ENFANTS TERRIBLES

 

 

Las fiestas resultaron la primer fuente de relaciones públicas de los diseñadores Marvin y Quetzal. El tabasqueño irrumpía disfrazado de Mickey Mouse o marinero, o con unos lentes a cuya armazón le pegaba un gran caballo blanco. Marvin era más prudente. En una fiesta de la marca Armani en el Hotel W -a la que se colaron sin invitación- un fotógrafo les tomó algunas imágenes que luego publicó la revista Fahrenheit. «Sabíamos que la onda era producirnos bien e impactar», dice Marvin. Desde entonces, nunca pagaron covers o tragos. «Llegábamos tan freaks que no nos decían que no en ningún lado. Salíamos con 50 pesos y regresábamos con 50», añade Carlos Temores, amigo de ambos. Código, Celeste, Vogue y Joy fueron algunas revistas que difundían la imagen de la pareja.

Tales party animals se “producían” alocadamente a sí mismos y a sus amigos para las fiestas en El Imperial o el Pasaje América. «Yo era su maniquí -dice el travesti y cantante alternativo Zemmoa-. Me presté completamente a su creación.»
Quetzal, estudiante de moda en Casa de Francia, decidió crear con Marvin su propia colección de ropa, a la que pensaron llamar “Rata Margarita” o “Je naime pas lecole”. «Nombres rebeldes -explica Marvin – que reflejaban qué éramos.»
En un viaje a Chiapas conocieron el arte mazahua. De regreso, Quetzal, quien recibía desde Tabasco para su manutención 3,200 pesos al mes, pidió a su madre apoyarlo con más dinero para lanzar con Marvin su primer trabajo conjunto. Influidos por el arte del sureste incluyeron bordados a mano, piedras, sedas y tejidos de tul. Durante 2003 y 2004 desarrollaron una propuesta de 31 cambios que, además, se apoyaba en zapatos comprados en el Centro por 200 o 300 pesos a los que bordaron ónix y amatistas.

La noche de la presentación en el Hostal Virreyes, en septiembre 2004, una de las invitadas era Annie Lask, editora de modas en México de la mítica revista de modas estadounidense Harpers Bazaar. «Ese primer desfile fue como los mejores desfiles de Nueva York», dice. Con el tiempo, se volvieron frecuentes los pictoriales de esa publicación con vestidos de Marvin y Quetzal.
Adaptaron como taller su departamento en José Cevallos 52, San Miguel Chapultepec. Sobre un restirador de madera y con una máquina de coser industrial de segunda mano catapultaron su fama al crear -con mezclas de algodón y seda y estampados de sus rostros- capas, blusones, pantijeans.

«Buscábamos modelos en la calle», dice Marvin. Su objetivo eran las mujeres de poca talla, cara de niña y serias. Para su primer desfile en el Fashion Week hicieron en su casa un casting de conocidas. Les pedían no caderear y lucir un semblante andrógino, feliz pero sin sonreír. Nada era injustificado: la actitud asexuada permitía a su línea ser unisex. En el clímax de su romance, el logotipo para su colección fueron los nombres de ambos unidos por un corazón.

A su MySpace subían sus creaciones y sus retratos en pareja: «Alguna vez, mientras yo tomaba fotos en una fiesta, Quetzal se sacó un testículo. No hay una foto donde salga mal: es el modelo ideal», dice el fotógrafo Jesús León, creador del concepto Domestic Fine Arts. Quetzal posó en aquel evento con el pelo estilo Elvis Presley, shorts de mezclilla y cuba en mano, tirado, abriendo las piernas.

También se valía de YouTube para mostrarse. En el video “Quiero verga”, él y su amiga Thalia Devine aparecen cantando, embrutecidos: «Somos los complementos de la mujer moderna. ¡Quiero verga, cadenas, zapatos de plataforma, abrigo de vinil y, por supuesto, un condón femenino!»

La vorágine artística continuó en los Fashion Week de 2007 y 2008. American Apparel, Hornitos y otras marcas los apoyaron. Pero en sus siguientes desfiles, su logo había cambiado: el corazón fue sustituido por unos colmillos sangrantes. «Diez días antes de esa última pasarela -dice Mud, diseñador de esa imagen-, el humor entre ellos era muy tenso.»