Godínez en quincena

El día por el que todos los oficinistas viven

El día más importante para todo Godínez es, obviamente, el día de quincena. Es el día porque el que todos los oficinistas del mundo viven y por supuesto que no es igual al resto. Es un día especial. La buena noticia para los Godínez es que ocurre dos veces al mes. La mala, que el gusto sólo les dura tres días a lo mucho.

Desde la víspera y a veces desde antes, el Godínez ya come ansias para que llegue el día de quincena. Justo la noche anterior decide no llevar de comer en tu “tóper” porque como recibirá su sueldo, es más que merecido ir a comer a la calle, pero “a un buen lugar” con sus compañeros. Generalmente, mariscos, pozole, arrachera, una cantina con botana o a alguna plaza comercial.

Mañana

Como Godínez sin suerte no es Godínez, su sueldo le llegará justo para pagar a tiempo la mensualidad de la tarjeta, del coche y de la hipoteca, así que como buenos oficinistas saben apartar lo urgente de lo importante, y con cálculos rápidos en la Blackberry saben cuántos días les durará el sueldo. Ya será para la próxima cuando compren la nueva corbata o el nuevo bolso en Liverpool.

Como el día de quincena no es cualquier cosa y sólo sucede 24 veces al año. Desde la mañana, después de cerciorarse que el pago del sueldo ya fue acreditado en la tarjeta de débito, se acuerda con los compañeros qué desayunar. Por lo general mandan a los becarios o a algún Godínez de menor nivel en el organigrama por las quesadillas, gorditas, jugos, licuados y Cocas Light (para mantener la dieta). Después en alguna sala de juntas o frente a su monitor, los oficinistas toman sus sagrados alimentos.

Tarde

Pero en quincena, además de haber más tráfico en la ciudad, las horas pasan más lentas y tras lo que parece toda una vida, por fin llega la hora de la comida. Algunas damas Godínez deciden no comer para ir a la tienda departamental para comprar un vestido o cualquier otra prenda que desde hace días o incluso semanas ya le habían echado el ojo. Algunas, incluso, apartaron su talla y la escondieron entre otro tipo de ropa para que no se las ganara nadie. Así, tras la hora de la comida, las oficinistas llegan a su lugar con bolsas de Zara o el Palacio de Hierro, con una sonrisa en el rostro sólo comparable a la de después de un orgasmo.

Justo a estas horas, Instagram y Facebook sufren saturación de fotos de comida y bebida. Las imágenes de pozole estilo Guerrero o Jalisco, el Rib-Eye, Sushi, los pancakes del Ihop, el Jack Daniels, el Martini, la cerveza de barril o la clásica cubita abundan en las redes sociales con su respectivo check-in de Foursquare.

Otros Godínez, los que están en la cantina por ejemplo, ya ni siquiera regresan a la oficna. Ahí se quedan a pasar la tarde y noche. Algunos, incluso, pagan la cuenta con vales de despensa, porque, muy vivos ellos, escogieron la cantina que tiene el pegote que dice que además de Visa y MasterCard, también son bienvenidos sus Efectivale.

Noche

La noche Godínez es impredecible. Algunos acuerdan ir a bailar a algún restaurante-bar tras la jornada laboral donde tocan “música viva”. Esos lugares suelen estar más atascados que la venta nocturna de Suburbia que se lleva a cabo al mismo tiempo y con los mismos protagonistas dentro. No falta el “licenciado” que quiere ligarse a su asistente después de bailar “qué bellos son tus celos de hombre”.

Otros Godínez más audaces, prefieren ir a un table dance, para seguir enamorando, como cada quince días, a alguna de las bailarinas a las que incluso ya llaman por su nombre de pila y no con el de batalla sea Britney, Samantha, Rubí, Natasha, Desiré, Stephani, Jennifer o cualquier otro.

Los Godínez saben disfrutar de los pequeños y grandes placeres. Saben de filosofía de la vida y por ello viven con intensidad cada momento porque lo que importa son esos instantes (lo que les dura la quincena). Ya llegará el siguiente día. Crudos, desvelados, con ropa nueva, con nuevo ligue (la secretaria) como sea, pero ahí estarán frente a su monitor, a las 8 o 9 en punto, como siempre, para no perder el bono de puntualidad. Contando los días (ya sólo les faltan 14), para que llegue nuevamente el día de pago.

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La Godiniza (Getty Images)