15 cosas que vivimos las caderonas TODOS los días

¿Quién diablos dijo que un kilo de cadera no es cadera?

iStockClose-up rear view of beautiful young woman with perfect buttocks riding bicycle

Tener una cadera prominente puede tener sus pros y sus contras. Entre las ventajas se encuentran algunas cosas que ha comprobado la ciencia, como por ejemplo, que sus dignas portadoras tienen hijos más inteligentes.

Esto según un estudio hecho en la Universidad de Pittsburgh que asegura que esa grasita almacenada en esta peculiar zona contiene DHA, un componente muy importante en el desarrollo del cerebro del bebé.

Pero, amén de lo que diga la ciencia, quienes tenemos una cadera generosa en proporciones debemos enfrentar algunas luchas a diario. Porque: ¡caderonas somos y en el camino andamos!

1. Los jeans que te ajustan en la cadera suelen quedarte enormes en la cintura. Y entonces te la pasas vagando como alma en pena por las tiendas de ropa para encontrar algo que te ajuste en todas las zonas de tu cuerpo. Una misión verdaderamente desafiante.

2. Ese momento crítico en el que lavas esos jeans e intentas volver a ponértelos. Por fin encontraste los pantalones que te quedan bien. El día en el que los lavas y osas meterlos a la secadora… ¡pum! Se convierte en un reto hacer que te entren de nuevo.

3. Sudas frío cuando subes un poquitín de peso e intentas volver a ponerte esos pantalones que te quedaban de maravilla. Se quedan atorados a mitad del camino. A lo mucho llegan hasta los muslos, por lo que piensas en untarte mantequilla para que vuelvan a subir y puedas salir victoriosa a la calle.

4. Al sentarte en una silla angosta puedes morir en el intento de salir de ahí. Tu sobrinita te pide que tomes el té con sus muñecas. Amablemente te ofrece un asiento en esas diminutas sillitas que rodean una mesita. ¿Cómo decirle que tu cadera te impide sentarte ahí? O peor aún, quedarte atascado en la silla de tu trabajo. ¡SOS!

5. Creer que puedes pasar por un lugar estrecho, pero… oh, sorpresa: no pasas. Nomás no pasas. De frente es imposible y de lado, también. 

6. Usar faldas con corte en A hace que retrates a todos por Detroit. Te da la apariencia de una muñeca de antaño.

7. Subir las escaleras con una falda o vestido y con alguien detrás de ti no es nada divertido. Tendrá una vista en primera fila de tu trasero.

8. Hay de dónde agarrarse… Pues bueno, también tiene sus ventajas, como decíamos al principio. Una de ellas es que la cadera se convierte en una excelente agarradera a la hora de darle gusto al gusto. ¿Quién es uno para negarse?

9. Montar bicicleta acentúa esta zona de tu cuerpo. Es bien sabido que los asientos de las bicis son diminutos. Al montar una, tu cadera queda eminentemente fuera de toda dimensión. 

10. Si además de tener la cadera ancha tienes piernas gruesas, es muy probable que tus pantalones se desgasten en las ingles y, eventualmente, se rompan. Entonces te llenas de parches, remiendos u optas por romper más partes de tus pantalones y seguir la moda de lo desgastado.

11. Si estás sentada en una silla y alguien te dice: “¿me haces cancha?”, le contestas: “¿es neta?”. Una no queda como Horacio, prácticamente te quedas sentada en el aire. Compartir tu preciado asiento no está dentro de tu top ten de cosas que te gusten.

12. Puedes cerrar la puerta del coche con la cadera sin-pro-ble-mas. ¿Tienes las manos ocupadas? ¡Cierra la puerta a caderazo limpio!

13. Si te pones un cinturón, pareces una tierna abeja. Como se acentúa tu figura, te puedes echar un quienvive con la abeja Maya para ver quién luce mejor.

14. Los pantalones a la cadera te hacen lucir como un lindo panqué. Porque si tienes un poquitín de grasita en la cintura, ésta se acomoda estratégicamente encima de tus pantalones a la cintura para darte la imagen de un cupcake.

15. La parte horrible y que no resulta nada chistoso, e incluso, es considerada como un delito: sueles escuchar comentarios ofensivos en la calle. Nunca faltan los que quieren hacerse los chistosos y te dicen cosas como: “pareces payasito de esquina”, “si caes de sentón, rebotas”. Y seguramente has cachado a más de uno viendo esta zona. Créanlo, nada de esto está padre. 

Con todos los inconvenientes y ventajas, nadie podrá quitarnos el inmenso amor que profesamos por nuestras caderas. ¡Sí, señor!

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