Confesiones de una taxista

Carmen, una ruletera en un mundo de hombres

Claudio Gardea

Desde los carriles centrales de Tlalpan, en dirección al sur, un tipo que va en un auto grita con tal volumen que nos hace voltear a todos los que estamos afuera del Metro Nativitas “¡HUEVOS DE DINOSAURIO!” Frente a mí, que camino hacia la esquina, una señora se sube a un taxi cuya conductora voltea a verme, ríe y me dice –viéndome a los ojos- ¿qué quieres rey? ¡Todo mundo me conoce!


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María del Carmen Pérez Rosales, Carmen para los cuates, conduce un Tiida que a simple vista parece nuevo. De padre, hermano, primos y tíos taxistas, a los seis años Carmen tuvo el deseo ser taxista y a los 19 lo cumplió. Alrededor de los 16 años trabajaba en los Baños Señorial, a los que acudían varios artistas, entre los que estaba el actor Héctor Lechuga, quienes le daban la propina en dólares. Ella los entregaba a su mamá, quien los guardaba en una caja.

Dejó ese empleo porque uno de los encargados le lanzaba el can y, como ella no le entró, un día que llegó tarde la regresó. Salió y se fue directamente a poner la demanda laboral que salió a su favor y que le dejó un capital que también entregó a su mamá.

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Cuenta: “Trabajaba y estudiaba. Iba en el CCH Vallejo, donde me hice novia de un muchacho con la condición de que me enseñara a manejar, así es que de inmediato me dijo como se hacía. Al segundo día le pedí que me dejara conducir y me metí al Centro, desde ahí empecé a manejar”. Luego trabajó en un criadero de perros y en una refaccionaria. Mientras terminó la prepa y un semestre de la carrera de derecho en la UNAM, estudios que abandonó porque se embarazó y “la casaron por el civil”.  Ya habían comprado un coche Caribe con los dólares que su mamá había guardado.

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Ese carro lo cambiaron por un vocho que hicieron taxi para que trabajara el marido, de quien se divorció en friega pues resultó un huevonazo de primera, por  lo que Carmen tomó, hace casi 24 años, el camino que había escogido desde chavita. Es su trabajo y su pasión; le da para sacar adelante a sus dos hijos  y llevar una buena vida. Llegó a tener ocho taxis, a administrar otros cinco y a ser líder de dos bases, pero la mayor satisfacción es que en el taxi conoció al amor de su vida, con quien mantiene una relación de más de 20 años aunque él es casado.

 

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Y no ha sido fácil “porque cuando empecé la discriminación contra la mujer era inmensa, la situación no era como es hoy además estaba bien morrita, aunque en estos tiempos aun hay gente que me rechaza, pasa de botana y espera otro taxi. Es irónico pero las que más me hacen eso son mujeres, somos nuestras peores enemigas”, comenta.

Queriendo crecer puso un auto a nombre de su segunda pareja, quien la demandó por robo de auto y la llevó a la cárcel. Unas horas bastaron para que conociera ese infierno que prefiere no recordar. También tiene muchas anécdotas, como éstas:

“Se subieron tres hombres de Jalisco y en el camino me dijeron ‘es que los Shilangos son muy…’ los interrumpí diciendo qué shilangos ni que su shingada madre, somos defeños cabrones y si no les gusta bájense, a la chingada. Se cagaron de risa y me dieron 300 pesos por la llevada del Estadio Azteca a Polanco”.

También platica que “A veces la gente me hace la parada y cuando me acerco como que ya no se quieren subir, les hablo y dicen ‘es que vi que traía una señora acá adelante’. Me ha pasado varias veces y me la describen, no me da miedo pues creo que es mi abuelita que me cuida”, dice. Y así debe ser, o es muy afortunada, porque en tantos años de andar en el taxi nunca ha tenido un choque fuerte y nunca la han robado.

Al encuentro

Carmen maneja como máster, segura, tranquila, sin jaloneos, frenadas bruscas o  sacudidas. Su auto está al tiro, es cómodo y limpio. Te trata a todo dar y, en fin, a ella Uber no la ha dejado a pie.  La encuentras en la Agrupación Américas Lago A.C., la que está  en la parada del Metro Nativitas de la Linea 2. Si quieres, te puede dar servicio si se ponen de acuerdo en el celular 55  5476 3705.

Es muy importante que consideres que no sube más de tres pasajeros (adelante no va más que ella), no acepta bultos que puedan ensuciar, dejar mal olor o dañar el vehículo porque, aclara, “es para dar un buen servicio a mis clientes, que regularmente quedan conformes”. Aunque no niega que hay quien se molesta por esas restricciones o porque, simplemente, no se deja que por ser mujer quieran verle la cara.

Te manda saludos

Nuestra amiga taxista reconoce que su trabajo no es fácil, porque simplemente el tránsito es una locura “Algunas veces me han dado ganas de tomar un taxi e irme a mi casa”, dice soltando una carcajada. “También sé que hay muchos peligros pero tenemos que confiar en nosotros mismos y en Dios. Debemos ser amables y disfrutar esta ciudad que es hermosa. Tenemos que gozarla”, dice, y para terminar, manda saludos a los chilangos que lean esto: “Huevos de dinosaurio”.

¿Qué te pareció la vida de este personaje chilango? Ahí está su fon, por si se te ofrece una dejada. 

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