La versátil personalidad de los chones

¿Creías que sólo servían como ropa interior?

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La verdad sea dicha: mucho se le ha atribuido a la ropa interior, especialmente a los calzones. Al ser los elementos que utilizamos para tapar nuestras herramientas del placer (o nuestras insulsas miserias, ya saben, dependiendo el sapo es la pedrada), se ha creado toda una cultura en torno a ellos.

Son motivo de desfiles, herramientas de tortura, símbolo inequívoco de un oficio, pero sobre todo, son los tesoros de nuestra intimidad. Aquí les damos una lista de los usos alternativos que se le ha dado a los chones:

Para mover el bote

Quien no conozca la cumbia villera, no ha vivido. O peor aún: quien no haya escuchado la canción de “Lauraaaa… se te ve la tanga”, puede considerar que ha vivido una vida fútil y sin chiste.

Seguramente esta joya de la cultura popular, atribuida al grupo “Damas Gratis”, la has escuchado en la comida familiar con tu tío Nepomuceno, el que siempre te hace empinarte tres tequilas antes de comer. Una vez que todos están entonados, pone la canción en su reproductor de MP3 y comienza la gozadera. Claro, para hacerle homenaje, hay que darle pa’bajo, pa’trás y pa’delante.

Y cómo olvidar a la alegre rancherita, que alegre decía: “te voy a hacer tus calzones, como los usa el ranchero. Te los comienzo de lana, te los acabo de cuero”. ¡Bendito ingenio mexicano!

Un bocado para abrir el apetito

La ropa interior comestible es motivo de muchos debates. Algunos aseguran que su consistencia hace que se te pegue en los dientes y, bueno, está de más decir que esto le viene a partir la mandarina en gajos al momento de echar pasión. Otros dicen que como es tan pegajoso, se puede adherir a otros rincones más privados… lo cual podría convertir la escena en un batidero. Y los más optimistas dicen que simplemente sirve para meterle variedad a la cadereada y dejar de comer pan con lo mismo.

Instrumento de tortura milenaria 

Desde tiempos inmemoriales, los calzones han sido empleados como instrumentos para causar dolor. Cuando se percata de que se asoman por el pantalón de alguien, es prácticamente inevitable controlar el impulso para jalarlos y aplicar el célebre y legendario “calzón chino”.

El chiste consiste en estirar lo más posible la prenda. Algunos afirman haber tapado la cabeza de la víctima con ella. Claro, esto era una práctica común entre la chaviza de antaño, pero si ahora lo aplicas, lo más probable es que te metan una tunda en la escuela por hacer bullying. 

Pero no todo es malo. En la Edad Media se usaba para evitar que las mujeres fueran infieles, mientras sus maridos se iban a la guerra (claro, ellos podían tener cualquier cantidad de aventuras). Por fortuna, en la actualidad, ya surgió la nueva versión a la inversa. Una especie de candado en donde se inserta el pene del hombre y se mantiene así hasta que su pareja (o él mismo) lo decida. Una chulada más del BDSM.

Por el poder que te confiero: ¡conviértete en juguete sexual!

Sí, no nos queda la menor duda de que son increíblemente seductores si elegimos los correctos, pero ese será otro punto a tratar más adelante. Aquí hablamos del uso que se le puede dar a los calzones, específicamente como juguetes sexuales. ¿Conocen los arneses, mejor conocidos como strap-on? Son una genial propuesta para practicar pegging, doble penetración o para que las chicas lo usen en las noches que dedican a las cosas del amor. 

¿No tienes uno? Pues hágalo usted mismo. Sólo basta atar/coser un consolador a tu ropa interior y ¡voilà! Diversión garantizada sin necesidad de utilizar las manos. ¿Más creatividad? Ni los gritos de los vendedores ambulantes de la calle del Carmen, me cae.

El seductor por antonomasia 

No mencionaremos esa marca gabacha que hace desfiles con ángeles y que enardece a varios. Porque la verdad, ¿cuántas mujeres podemos levantar la mano y decir que tenemos el cuerpo como alguno de los que ahí vemos? Sólo ocho en el mundo podrán hacerlo. Así que no es parámetro para este punto. Lo que es cierto es que la prenda que elijamos, tanto hombres como mujeres, definirá la reacción de nuestras parejas. 

Todo depende de los gustos de cada quien. Así como las tangas no necesariamente son las preferidas por todos, un calzón de abuelita podría desatar la libido de algún incauto que caiga en sus redes. 

Y aquí viene el mejor: ¿calzones con trompa de elefante? Nunca digan: de esta agua no beberé.

Símbolo inequívoco de la profesión

Plomero que se respeta, plomero que muestra el calzón. Ante semejante proeza surge el himno: ¡fontaneeero, fontaneeero! para celebrarla en grande. En este quiebre uno se da un quemón de sus gustos para elegir la ropa interior que portará dignamente en la ejecución de su chamba. Corazones, rayitas, figuras de Mazinger Z, todo se vale en aras de cumplir la encomienda.

¿Qué otros usos les dan a estos acompañantes que viven pegados a ustedes?

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