El hermano gay del albur: el bufe

¿En qué se parecen estas dos formas de jugar con el lenguaje?

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El albur, una aportación del doble sentido que muchos atribuyen a los chilangos, es una práctica donde los involucrados intercambian palabras con un sentido sexual a veces muy bien camuflado, pero siempre dado a entender. El que gana en los albures simbólicamente resulta ser el más macho, mientras que el que pierde es colocado de inmediato en el lugar del abierto, el menos hombre, el “chingado”, tal y como nos cuenta Octavio Paz en su ‘Laberinto de la soledad’ sobre la Chingada. El albur es la agilidad mental, la pericia y la astucia para doblegar al otro. Es poesía y metáfora al mismo tiempo. 

Por otro lado, el bufe es una práctica gay desarrollada principalmente en la Ciudad de México y que consiste en más o menos lo mismo que el albur pero sin los tonos sexuales. Aquí el asunto es competir no por ser el más macho, sino por ser la más perra, la más poderosa. El bufe se trata de asumir una pose inquebrantable, de diva, aunque ciertamente muchas veces no se traigan más de 50 pesos en la bolsa, 30 para la chela en el Cabaretito y lo demás para regresar a casa antes de que el cierre el Metro. 

El bufe es un duelo por ser la más joven y bonita, la más acuerpada del antro o la colonia. El trofeo es ser reconocida por las otras como la más regia, todo siempre jugándose en el terreno de lo simbólico, de la farsa, de la imaginación, porque por lo regular quienes bufan y son bufadas pertenecen a la clase media de corazón que sale de antro cuando es día de pago. Ya saben, dobladoras de Zara de día, diva de antro en Rep. De Cuba en la noche.

Uno de los bufes más famosos durante algún tiempo fue un ringtone que decía: “Y tú qué me ves, qué me miras, qué me posas. Estúpida, ridícula, babosa. Porque yo cuerpatzo, caratza, piernatza. Porque yo soy una reina y las reinas usamos corona; las princesas, diadema; las perras, cadena. Y acuérdate muy bien de mi porte, de mi cuerpo y de mi rostro porque nunca te vas a olvidar de mí. Y que me disculpen las de atrás si mi trenza les molesta”. Palabras más, palabras menos, este bufe épico sintetizó la esencia de una práctica gay urbana en la que la batalla por triunfar se tradujo no sólo en llegar al antro con la prenda más arrolladora, sino en demostrar que la que bufa tiene la sartén por el mango.

 

Otro bufe muy famoso corrió a cargo del grupo Sentidos Opuestos con su canción “Fiesta”, en cuyo video puede apreciarse a una reina de la noche y la guapa Alessandra canta muy segura: “vamos las amigas, muy cerca hay un bar; sé que es nuestro día y vamos a triunfar. Estrellas de una noche no nos van a fastidiar, vamos a disfrutar”. La pose es indispensable para triunfar en el arte del bufe y es más bien una cuestión de actitud que de otra cosa. La bufadora mayor siempre será la que deje quietas a sus contrincantes, la que, como se dice en el argot gay, “le cante el precio a la otra”.

 

Para los menos entendidos, el bufe se basa en ser la más bonita, como en aquel video viral captado durante una marcha del orgullo lgbt de la Ciudad de México en el que se ve una riña entre dos chicas trans y al final le preguntan a una de las implicadas: “Por qué te golpeó”, a lo que ésta se remite a responder con un simple y demoledor “Por bonita”. El hash tag #PorBonita se hizo viral de inmediato y es utilizado hasta hoy con singular alegría.

 

La otra siempre será la más obvia, fea, pasiva y pobra, todo en femenino (aún con las implicaciones misóginas que algunos podrían argumentar). El bufe también puede ser involuntario  y surge en momentos clave cuando se escuchan palabras que en doble sentido se prestan para cantar el precio; palabras como estrecha, abierta, pasiva, pastilla, aguada, obvia, que para el buga común son utilizadas en cualquier contexto sin causar sobresalto alguno, dichas accidentalmente en el círculo de bufadoras se prestan para armar la de Dios es Padre, la cámara húngara, para ver quién es, simbólicamente, por ejemplo la más brava de las pasivas.

 

Los conciertos, principalmente los de Madonna, son una muy buena escuela para bufar, desde el precio del boleto que se compró, pasando por el medio de transporte que se utilizó para llegar, hasta el outfit elegido para la ocasión. El bufe aquí es saber, finalmente, que se está en el concierto de la reina. El bufe entre Madonna y Gaga es, para sus fans, cuestión de vida o muerte. Para concluir, podemos decir que el bufe tiene mucho que ver con la ilusión de creer que en realidad, la que bufa utiliza por ejemplo unos Manolo Blahnik, un abrigo de pieles, un Chanel No. 5 original o que es capaz de seducir y conquistar al chacal más codiciado del congal. El bufe es la ilusión aspiracional en la que la derrota del otro es la confirmación de la propia supremacía, como en el albur la hombría, aquí la majestad.

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