La legendaria liga de futbol de la Central de Abasto

Hasta el 'Temo' la recuerda con cariño

Cuenta la leyenda que en la Central de Abasto (CEDA) no sólo el comercio de alimentos es la principal actividad, sino que el deporte, y en específico el futbol, tiene un lugar especial dentro de la gente que labora en este gran mercado que surte de alimentos a casi todo el país. 

Varias historias se cuentan de la Liga de Futbol de la Central de Abasto, entre ellas que algunos futbolistas famosos derrocharon clase antes de debutar o incluso después de retirarse de la Primera División del Futbol Mexicano. Sobresalen nombres, incluso, como el de Cuauhtémoc Blanco (sin llorar, americanistas). 

Nos dimos una vuelta a estos campos para saber un poco más de todas estas historias y, de paso, saber si el futbol sigue despertando pasiones entre la gente que labora ahí. 

La Central de Abasto es considerada el mercado más grande de América (construido sobre 327 hectáreas) y uno de los más grandes del mundo junto al Yiwu de China y al Tsukiji de Japón. En nuestra popular CEDA las operaciones de compra-venta ascienden a cerca de 9 mil millones de dólares al año (sólo por debajo de la Bolsa Mexicana de Valores), de acuerdo con datos del Fideicomiso de operación de la Central de Abastos de la Ciudad de México.

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Un vistazo al pasado 

Desde el nacimiento de la Central, el 22 de noviembre de 1982, se destinó un espacio importante para que los bodegueros y trabajadores pudieran echarse sus ‘cascaritas’.

Hasta hace unos años, la CEDA contaba con cinco canchas de futbol, así como frontón. Sin embargo, en enero de 2007, el Gobierno del Distrito Federal decidió convertir esa parte del terreno en un centro comercial (La Plaza Central, que se puede ver sobre Churubusco y el Eje 5). 

Aquel 9 de enero de 2007, Marcelo Ebrard, entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, fue el encargado de poner la primera piedra del nuevo centro comercial. En aquella ocasión, el mandatario capitalino daba a conocer que el proyecto de la Plaza Central tendría una inversión de más de 800 millones de pesos, entre capital mexicano y español.

De acuerdo con la información del GDF de ese entonces, el complejo abarcaría 70 mil metros cuadrados con locales comerciales, restaurantes, cafés, cines, bancos, hotel, gimnasio y estacionamiento para 3 mil vehículos.  

Fue así como aquellas 7 hectáreas donde cientos de trabajadores de la central, entre bodegueros y diableros, además de jugadores que con el paso del tiempo brillaron en Primera División, dieron paso a la ‘modernidad’ del centro comercial, cerrando un ciclo de recuerdos y gratos momentos que se vivieron gracias al futbol. 

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El señor Alfredo Mancera, encargado de la liga de futbol de la Central de Abastos, nos contó la historia del origen del centro comercial y la desaparición de esas 7 hectáreas. Hoy nos muestra las canchas que quedan y, de paso, nos presenta a don Lalo, uno de los bodegueros más participativos en la Liga de Futbol y quien nos desvela el misterio sobre si hace años jugaron futbolistas de Primera División en las canchas de la Central. 

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Con cierta nostalgia, don Lalo le da una repasada a sus recuerdos y confirma que el ídolo de Tepito, Cuauhtémoc Blanco, derrochó clase en las canchas, ya que jugaba en su equipo, el Rosario Central, así como otros jugadores. 

“Hubo muchos que entrenaban acá y sí, jugaron (conmigo) Cuauhtémoc Blanco y Germán Villa. Eso fue a finales de los ochentas, cuando todavía no debutaban (en Primera División). Jugaron en el Rosario Central”, revela. En palabras de Alfredo Mancera, aquel Rosario Central fue uno de los mejores equipos de la Liga. 

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Y ya entrando en los recuerdos, don Lalo enumera a otros tantos jugadores que brillaron en los noventas en la Primera División del Futbol Mexicano y que también pasaron por las canchas de la Central, como Juan Hernández, lateral derecho del América, quien también fuera compañero del ‘Temo’ y del que el técnico holandés Leo Beenhakker sacó lo mejor en aquellas ‘Águilas Africanas’, con Biyik y Kalusha. “‘Juanito’ Hernández jugó en la Central después de que se retiró como jugador profesional”, recuerda. 

