El vacío del inconsciente


La voz de Gabriela Uribe me da cierta confianza: no es esa mujer desocupada y aburrida que toma cursos porque de plano no le dan cita en el salón de belleza. Su plática es campechana, inteligente y “pilas”. Se ve que está decidida a que la vida no le pase por encima. Es mamá de una hija adolescente, es coordinadora de inglés del Colegio Regina —una escuela de niñas en Las Lomas—; y es ella quien extrañamente me recomienda un taller de creatividad.. Yo pensaba que esas cosas no servían para nada. «Hay cursos que si los escoges bien pueden incidir directamente en tu trabajo y en tu sueldo», dice Gabriela, refiriéndose al Taller de Creatividad de Enrique Cervera (13 semanas, sesiones 4 horas, 3 mil pesos), que en muy pocas sesiones le está cambiando la forma de ver la vida. La escucho con un poco de recelo, pero me sorprende cuando me prueba, con los pelos de la burra en la mano, que un taller de estos te podría hacer ganar más dinero: «Una de las cosas que este taller te enseña es que tus logros son medibles. Yo le podría decir a la directora de la escuela, por ponerte un ejemplo, que antes sólo cinco niñas sacaban 10 y ahora son 15 niñas. Pero no puedo hacerlo si antes no he medido mis logros. Te cambia un poco la mentalidad, eso que estamos tan acostumbrados a decir: ahí humildemente, eso no ayuda en nada». A la mitad del taller, Gabriela se dio cuenta que “el huevo hay que cacarearlo”. «Si pudiéramos enseñarle a nuestros empleadores cómo han mejorado ventas o resultados en nuestro trabajo, tendríamos con qué pedirles un aumento o cómo refutarles.» Gabriela es una de las pocas personas que entiende que el maestro es lo de menos. Si estás tratando de meterte a un curso de educación continua, por favor no hagas del maestro una especie de gurú todopoderoso. «Lo importante no es el facilitador o el que te da el taller sino lo que tu hagas con la información que te dan en el taller. Estamos acostumbrados a que tiene que ser una eminencia o gringo o extranjero y la verdad es que hasta alguien que no sabe mucho puede enseñarte. Tenemos que aprender a manejar la información que recibimos.» Por su trabajo, Gabriela tiene que tomar al menos un curso de actualización al mes. Algo debe saber.

Días después, voy a ver otro caso. El de una mujer que, intuyo, de no tener “cursitis” no sería millonaria. Claudia Carrillo tiene las ventas en la sangre. Su voz, aunque aún es relativamente joven, es la de alguien que sabe manejar un ejército de personas con la mano en la cintura porque aprendió a nunca dormirse en sus laureles. Junto con su esposo, Claudia es dueña de la empresa Zermat Internacional (multinivel de productos de belleza que anuncia Edith González) y conoce al dedillo todos los cursos habidos y por haber en Liderazgo, en Ventas, en Management. Los ha tomado en el IPADE, el ITAM y en cualquier otro lado donde los ofrezcan. Lo interesante es que para ella no es suficiente con estimular sus conocimientos formales: el manejo de su energía y su persona parecen igual de importantes. Ha tomado talleres de Autoestima, manejo de chacras, uno de la Biblia, varios de boliche para jugar con su hijo, otro de golf, de Reiki y ahora practica la Energía Universal. «Tomo unos tres cursos al mes», platica Claudia, (y mientras habla conmigo toma un curso con sus vendedoras en una granja…la palabra multitask podría tener su foto en una enciclopedia, vamos). De haber empezado una empresa familiar en la sala de su casa, ahora Claudia factura unos 32 millones de dólares anuales. Habla como toda una experta de casi todos los temas. Me hace pensar que, después de todo, quizás los cursos realmente funcionan. Pero es lógico que tome tantos: Claudia es vendedora y ese campo no hay de que me quedo contemplando las paredes de mi casa. Volvería a mi cinismo de “ella sí debe tomarlos, yo no”, pero como buena persona de ventas, hace que una frase me quede revoloteando en la mente. Le pregunto cómo escoge los talleres que toma y lanza su gran neta: «Es que el inconsciente tiene su vacío, tú no lo sabes, pero cuando ese tema te llama la atención, te jala, es tu inconsciente hablándote, pidiéndote lo que necesitas saber».