5 formas en las que un Puma entiende la rivalidad con América

Este domingo se enfrentan en Ciudad Universitaria

Cuarto Oscuro
Cada vez que juegan Pumas y América, la capital se divide en dos. No, no se me olvidó que también existe el Cruz Azul, pero ante su falta de títulos en los últimos años, el equipo celeste ha perdido chispa en sus respectivas rivalidades chilangas.
 
Para entender el Pumas-América, primero hay que conocer a sus aficiones, cada una con sus particularidades. Quizá lo único que comparten son sus orígenes chilangos, y a partir de allí cada una ha ido desarrollando su propia identidad, identidad que se ha forjado a base de orgullo, vanidad, dinero, pasado y traición.  
 

El orgullo

Hay una distinción muy importante entre una afición y la otra: el orgullo universitario. El hecho de representar a la máxima casa de estudios del país, hace que el aficionado puma levante el pecho y refuerce los valores y la ideología de la UNAM. El famoso lema “por mi raza hablará el espíritu”, acuñada por José Vasconcelos, se ha trasladado de las aulas al campo de fútbol, al ser adoptada por los aficionados pumas como frase motivacional para su equipo. Pumas es el único equipo del futbol mexicano que salta al campo 10 minutos antes de cada partido como local para cantar su himno junto con toda la afición. Los valores universitarios también hablan de lealtad, respeto, pasión, honestidad, solidaridad y compromiso. En América esto no sucede. ¿Cómo puedes reconocer a un aficionado puma en el estadio aún sin traer la camiseta puesta? Muy sencillo. Domina todas las porras, señales, cánticos, himnos y hasta cualquier movimiento corporal. Entre ellos se huelen, se identifican… Es parte de su orgullo. 
 

La vanidad

En el fútbol, quizá como en ningún otro espectáculo, el aficionado suele exaltar todas las virtudes de su equipo. Es como si se vieran al espejo y solamente encontraran cosas bellas. Por ejemplo, al fan americanista nunca le vas a ganar una. Podrá estar el equipo en la peor crisis, pero le restregarán en la cara al hincha puma los 12 campeonatos de liga que poseen, cinco más que ellos. Usan los números y las estadísticas según les convenga. Ese dejo de superioridad lo expresan en adjetivos como “papá”, “dios”, “grande” y el célebre “ódiame más”. Esta es la vanidad águila, siempre encontrando la manera de verse más guapos que su rival, más grandes, más fuertes, más deseados. El hincha puma no se queda cruzado de brazos y acusa al americanista de deslealtad: “cuando ganan están activos en redes sociales, pero cuando pierden parece que se les va el internet”. Y es que un vanidoso mejor ni sale de su cuarto cuando sabe lo mal que se puede ver.
 

El dinero

En esta rivalidad, como en muchas otras del deporte profesional, el dinero juega un papel preponderante. El aficionado águila hace alarde del poderío económico de su equipo, capaz de desembolsar cantidades estratosféricas con tal de tener en sus filas a los mejores jugadores de la liga y a grandes estrellas extranjeras. No en vano son conocidos como los “millonarios”. Por el contrario, los Pumas son un club cuya identidad es la cantera, que a lo largo de su historia nunca se ha caracterizado por pagar los mejores sueldos ni hacer contrataciones bomba traídas del exterior pero sí por la producción de buenos futbolistas. Sin importar su situación económica personal, el aficionado americanista se vanagloria del poderío de su equipo como si fuera propio. Es entonces el dinero, otro factor de odio deportivo entre los de Coapa y los del Pedregal. 
 

La traición

Algo que no soporta un hincha de los Pumas es que se marche al América un jugador formado en su cantera. Tampoco les hace ninguna gracia que llegue a Ciudad Universitaria un futbolista formado en las divisiones inferiores del odiado rival. Desde los tiempos de Enrique Borja, quien surgió de la UNAM y siendo un ídolo fue vendido al América, esto ha sido un tema recurrente en la rivalidad. Hugo Sánchez vistió también las dos camisetas y posteriormente Luis García, Adolfo Ríos, Alberto García Aspe, Joaquín del Olmo y Brauilo Luna. Todos ellos tuvieron algo en común: formados en Pumas y contratados después por América. Pero cuando fue al revés, la afición universitaria no perdonó: Raúl Salinas, un jugador con mucho menos prosapia que los citados anteriormente, vivió un infierno desde el momento mismo en que su fichaje fue anunciado. En Pumas no le perdonaron su pasado águila. Rubens Sambueza es el único jugador en el plantel actual que ha vestido ambas camisetas. ¿Traicionero? No. No es canterano, no fue ídolo en Pumas y en el intermedio pasó por Tecos.
 

El pasado 

¿Qué hay del pasado? A todo el mundo lo van marcando sus antecedentes y en el apasionado mundo del futbol no es la excepción. Si pretendemos nuevamente saber por qué no se quieren nada ambas aficiones, habrá que echarle un ojo a la final de liga en 1985, que se tuvo que decidir en un tercer partido lleno de polémica, con el América coronándose en la Corregidora de Querétaro gracias a una “manita” arbitral de Joaquín Urrea. Eso marcó un antes y un después en esta rivalidad y desde entonces, las dos aficiones no se quieren ni tantito. Se los digo como hincha: el que tu equipo juegue una final automáticamente convierte al rival en un enemigo eterno porque las finales JAMÁS se olvidan. Tres veces, entre 1985 y 1991, se toparon en la final de liga aves y felinos. Ninguna otra final del futbol mexicano se ha repetido tantas veces en un periodo de tiempo tan corto. Y si a eso le agregamos la polémica que las han rodeado, ¡bingo! Tenemos ante nosotros una tremenda rivalidad.  

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