Los nombres le vienen al hombre como cascada y recuerda a otros tantos ex futbolistas profesionales que destacaron en la década de los noventa y que también desfilaron por la liga de la Central, como Marco Antonio Sánchez Yacuta, Isaac Terrazas y Edson Astivia; incluso también recuerda a Zizinho, el papa del mismísimo Giovani y Jonathan Dos Santos, cracks mexicanos, jugando en la Central. Del último jugador de renombre que tiene recuerdo es del hondureño Carlo Costly, quien participó con su selección en el reciente Mundial de Brasil 2014. 

Al preguntarle si aquellos futbolistas que después se volvieron famosos aún se acuerdan de sus orígenes en la Central, y en especial de él, don Lalo reconoce que todos los que jugaron en sus equipos eran amables personas. 

“Todos eran buenos muchachos. Se entregaban al equipo. Aquí siempre les hablaba derecho y les decía que no quería ‘estrellitas’ y ellos le entraban al equipo, jugaban bien. Y sí, con algunos tengo contacto, me siguen hablando. (Marco Antoni Sánchez) Yacuta me invitó a su boda, me trató muy bien. Eran buenos chavos”. 

Otra de las anécdotas que nos contó con referencia a ex futbolistas fue que uno de sus equipos llegó a la final del torneo y enfrentó a otro cuadro donde jugaban célebres exfutbolistas del Toluca: “Llegamos a la final y ese equipo venía muy fuerte porque traía a (José Manuel) Abundis y a (Enrique) Alfaro. Fue un partido muy cerrado, incluso nos iban ganando, pero al final les sacamos el partido”. 

Les pagan por partido jugado

Todos estos futbolistas –famosos o no- son conocidos como ‘talacheros’, pues cobran por partido jugado. El pago depende del nivel del jugador (o, como se dice, ‘dependiendo el sapo es la pedrada’) y va de 500 a 2 mil pesos por partido. Algunos llegan a jugar varias veces en una semana. Precisamente eso fue lo que hizo famosa a la Liga de la Central de Abastos: que ahí llegaron jugadores que después fueron reconocidos y otros que al retirarse jugaron ahí y cobraron. 

Don Lalo recuerda que jugar las Liguillas era toda una fiesta: “Comprábamos trofeos para todos los equipos que entraban a la Liguilla, todos se llevaban uno, no sólo el campeón. También hacíamos taquizas, les traía modelos (edecanes), había periódicos que sacaban los resultados y nos hacían reportajes, era una fiesta”, recuerda el sexagenario bodeguero. 

Hoy todo cambió para la Liga de la Central de Abastos. Atrás quedaron las enormes canchas y el frontón. Su nombre cambió a Liga de Futbol Siglo XXI Plus y quedaron confinados a tres pequeñas canchas (una de futbol rápido, una de futbol 7 y una más de futbol) al lado del basurero de la Central. 

Pero lo que no quedó atrás es ese interés de varios futbolistas que siguen persiguiendo aquella fama que forjó la Liga y buscan cobrar a toda costa, como bien lo recuerdan don Lalo y don Alfredo. 

“Hace no mucho vino un muchacho que quería jugar y cobrar dos mil pesos por partido. Dijo que jugaba con los Lobos BUAP (equipo de la Liga de Ascenso); nos enseñó sus fotos donde estaba entrenando con Lobos y unos videos, pero no, le dijimos que no estábamos interesados”, dice don Lalo. 

“También una vez vino a jugar ‘El Muñeco’, uno que salía en el show de Sólo para Mujeres. Andaba ahí jugando, muy ‘mamey’ pero con unas piernitas (risas); y pues no, el chavo nomás no la hacía jugando futbol”, cuenta don Alfredo.

El ‘Cuau’ los recuerda con cariño 

Y si don Lalo recordaba con cariño a todos aquellos jugadores como Cuauhtémoc Blanco y Germán Villa, entre otros, algunos de ellos tampoco olvidan esa etapa de su vida, como el propio ‘Cuau’, quien accedió a hablar con Chilango de aquellos años donde derrochaba su futbol en las canchas de la Central de Abasto.

“En la Central de Abasto creo que nos pagaban mejor que en el América: Cuauhtémoc Blanco” 

De entrada, el ídolo del futbol mexicano, amado por sus seguidores (especialmente los americanistas) y odiado por los fanáticos de los equipos rivales, pero venerado por todos cuando se ponía la playera de la Selección Mexicana, intenta rechazar la llamada telefónica, pues no quiere hablar de futbol ni entrar en polémicas. Pero cuando se le menciona que se trata de un reportaje del futbol de la Central de Abasto y se le cuenta que don Lalo se acordó mucho de él, su tono de voz cambia y hace un par de preguntas para cerciorarse si es verdad que hablamos de aquel señor al que tanto estima. 

