Por Baxter, que siempre ríe de las cosas más estúpidas y simplonas.

Siempre es difícil regresar a tus actividades cotidianas después de un puente. Las caras de tus compañeros son dignas de un sepulcro, la lista de pendientes que dejaste el día antes de irte a reventar como si no hubiera un mañana ha crecido considerablemente y lo único que necesitas es una sesión de buenas risas. Todos necesitamos que nos hagan reir, aunque sea un poquito, y más en estos días complicados.

¿Cuál es?
La que no deberías tener, la que es inapropiada, no a lugar e invariablemente inevitable. Después de que te ríes te da una culpa tremenda, pero sigues riendo un ratito después, cuando te acuerdas.

¿Cuándo sucede?
Cuando alguien se cae y se pega duro.
Cuando alguien tiene algún impedimento de algún tipo.
Con las bromas pesadas que le hicieron a tu compañero el débil (sobre todo en la escuela).
Cuando sabes que hiciste una maldad (de esas que te ganan un pase al infierno) y la gente cae redondita en ella.

Risómetro
8.
Las risas siempre son grandes y memorables, pero está mal que te rías de la desgracia ajena.