Es hora de crecer, Peter Pan

10 Cosas que debes evitar al llegar a los 30

Especial

Por más que te sientas Peter Pan y que necees y le grites al mundo entero que tú nunca vas a crecer (ni a madurar), lamentamos decirte que el tiempo pasa, las canas ya se te notan, esa panza antes no existía y las ojeras se han convertido en un rasgo permanente en tu cara. Sí, tienes 30 años y ya no te queda eso de actuar como niño. 

Estas son algunas de las cosas que ya no deberías hacer.

No aceptar la alopecia

¿A poco piensas que nadie se ha dado cuenta de que tus entradas te llegan hasta la nuca? Si te estás quedando calvo, sólo acéptalo. Deja de ocultar la herencia que te dejó tu padre con cortes de cabello extravagantes, usando día y noche gorras y sombreros, comprándote pelucas… Mejor tómalo con filosofía y simplemente acepta que se te está cayendo el pelo. Resígnate al hecho de que en los próximos años tu cabeza reflejará los rayos del sol como si se tratase de un espejo. Si tienes la posibilidad de aplicar un implante, hazlo. O rápate. 

Echarle la culpa de todo a los demás

Aunque nos encanta culpar a los demás de nuestros fracasos, lamentamos decirte que el único culpable de ellos eres tú. Sí, tú. Hace muchos años que dejaste de ser el niño de papi y mami, así que entiende que ya no estás en edad de seguirte quejando de que si no hiciste esto o aquello fue por culpa del universo, que te odia. Hay una edad en que los padres deciden dejarnos libres; tú ya estás en ella. Siempre les pediste que te dejaran ser responsable de ti mismo, ¿no? Bueno, pues es hora de que reflexiones y aceptes que las decisiones buenas o malas que tomaste fueron tuyas. Ahórrate largas y costosas terapias psicológicas.

Seguir con tus sueños guajiros

No queremos romperte la ilusión y decirte que pierdas toda la esperanza que has acumulado durante tus más de seis lustros de vida, pero la neta es que uno, a esta edad, debe saber separar los sueños que sí se pueden hacer realidad (como comprarte un carro, hacer un viaje, conseguirte una novia inteligente) de las fantasías chaquetísimas (como volverte rockstar, andar con una actriz porno, viajar a la luna). Más bien es hora de aprender a cachar las oportunidades que la realidad te va poniendo enfrente. 

Tener el ego más inflado que un globo aerostático

Está bien que en la carrera hayas salido con promedio de diez (aunque hayas sobornado a más de un maestro), que tengas un negocio propio (con cuya inversión te ayudó tu papá), que trabajes en lo que más te guste en la vida, que salgas de vacaciones 10 veces por año y muchas otras cosas más. Lo que no está bien es que te la pases presumiendo esos logros. A nadie le caen bien los presumidos. A estas alturas ya deberías saber que la vida es dura.

Andar de ligador

El ligue o al menos la intención de ligar –teóricamente– es como el agua: no se le debe de negar a nadie. Pero, siendo honestos, ¿de verdad crees que vas a conseguir algo en un lugar repleto de chicas menores de 25 años, donde el 95% de las hembras pertenecen a la especie Lobuky Feminus, reacias a convivir con los machos de la especie Godinez Oficinistus? Tal vez llegó la hora de dejar de andar queriéndote ligar chavitas y empezar a buscar mujeres que no parezcan tus hijas, física, emocional e intelectualmente.

Vestirte igual que hace 15 años

A ver. Vayamos por partes. Tienes 30, ya pasaste por los ochenta, por los noventa y a los dos miles: tienes que aceptarlo, ya estás rezagado. Tu juventud pasó hace tiempo. Pensemos: si hay cosas que ya no entiendes (como la música nueva, la moda del flequito que te cubre un ojo y los mirreyes), también debes aceptar que cuando te vistes igual que cuando eras niño o adolescente puberto (diario con tus tenis y tus playeras de superhéroes, que lavas cada seis meses; o peor, vistiéndote con ropa que ni siquiera un vagabundo utilizaría) proyectas una imagen ridícula. ¿Sí sabes que para todo hay edad, verdad? ¿O a poco te quieres seguir viendo igualito que Jay North? 

Seguir en tu desmoche

Ya no aguantas tanto como antes… Lo sabemos, lo sabes. Lamentamos decirte que ya quedó atrás la época en que los desvelos, las mal pasadas, los enojos, los corajes y demás excesos te hacían lo que el viento a Juárez. Ahora es cada vez más seguido que ya no puedas llegar corriendo a la oficina sin cansarte, enojarte sin que te de tu mal estomacal, echarte un mañanero estando desvelado (sin cansarte), y una larga lista de cosas que antes no te ocurrían. Bienvenido a los 30.

Vivir con tus papás

Esta regla aplica tanto en mujeres como en hombres. Llegar a las tres décadas de vida y seguir viviendo bajo el cobijo y seguridad de los papás no es algo de lo que uno pueda sentirse orgulloso, a menos que seas victima de un suceso inesperado o tengas alguna enfermedad para la que necesites el apoyo de alguien más. Además la neta, la neta, ya estás bastante grandecito como para seguir durmiendo en el mismo colchón individual en el que lo hiciste durante los últimos años. (Y conste que estamos omitiendo el acto y efecto de echar pasión con tus papás en el cuarto de al lado).

Ser estudiante

No nos referimos a que esté mal el que sigas preparándote para aumentar tus conocimientos ni mucho menos. De lo que hablamos es que sigas de fósil en la universidad. Reconocemos a quienes trabajan, estudian y se pagan un postgrado, un doctorado, un diplomado, etc, con sus propios recursos. Bien.

No tener dinero

Sí, hablamos de carecer de esa cosa asquerosa que sirve para adquirir bienes, productos y servicios. Por eso, a esta edad ya tienes que ser una maldita máquina generadora de dinero, a menos que tengas una gansa que ponga huevos de oro, un árbol del que crezcan billetes, o que seas el consentido de tu tío millonario. 

Andar de activista político

Opinas que la propiedad privada es el peor invento del hombre blanco pero bien que disfrutas de todos los beneficios del capitalismo. No decimos que esté mal querer mejorar al país, en contra de lo que estamos es de tu incongruencia, que nos veas las cosas con objetividad y te la pases encontrándole peros a todo. Recuerda que ni todos los pobres son buenos ni todos los ricos son malos. Hay pobres a los que no les gusta trabajar y ricos que obtuvieron su riqueza con el sudor de su frente.