¿Cómo funcionan las librerías de viejo?

¿Te sobran libros en casa?

El Memo

¿Vale la pena ir a una librería de viejo? ¿es cierto que te compran tus libros a precio de ganga para después revenderlos carísimos? ¿Podrías encontrar una edición rarísima escondida? Las librerías de viejo son una tradición en nuestra ciudad: en los años noventa eran la opción para encontrar libros baratos (¿quién no buscó libros de la escuela ahí?) aunque de unos años para acá parece que sale mejor ir a comprar los libros nuevos, que buscar y buscar entre toneladas de antigüedades.

Para salir de la duda y saber cómo se maneja este negocio y cuáles son los secretos de los lectores mexicanos, fuimos a preguntarle a Max Ramos, dueño de ¡cuatro! librerías de viejo: la Librería de Paso Jorge Cuesta, El Hallazgo, El Burro Culto y La Niña Oscura. Esto nos contestó:

Los libros, como me los vendan

“Mi negocio es la compra y venta de libros. De eso vivo. Llevo más de 16 años en este negocio y soy muy cuidadoso con el precio de cada ejemplar. Pero si alguien me viene a vender libros metidos en bolsas de basura, estarán de acuerdo en que para esa persona son basura y así se los compro. Yo respeto mucho a las personas que se ponen a investigar sobre lo que traen, y que me explican porqué piden una cantidad determinada. Ahí sí podemos negociar. Si quieres vender libros a buen precio, no me los traigas por kilo, es darle valor al mismo libro ¿no?”

Colecciones completas… depende

“Las razones por las que alguien se separa de su colección de libros son comunes: porque te vas a mudar de casa o de país, porque el abuelo se murió o porque tienes una enfermedad y quieres sacar algo de dinero. De eso depende la venta: hay gente que me llama para venderme una biblioteca completa con la consigna de cotice en muy poco tiempo. Sería imposible ponerme a analizar cada libro así que hago un estimado por cantidad, pero créanme: me ha tocado encontrar joyas literarias que el vendedor no ve porque no las revisa. Mi consejo es: dense un buen tiempo para revisar antes de vender”.

¿Quién colecciona libros?

“El mundo de los coleccionistas es muy extraño: tengo una librería (El Burro Culto) que es privada y en donde guardo ejemplares muy específicos. Si alguien me pide una edición especial, seguro está ahí. Ahora bien ¿cómo son los coleccionistas? Pues ahorita tengo un chico de 16 años que está clavadísimo comprando primeras ediciones de autores latinoamericanos. Tengo gente adulta que pide ediciones de alguna editorial en específico. No es que los libros en sí sean raros o inconseguibles, es que piden cosas demasiado específicas, como los 50 primeros libros de una editorial, por ejemplo”.

¿Hay un best seller de viejo?

“Sí: Pedro Páramo. Cada tercer día viene alguien a buscar un ejemplar, ya sea porque se los pidieron en la escuela, porque son extranjeros o porque quieren releerlo. En la Librería Jorge Cuesta otro best seller es el poeta Francisco Hernández, que vive muy cerca de aquí. En los últimos años la literatura latinoamericana se vende muy bien (argentina o chilena) y la norteamericana. Es lo que más vendo”.

¿Qué libros no tendrías jamás?

“Casi todos son bienvenidos. Pero quiero derribar el mito de que todos los libros nos ilustran más y que siempre nos dejan algo bueno. Hay libros muy prejuiciosos que nos hacen mucho daño. Antes de ser librero soy lector voraz, así que si llega a mi local el libro de Los Hornos de Hitler, el Manual de Carreño o la colección completa de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, los mando directo a la mesa de saldos. No me pesa no tenerlos en mi librería”.

¿Es bueno que los jóvenes lean sagas juveniles?

“Definitivamente sí: la lectura es algo que nos abre ventanas a otros mundos y a otros autores. Claro que hay chicos que solo se quedan en Harry Potter, pero hay muchos (muchísimos) que saltan a autores como Bradbury o William Golding. Las sagas juveniles son un tránsito que deja muchos lectores a futuro”.

¿Por qué a veces los libros de viejo son más caros?

“Eso responde a varias cuestiones de mercado: hay un modelo japonés (y ahora español) en el que un libro te lo compran en una décima parte y lo venden diez veces más caro. La razón es que nunca sabes cuándo va a salir a la venta y si lo tienes que tener ahí por meses. Por otro lado en México se popularizaron los lugares de saldos (como los que hay en Salto del Agua) en el que, efectivamente puedes encontrar libros baratísimos. Los libros usados son diferentes de los saldos: esos son los sobrantes de las editoriales que dan a buen precio. Aquí es diferente: te ayudamos a encontrar un libro raro o que ya no está a la venta en librerías”.

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Lo que sí sabemos es que entrar a una librería de viejo, solo por el gusto de visitarla, es una experiencia única. Max Ramos tiene la política de que el visitante encuentre por sí mismo esa lectura que lo atrape y no lo presiona. Uno puede pasarse horas enteras ahí

¿A ti te gustan las librerías de viejo? ¿conoces una que valga la pena? ¡Cuéntanos!