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Quiere anotar otro gol en la política

Ya con la seguridad de que hablará sólo ese tema, Cuauhtémoc Blanco se desvive en elogios hacia el bodeguero que le incluyó en su equipo, aquel Rosario Central que marcó época en la CEDA, a finales de los años ochenta. 

“Fue una época muy padre. El señor nos pagaba por jugar. Nos daba un poquito más de dinero de lo que ganábamos por un partido que lo que nos pagaban en el América. Nos surtía de verduras, jitomates, pepinos, de todo lo que tenía ahí en su bodega, nos lo regalaba. Íbamos con él para echarle la mano para que quedara campeón. Era muy buena persona con nosotros. Cuando íbamos a la Central de Abasto nos llevábamos cajas de fruta que nos daba y nos íbamos felices para regalárselos a nuestras familias. 

“Había riesgo de que nos regañaran (en el América), pero nosotros lo hacíamos por necesidad, para ayudar a nuestras familias”, recuerda con nostalgia el veterano futbolista. 

Blanco se echa un clavado al pasado y recuerda que varios de sus compañeros del América jugaron en la liga de la CEDA antes de debutar. Iba a escondidas del club y, como todo muchachito, pagaba factura con las duras entradas que les daban diableros, cargadores o vendedores durante los partidos en los que las apuestas eran grandes entre los bodegueros. 

“Nos íbamos a escondidas para jugar con él (don Lalo). Había varios equipos y los empresarios apostaban ahí. Me acuerdo que estábamos muy jovencitos, teníamos 18 años, y jugábamos con gente muy grande, gente de experiencia, y nos daban de patadas tanto a Germán (Villa) como a mí. También jugaban Francisco Sánchez, Isaac Terrazas, Alberto Carrillo… casi todas las reservas del América de ese entonces íbamos a jugar allá”, comenta. 

Para cerrar la charla, el ‘Cuau’ reitera su agradecimiento a don Lalo y en sus palabras demuestra que por más que hoy sea un futbolista famoso, no olvida sus raíces ni a la gente con la que compartió las canchas, aquellas de la Central de Abastos que hoy ya son un mero recuerdo. 

“Es un gran tipo, todavía lo recordamos. Creo que nunca debes olvidar a la gente que siempre estuvo contigo apoyándote y el señor siempre nos apoyó. Le mando muchos saludos. Fuimos un buen equipo. Siempre había rivalidades con dos o tres equipos de ahí, pero nos fue bien ahí con don Lalo. Me gustaría volverlo a ver después de tanto tiempo. Serán como veinte años que ya no tengo contacto con él y me encantaría volver a revivir esos bonitos momentos. 

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“Se extraña eso, cuando jugabas en los barrios, con tus amigos, con tu gente. Me encantaría poder jugar una cascarita con toda esa gente que conocí desde los 10 años”, finaliza.

Ya nada es igual

Aunque los campos fueron reducidos, todavía hay bodegueros que buscan que sus equipos sean fuertes no sólo en esta liga, sino en otras de futbol amateur, por lo que también pagan a algunos jugadores, como un chico que jugaba en las fuerzas básicas del Atlante, pero que jamás llegó a debutar. Para jugadores como él, es una forma de llevar sustento a casa. 

Pero ya no es lo mismo de antes, ya no se hacen aquellas fiestas en las finales ni se entregan trofeos como en antaño. Sigue habiendo apuestas entre los bodegueros más jóvenes, apuestas de mucho dinero, de mercancías, de cosechas o bodegas enteras, todo por darle sabor al juego, pero con menos color que antes. 

Incluso los problemas de seguridad le han pegado al futbol y a los bodegueros. De forma amable, el encargado de la Liga nos pide ser discretos luego de hablar con don Lalo (se refiere a que evitemos tomarle fotos), pues a lo largo de los años él y su familia han sufrido intentos de secuestros. 

Nos despedimos del señor, quien tiende su mano firme y con una sonrisa franca nos invita a darnos otra vuelta para ver a los equipos jugar. 

Y mientras el sol cae al oriente de la ciudad, los equipos de la Central de Abasto juegan sus partidos: los futbolistas dejan el alma y la pierna por un pago que ayude a llevar dinero a casa y de paso para lograr ser de los mejores equipos amateurs. Jugar por amor al arte. 

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