La columna

5 clásicos del cuasi-periodismo

El reportero cree que está  fácil…
Cualquiera tiene una opinión sobre algo. Buena o mala. Sustentada o esotérica. Profunda o frívola. Basta entonces con redactar esa opinión y ya tenemos a un columnista.

¿Cómo identifico que se trata de un bodrio?

   1. Los textos empiezan con disgresiones líricas en primera persona del tipo: «Encontrábame cavilando sobre la importancia de las abuelitas en el desarrollo de una infancia feliz y los bellos valores que…»

   2. Los textos empiezan con sentencias panfletarias del tipo: «Desde que FECAL intentó entregar el petróleo, que es de los mexicanos, en las rapaces manos de…»

   3. Los textos terminan con una moraleja del tipo: «Es por eso que los chilangos debemos de tener cuidado en nuestros hábitos alimenticios para poder llevar una vida más sana y duradera.» Puaj.

¿Por qué le salió tan mal?

Porque tener una opinión no te hace columnista. También se necesita talento narrativo, buen gusto, sutileza en los razonamientos, humor, contudencia, pensamiento lógico, y un montón de horas previas dedicadas a la escritura.

¿Podría ser peor?

Sí: hay “columnistas” que cada dos o tres frases intercalan un “jajaja”… como si estuvieran chateando.