Este producto es nocivo para la salud

Del Editor

Miércoles 21 de octubre

Uno de los mayores problemas existenciales del hombre moderno es la tendencia a deshidratarnos. Es eso o que hay un grupo de samaritanos que considera que, si no nos lo recuerda, podríamos pasar días sin beber una gota de líquido.

No tengo otra explicación para esta leyenda en letras blancas, al pie de la pantalla de algunos comerciales de agua purificada: «Toma agua diariamente.»

No veo un amplio sector poblacional decidido a matarse de sed por horas. Al menos no entre mis amigos, pero sin duda es un buen consejo. Tal vez la reticencia a tomar agua se deba a otra leyenda que aparece en los anuncios: «Hierve el agua.» Imagino que te da sed y en eso recuerdas que antes de beber debes llenar la tetera, esperar a que hierva, y luego esperar a que enfríe. Mucho trámite para un simple vaso de agua simple. Es muy comprensible que sea mejor suicidarse por deshidratación.

La tendencia suicida la tenemos. Por ejemplo, esa manía de los fenilcetonúricos a consumir productos con fenilalanina. Por más que uno les dice y dice. En cambio, qué ejemplares los fumadores, basta que uno les recuerde que «fumar puede causar cáncer», y apagan el cigarro.

Yo no fumo, yo como frutas y verduras, me alimento sanamente, hago deporte, consulto a mi médico, me conozco para no excederme, evito el exceso, evito que las menores fumen y las acompaño con leche, aplico restricciones, y como helados porque es fuente de energía.

Si es verdad que nada con exceso, todo con medida, ¿no es un exceso advertir en un anuncio que claramente favorece a un partido político que «Este programa es público, ajeno a cualquier partido político, queda prohibido su uso para fines distintos al desarrollo social»? ¿Es una especie de conjuro que anula los obvios poderes propagandísticos del mensaje? Algo parecido al anuncio que enfría tus irrefrenables impulsos consumistas con un «Pauta válida para la república argentina.» Rayos, y yo que quería comprar ese detergente.

Sugerencia como tema de conversación. Platícalo con tu familia. No se recomienda usar este tema con mujeres embarazadas. Este tema de conversación es responsabilidad de quien lo usa y de quien lo recomienda. Permiso segob AH1N1-2009. Hasta agotar existencias (la tuya, la de tus amigos, etc.)

 

 

 

 

Martes 20 de octubre

El problema zombie

La eventualidad de un ataque de muertos vivientes a la Ciudad de México es remota. Digamos, la misma probabilidad de que le suceda a otra gran ciudad del mundo. Sin embargo, cada que subo por Constituyentes a la oficina y veo el hueco enorme en la barda del Panteón de Dolores, no dejo de inquietarme un poco. La barda se cayó hace unos meses luego de que remodelaron la avenida. Se trataba de una pared de adobe, construida en el siglo XIX, o algo así.

Nadie reportó una fuga masiva de cadáveres, y de hecho, puedo decir que no hubo tal fuga masiva: los muertos simplemente salieron de sus tumbas uno por uno, tranquilamente, no en tumulto.

Según mi propia teoría de la conspiración, ya estábamos bajo ataque zombie desde hace décadas, cuando una fuga panteonera similar a la que ocurrió la noche en que la barda del Panteón de Dolores se vino abajo, ocupó las oficinas de gobierno de esta ciudad y se sindicalizó, una estratagema que no veríamos en las películas zombie tradicionales, donde los muertos vivientes simplemente se dedican a atacar a la población sin mucho orden. Acá no, con la experiencia que les dio la vida entre nosotros, al volver de la tumba prefieren pasar inadvertidos. Se cuelan en la infinita burocracia mexicana y dentro de ella medran, un sistema que permite el desarrollo de trámites inútiles, justificados únicamente para mantener en vida a los muertos, dentro de un sindicato que les asegura una pensión ad aeternum, y con amplias ventajas sobre nosotros los asalariados mortales.

