Diario íntimo de un tatuador

No piensen que es un oficio fácil

El Memo

Un tatuaje es para toda la vida… o eso creemos. La verdad no hay nada peor que tatuarte el nombre de tu amado o amada y terminar la relación al año ¿luego qué haces con la palabra ‘Güicho’ en tu brazo? Peor aún es ir con un mal tatuador y pedirle que te ponga un perro que termina pareciendo águila, o que engordes y la cara de tu hijo se parezca al señor Barriga. 

Los tatuadores han visto lo mejor y lo peor de la raza humana: clientes llorones, alergias a la tinta, gente que no sabe qué ponerse. Visitamos a Roy, de MOB Studio con 17 años arruinando -perdón- mejorando el cuerpo de las personas y su socio, Arturo, para que nos contaran qué es lo mejor y lo peor que han visto. 

¿Cuál es el peor cliente?

Definitivamente son los que no saben lo que quieren -dice Roy- una vez vino uno que dijo “quiero un tatuaje chido, acá, de todo el brazo, que se vea bueno, que me llegue hasta la espalda”. Yo le pregunté “¿Y qué quieres?” y me dijo “No, pues no sé ¿no tienes un catálogo?” ¡ja ja! 

¿Ésos son los peores?

Otros peores son los que vienen a pedir descuento o que se les hace muy caro el precio. Yo no cobro mucho pero se los dejo muy bien. A veces quieren un tatuaje de toda la pierna y cuando les digo el precio me dicen “¡pero si me hicieron todo el brazo por 250 pesos!”. Pienso “pues por eso te lo dejaron así, mano”. 

[Da clic aquí para conocer el Museo del Tatuaje en el DF]

¿Vienen clientes que quieren taparse su tatuaje anterior?

Sí, sobre todo cuando son iniciales o de plano ya se cansaron de lo que traen. Una vez una chava vino con un tatuaje que decía “duende” que otro tatuador trató de taparle con unas flores y se lo hizo tan mal que todavía se veía. O sea, dos veces taparse lo mismo, estuvo de lo peor. Se lo dejé bien chido. 

¿Tatúan cualquier diseño?

No, no todo: una vez llegó una chica pidiendo “un ancla a la que le salieran flores y que se convirtieran en mariposas, en estilo de acuarela, pero tribal” ¡pffft! cosas intatuables. O el clásico “quiero un calendario azteca pero en mi dedo”. Yo los asesoro, pero muchas veces se ponen necios y tengo que decirles que no. 

¿Los clientes chillones son lo peor?

No, para nada, cada quien resiste el dolor como puede, aunque hay gente que aguanta una hora de trabajo y ya, regresa a otra sesión. En el otro extremo una vez en Playa del Carmen un tipo grandote como vikingo me pidió un tatuaje enorme y estuvo como seis horas, ese fue mi récord, casi me desmayo… de hambre. 

¿Hay clientes que se te ponen mal por reacción alérgica?

Sí, pero es que no sabes cómo va a reaccionar el cuerpo. Mis tintas son de la mejor calidad pero el sábado tuve a una chica que se hizo un tatuaje pequeñísimo en la muñeca. Le hizo mala reacción y le dio temperatura. Yo les pido que se cuiden el trabajo cuando está fresco, nada de que me cae grasa o lo expongo al calor. A veces vienen chefs que se ponen cosas en los brazos y al otro día se van a la cocina, eso está mal.

¿Han puesto tatuajes con faltas de ortografía?

A mí me tocó una vez -dice Arturo- que un chavo llegó con la frase “Thank’s God”. Pues yo no sé bien inglés y puse lo que escribió. Luego regresó y me dijo que no iba el apóstrofe, me sentí mal, pero pues él lo quiso ¡ja! 

[¿Ortografía? Aquí algunas curiosidades del español que seguramente no conocías]

¿Vienen clientes de todas las edades?

A veces pasan por aquí los chavillos y tratan de engañarme de que son mayores de edad y cuando les pido su identificación me dicen que se les olvidó. Los corro de mi estudio, aunque me traigan a sus papás porque su cuerpo todavía no embarnece y seguro les va a quedar feo después. Lo que sí una o dos veces al año vienen señoras de más de 60 años que quieren ponerse algo en el hombro o en los brazos: me ha tocado trabajar con ellas y ni modo, a estirar la piel ¡jajaja! 

Ahora ustedes chilangos ¿han tenido malas experiencias con tatuadores?