Cuando estás enamorado y mal correspondido

Te decimos cómo actuar ante esta situación

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Tomas clase con Raúl (o con Luisa, ustedes eligen). Cuando lo ves entrar al salón, el tiempo se detiene. Todo sucede en cámara lenta y comienza a sonar una música cursi de fondo. Pétalos vuelan por el salón de clases, entran golondrinas por las ventanas y él… ni se inmuta. En realidad, son muy amigos y lo único que hace al verte es sentarse a tu lado, darte una palmada en la espalda y decirte que le debes la apuesta por el partido de anoche.

Ay, esa extraña cosa llamada amor. Todo lo que ves en él te tiene cautivado. Lo consideras primoroso, bello, lindo y gracioso (bueno, con un poco más de galanura que Gordolfo Gelatino). Pero como la vida es injusta, él no tiene la menor intención de tener una relación amorosa contigo. JAMÁS.

Como todos hemos pasado por esa situación, aquí te enlistamos algunas cosas que uno tiene que superar cuando el amor sólo va en una triste dirección.

Te veo pasar con tu suave andar

Todos ya se dieron cuenta. Sí, probablemente él ya lo sepa, pero se hace el desentendido y sigue como si nada hubiera pasado. Y eso en el mejor de los casos, porque si vives enamorado de alguien que te trata como taquillero del Metro, que ni siquiera te lanza una miserable miradita, pues la cosa se pone peor. Así que lo único que haces es tratar de encontrarle algún defecto que haga que te olvides de él (cosa que, evidentemente, no sucede).

El falso consuelo

Quizá eres muy afortunado en el juego, te dicen tus amigos. Pero la verdad es que nunca te has sacado algo en una rifa, es más, ni siquiera en la kermés de tu hermanito. Así que si te vienen con ese méndigo consuelo, mándalos por un tubo. Pues sí, uno lo que quiere es estar con aquel ser angelical, no con un peluche que hayas ganado en un juego de dardos.

La difícil convivencia

A tu querido profesor (o a tu jefe) se le ocurre que deben armar un proyecto para el lunes. Entonces el tiempo que deben pasar juntos se convierte en largas y lastimosas horas en las que te das cuenta que por más que saques tu artillería pesada de seducción, Raúl (o Luisa) no te considera un objeto de deseo. La situación se vuelve intolerable cuando te comienza a platicar sobre lo maravillosa que es su pareja y hasta te pide recomendaciones para celebrar su aniversario. ¿En qué momento te vio cara de consejero?

¿La esperanza es lo último que muere?

Tus amigos te dicen que no desistas, que le eches ganitas. Que al parecer no va tan bien con su pareja y que podrías tener una oportunidad con él. ‘Mmm… sí, puede ser’, piensas. Pero el hecho de que tenga broncas con su pareja no te convierte en su próxima presa. Sabes que tienen muchas cosas en común, pero está tan clavado con ese ‘alguien más’ que no ve más allá de su nariz. Claro, cada vez que te ilusionas con algo, tu pobre corazón queda como carne para albóndigas en chipotle.

Más vale paso que dure y no trote que canse

A pesar de todo, no pierdes la paciencia. Tu mantra es: péiname despacito, que tengo el pelo chinito. No quitas el dedo del renglón y vuelcas todos tus esfuerzos en hacer que se deje encandilar con tus encantos. Le compras un café por la mañana, lo acompañas a hacer pagos al banco, te chutas sus historias sobre sus entrenamientos, en fin, la haces de psicólogo, chef, doctor y hasta de administrador. 

La resignación

Si todo lo demás no funciona, lo mejor es evacuar la zona lo más pronto posible. No es que uno sea pesimista, pero se te pueden escapar otros pájaros que podrías tener entre tus manos sin ningún problema. Uno establece sus tiempos de tolerancia, pues eso de mandar en el corazón está difícil, pero es importante no estacionarse ahí sin límite de tiempo. 

¿Les ha funcionado alguna técnica? ¿Pueden considerarse los gloriosos ganadores del corazón de un amor imposible? Suelten la sopa.

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