Piensa si no en el empleado detrás de la ventanilla de alguna subdirección gubernamental y hazte las siguientes preguntas. Si contestas afirmativamente a todas ellas, estás en la presencia de un zombie:

1) ¿huele mal?

2) ¿tiene la piel gris?

3) ¿es capaz de permanecer en estado de perfecta inmovilidad mientras la fila de su ventanilla crece?

4) ¿piensa?

5) ¿sus ropas son anteriores a 1970?

6) ¿su voz es de ultratumba?

7) ¿le importa los problemas que ese trámite absurdo ocasiona en tu vida?

8) ¿eres incapaz de imaginarte su vida sexual?

 

Sugerencia como tema de conversación: conforme se acercan esas fiestas híbridas de Día de Muertos y Halloween, estos temas sobrenaturales siempre son bienvenidos. Proponer que los burócratas son zombies da para un buen rato, que se incrementa cuando alguien sugiere que los computines de Sistemas también son zombies de incógnito (pongo como ejemplo, los que programan esta página).

 

 

Lunes 18 de octubre

 

¿Qué hiciste el fin?

Te equivocas. A nadie le interesa saber qué hiciste el fin de semana. Preguntarlo es como quien comenta del clima, una manera disfrazada de decir, —hola qué tal, ya noté tu existencia, espero que notes la mía, por eso diré algo obvio y sin importancia como qué nublado amaneció hoy. La respuesta correcta deber ir por el rango de —sí, y ayer qué frío hacía ¿te fijaste? Y punto. La conversación, ambos interlocutores lo saben bien, no lleva a ningún hallazgo, pero es un poco más amena que el —hola, cómo estás, —bien tú qué tal; que equivale a quedarse en silencio o decir: —ah, aquí estás, tu vida me interesa un pepino, —qué bien, un pepino es muy valioso comparado con lo que me inspiras.

Pero eso del fin de semana, se cocina aparte…

De entrada, esconde un traicionero —apuesto a que tu vida es más mediocre que la mía.

Eso lo sabe la persona a la que le hacen esa pregunta, que o dobla las manos y admite que —nada, todo tranquilo, con la familia, el futbol; que es una manera de decir —me aburrí como imbécil y por ahí del domingo a mediodía ya quería que fuera lunes y pensé cuatro veces en el suicido, o en matar a mi esposa. La otra opción es ponerte competitivo y salir con un —pues mira, el viernes salí con esta modelo brasileña y me trajo a sus amigas, todas modelos, obvio, a mi depa, y aquello ¡fue una cosa! Luego el sábado los de la NASA me invitaron a experimentar la gravedad cero en un avión y (…). No, y ágarrate, que el domingo, saliendo de, me intentaron asaltar en la calle, tres tipos así rudos; me los madreé, a los tres; los desarmé y los dejé ahí tirados, soy un héroe.

Esta escondida intención de mostrar que tu fin de semana es mejor que el de la otra persona, me ha llevado a testificar el siguiente diálogo aburridísimo entre dos chicas:

—Hooooooola, ¿qué tal tu fin, amiga?

—Ay, perfecto, we, fui a Valle y de pelos. ¿Y el tuyo?

—Wey, estuvo incre, fuimos a Aca y todo bien, playita, rico.

—Wey, qué padre.

—Sí qué incre.

Y así por 20 minutos. Ningún conflicto. Todo perfecto. Todo incre. Admitir que había existido un minuto de tristeza, era admitir que la vida de una valía menos que la vida de la otra.

Sugerencia como tema de conversación: evítalo; en serio, a menos que te haya ocurrido algo realmente extraordinario, mejor dale la vuelta con algo que te saque dignamente de la competencia de egos —estuve borracho todo el tiempo, no me acuerdo. O bien —estuve practicando las variaciones Goldberg al piano. Algo que deje al interlocutor con su ego, y su superioridad, frustrados.