio mexiquense, a sus 22 años regresó del ‘sueño americano’ para integrarse al grupo de chavos que se encargaría de ‘arreglar’ la avenida Lázaro Cárdenas para el gran evento.

Para empezar renombraron el estadio como Neza 86 -inaugurado en 1981 y llamado inicialmente José López Portillo-, después el comité de la subsede comandado por Rafael Lebrija pidió al presidente municipal José Lucio Ramírez Ornelas que le echara una manita para ocultar la miseria que emanaba de las zonas cercanas.

Germán recuerda que mandaron construir una barda con arcos bien pintadita de blanco delante de todas las casas que estaban frente al estadio para que no se viera la pobreza ni “el tabique, ni a los niños encuerados jugando”, luego “nos dieron unos costales de aserrín verde y había que ponerlo encima de la tierra para que pareciera pasto; para entonces la foto se veía bastante decente”.

El Grupo de los feos

México se aventó a organizar su segundo Mundial -fue el primer país en lograr esta hazaña- después de que Colombia se echó para atrás en 1983, sólo tres años antes de la inauguración y con un terremoto a cuestas, así que todos los recursos para lograrlo eran bienvenidos, hasta el ‘apoyo’ de Neza.

Y no es que el municipio haya pedido participar, más bien servía a la perfección para ser la sede de uno de los grupos menos atractivos de esa Copa, el E de Dinamarca, Escocia, Uruguay y la República Federal de Alemania, aunque esta última selección jugó todos sus partidos en Querétaro.

“Los juegos no eran de mucho jale. Vinieron tres selecciones y ninguna era particularmente atractiva para la gente, entonces el Neza no se llenaba, así que cuando acababa el primer tiempo, abrían las puertas y dejaban pasar a los chamacos, a las señoras que ni en cuenta con el Mundial pero les era atractivo entrar a ver qué estaba pasando”, cuenta Germán mientras recuerda que en el municipio la gente no mostraba gran interés en el torneo.

Rod Stewart y Diego Maradona ¡en Neza!

Si en 1986 las cámaras y los celulares hubieran abundado como ahora, seguro tendríamos las fotografías que Rod Stewart se tomó con los aficionados en Neza. El rockstar de nacionalidad escocesa no se iba a perder la actuación de su selección en el Mundial, así que le cayó al Edo. Mex.

Lo que recuerda Germán es que el cantante llegó con su staff en una camioneta blanca con las banderas de Escocia pintadas en las puertas y bajó de ella para ver desde un palco del estadio, el partido de su equipo contra Uruguay (0-0). Fue un domingo 13 de junio a las 12 del día.

“Me tocó ver cuando baja de una camioneta. Al palco metió unas cajas con botellas de whisky así que los escoceses se acercaban y él les regalaba una playera de Escocia y una botella de Old Parr. 

“De ahí se desprende una historia que me platicó un amigo: Rod quería probar el tequila y le dio dinero para que lo fuera a comprar. Mi amigo regresó al palco con todo y limones. Stewart sobrevivió al primer tiempo con su Sauza Hornitos pero al terminar el partido, ya se le notaba lo borracho”.

Pero no fue la única figura que pisó el municipio, también lo hizo Diego Maradona para el Dinamarca-Uruguay (6-1), quien llegó con un grupo de personas y fue recibido por Jorge Eleazar García Martínez, miembro del comité organizador. 

“Prohibido quedarse”

Aréchiga recuerda que para los nezatlenses el torneo prácticamente pasó de noche. A nadie le importaba quiénes jugaban o cómo quedaban los partidos. Lo que sí los asombró fue ver a tanto extranjero que no encajaba en el entorno.

“Llamaba la atención ver a muchos y más si los veías pintados de la cara, con los uniformes, y los oías hablando en un lenguaje que nadie entendía. Llegaban en camiones por la Calzada Zaragoza, tomaban López Mateos y 4ta Avenida hasta el estadio. Sobre la 4ta mucha gente sacaba sus sillas para ver a los güeros gritando ‘México, México’. Los niños cerca del estadio los tocaban para saber si eran de verdad”, me dice.

El espectáculo seguía cuando terminaban los partidos -después de las 6 de la tarde- y los daneses y escoceses se quedaban a disparar las Coronas a los vecinos de la colonia Benito Juárez: “eran bien borrachos”, comenta Germán. No se entendían por la diferencia del lenguaje, pero hablaban otro idioma universal, el del alcohol.

Sólo que el idilio tenía un enemigo en contra: la inseguridad a la que le temía el comité organizador, así que el ayuntamiento montó un operativo con la siguiente misión: “ningún extranjero podía quedarse, y los que se quedaran rezagados eran llevados en camionetas especiales a sus hoteles en el centro de la ciudad, porque era una responsabilidad con las embajadas de sus países. Los policías tenían que hacer rondines cerca del estadio para encontrarlos y a veces los recogían a la fuerza”, me cuenta Germán con una voz de maestro, enfática, como la que usa cuando da clases en el Tecnológico de Estudios Superiores de Chimalhuacán.

De la noche a la mañana, se acabó el Mundial

La poca difusión que tuvo el Mundial en el municipio y los equipos poco populares que jugaron en el Neza 86 no permitieron que el evento dejara huella en la memoria de los nezatlenses, según el veredicto de Aréchiga, quien sí vivió otro ambiente en un partido del Mundial en el Azteca.

Para Germán, ni siquiera el arco de bienvenida construido por el arquitecto Fernando Contreras en la avenida Villada le dio trascendencia al Mundial, así que el verdadero furor por la ‘Mano de Dios’, los incidentes con los ‘Hooligans’ y el campeón Argentina se dio en el centro de la ciudad, pero esa es una historia que contaremos en el Capítulo II.

(Capítulo II ‘Partidos infumables y un gol de tijera; contrastes del México 86’, dando clic aquí)

(Capítulo III ‘La Copa del 86: El himno que no se pudo tocar’, dando clic aquí)

(Capítulo IV ‘Fernando Quirarte: El Mundial del 86 desde el vestidor del Tri’, dando clic aquí)