El corrido del Excélsior

Si hubiéramos

 

A las pocas semanas de que el grupo de Julio Scherer García salió de Excélsior —se me ocurrió componer, con todo y música, uno de esos corridos al estilo de nuestro folclor popular sobre la tragedia del periódico.  Así como se narran brevemente los avatares de ídolos o personajes históricos, así intenté yo contar y cantar lo que era, según pensábamos, una desgracia para el periodismo del país. 

Una mañana, antes de las reuniones que a diario teníamos en la casa de distintos compañeros, donde fraguábamos planes, donde empezábamos a bosquejarlo que sería la revista Proceso, les canté quedito mi corrido a Julio y a Miguel Ángel Granados Chapa. Tenía la intención de llevárselo a Óscar Chávez —famoso por sus canciones de protesta— para que lo cantara, a manera de denuncia, en aquellos shows que presentaba en La Edad de Oro.

—No lo va a cantar —me dijo Julio.

—¿Porqué?

—No lo va a cantar.

Me topé con Óscar Chávez en los estudios Churubusco. Le entregué las páginas donde había escrito la letra del corrido.

—seguro que lo canto —prometió—, pero déjame que yo le ponga la música. 

No volví a saber de Óscar Chávez en tres meses. A finales de octubre del 76, Miguel Ángel Granados, Roberto Galindo, Carlos Marín y yo nos apersonamos en la Edad de Oro para reír con el show político del cantante. 

En un intermedio, Óscar Chávez fue a sentarse a nuestra mesa. Carlos Marín le pregunto por el corrido de Excélsior.

—Mis compañeros no me dejaron —se disculpo—. Tienen miedo de que les apliquen la ley de hielo en los periódicos, como represalia. De todos modos lo voy a grabar en un disco, por mi cuenta. Yo no me asusto. 

Tenía razón Julio, pensé. Y adiós. Hasta perdí mi texto original, olvidé la tonadita. 

Dos años más tarde, en 1978, escribí y publiqué en Joaquín Motriz Los Periodistas. Andaba yo por la Gandhi cuando me encontré una tarde con Óscar Chávez. Nos saludamos como siempre, y cuando estaba a punto de despedirme me detuvo.

—Espérate.

Metió su derecha en el bolsillo de la chamarra y extrajo un caset, de aquellos de cinta, de la marca Ampex 370.

—Aquí esta el corrido —dijo—, cantando por mí y con música mía. Para que veas que no se me olvidó. Pienso incluirlo en mi próximo disco. 

Nunca lo incluyó, nunca lo cantó en público, pero me emocionó el detalle. Aún conservo ese único caset, aunque esta un poco deteriorado: se atora a cada rato en el rewind. 

Publico por primera vez la letra del corrido. Es Chacón, pero traduce bien el estado de ánimo con el que vivíamos después del golpe a Excelsior hace treinta años.