¿Es ‘puto’ una palabra homofóbica? Éntrale al debate

El término que escandalizó a la FIFA

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Y se armó la rebambaramba, para usar términos pamboleros. La FARE, oficina antidiscriminación de la FIFA, abrió una investigación disciplinaria por  “conductas inapropiadas” de los espectadores mexicanos durante los partidos México-Brasil y Camerún-México. ¿El castigo? México podría ser expulsado del Mundial si les dejan caer (sin albur) todo el peso del reglamento.

¿Qué fue lo que gritaron los mexicanos para hacerse acreedores a este jalón de patillas por parte de la FIFA? El clásico “eeehhh, putooo” cuando el arquero del equipo rival da la patada del despeje. A la afición mexicana se le acusa de homofóbica por usar “puto” como palabra denigrante para los homosexuales, pues el reglamento dice textualmente:

“Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por cuestiones de raza, color de piel, su origen étnico, nacional o social, sexo, lengua, religión, posicionamiento político o de cualquier otra índole, poder adquisitivo, lugar de nacimiento o procedencia, orientación sexual o por cualquier otra razón, y será punible con suspensión o exclusión”.

A ver, vamos por partes.

¿Qué significa la palabra PUTO?

Acudimos a la Academia Mexicana de la Lengua para tener una definición cercana. Buscamos puto y esto fue lo que pasó:

“ERROR 404. No encontramos resultados en el sitio web”. O sea que para la AML, los putos no existen.

Entonces recurrimos a la RAE:

puto, ta.

(De puta).

1. adj. U. como calificación denigratoria. Me quedé en la puta calle

2. adj. Por antífrasis puede resultar encarecedor. Ha vuelto a ganar. ¡Qué puta suerte tiene!

3. adj. necio (ver tonto).

4. m. Hombre que tiene concúbito con persona de su sexo.

Las tres primeras acepciones de puto nada tienen que ver con el arte de morder almohadas. Sólo la cuarta hace alusión a aquellos hombres que aman a otros hombres y/o se acuestan con ellos.

O sea que como insulto al arquero, bien podría funcionar. Al gritarle “puto”, según la RAE, estarías gritándole “tonto”. Por otro lado, la segunda definición habla de la figura de la antífrasis. ¿Qué chinga’os es eso? Significa que “puto” también puede tener una connotación positiva. “¡Ese puto de Memo Ochoa sí se la sabe!” o “¡Qué puto golazo se aventó Holanda!” son claros ejemplos de cómo esta palabra adquiere una connotación positiva.

Sobre la reapropiación de las palabras.

Dice René de Calle 13 en una de sus canciones: “todo lo que les digo es como el Aikido: uso a mi favor la fuerza del enemigo”. Algo similar pasa con las palabras.

Hasta hace poco tiempo en E.U.A. resultaba terriblemente ofensivo llamar “nigga” a un negro. La palabra proviene de “negar”, una forma de aludir a los esclavos que se enviaban desde África a Virginia. Aunque inicialmente el término no era considerado racista, pues sólo hacía alusión a la piel negra, con el tiempo se fue convirtiendo en una palabra de uso peyorativo.

Aun hoy, escuchar a un blanco decirle “nigga” a un afroamericano es considerado ofensivo. Pero al interior de la comunidad afroamericana, es una forma cada vez más común llamarse “nigga”. Es como nuestro “wey”. Los jóvenes negros lo usan como una forma de reafirmar su identidad. De ser un término despectivo, se convirtió en una bandera de orgullo.

Sin irnos más lejos, nosotros tenemos nuestros propios ejemplos: hasta hace poco la palabra “chilango” estaba cubierta de un halo ofensivo. “Haz patria y mata a un chilango”, solían decir nuestros amiguitos del interior de la república. Y cómo no, si las cosas no son de gratis. El chilango, raza maldita, iba a sus playas a llenarlas de basura e iba a sus pueblos mágicos a empedarse en las calles. El Chilango era visto como una plaga.

Pero con el tiempo surgió el otro chilango, el orgulloso de serlo: al que sí le gusta el desmadre, pero también usa bici para alivio de los pulmones de su ciudad. Empezó a figurar el chilango 2.0, el alburero pero culto, el que se las ingenia para hacerse de un varito extra cuando la quincena no alcanza. Ser chilango de repente dejó de ser una palabra peyorativa y se convirtió en motivo de orgullo. Los chilangos, al igual que los niggas, nos apropiamos de la palabra y le quitamos su poder chingativo.

Reapropiándose de la palabra “puto”.

Si ser nigga y chilango se convirtieron de términos ofensivos a banderas de orgullo, ¿podría pasar lo mismo con la palabra puto?

Es evidente que la palabra “Puto” sí tiene connotaciones homofóbicas. Ser puto significa que te gusta la de árabe, que te la comes doblada y hasta subtitulada. Y eso significa perder la hombría. “¿Cómo voy a ser yo puto? No, no, a mí me gustan las viejas, las chichis, la papaya. Soy bien hombre”.

Pero, ¿qué opinan los putos de que se les llame así? ¿Están de acuerdo?

Jonathan Orozco, ex director de Comunicación de CONAPRED y hoy Subdirector de Información en la Secretaría de Salud, opina:

“El cántico de “putooo” en las canchas lejos de ser inofensivo, es una muestra más del profundo desprecio que existe en el país hacia las personas homosexuales, las palabras que denigran y desprecian jamás debieran ser asumidas como normales, porque promover la violencia no es ni será nunca el objetivo de los deportes. Puto en el fútbol se usa para despreciar, porque a los homosexuales en México se les menosprecia, excluye, violenta y no en pocos casos, mata”.

Pero también hay otras voces, los que opinan que la palabra puto está chida. Nolberto González es educador sexual en EDUCRE, psicólogo y estudiante de maestría. Y él opina lo siguiente:

“Existe la apropiación y permite a algunas personas poder quitar el peso peyorativo en algunas palabras que usan para denigrarnos y quitarles así el valor. No es válido que la gente se sienta con derecho a gritarle “Puto” a cualquiera en la calle, pero mis amigos y yo nos llamamos putos, por este ejercicio de apropiación”.

¿Podríamos estar ante la reapropiación de la palabra puto? Es probable. Muchos homosexuales la usan para referirse a ellos mismos, como los niggas al interior de los barrios negros. A ellos no les ofende que les digan putos, les ofende mucho más que haya comisiones homofóbicas al interior del Senado que vivan de los impuestos que ellos pagan.

“No seas puto y dame un beso” dicen algunos. “Ya llégame, no seas puto”, dicen otros. Son homosexuales y el término no les ofende. En el antro brincan y saltan cuando lo dice la rola de Molotov, porque la palabra más que lastimar, les divierte. No se consideran gays, porque ser gay es un anglicismo que significa alegre. Y los homosexuales mexicanos son alegres, pero también se enchilan y se entristecen, porque en este país hay muchos motivos para estar emputado.

Habrá que preguntarle ahora a la FIFA si no es más importante que no se ofrezcan sedes de justas internacionales a países como Rusia, quien tiene una política de hostigamiento a los homosexuales desde el Estado, y donde se desarrollará el Mundial en 2018, Qatar, donde las cosas no son mejores. Ahí los “putos” extranjeros son castigados hasta con siete años de cárcel si se comprueba que tuvieron relaciones homosexuales. A los gays y lesbianas locales se les puede condenar a muerte según la ley islámica.

¿Qué es más importante: prohibir una palabra o garantizar sedes seguras y donde se respeten íntegramente los derechos humanos de los asistentes? Te invitamos a que nos eches tu postura (sin albur otra vez) en la sección de comentarios.