Caso 3: Jorge Viteri

Crímenes de odio en la ciudad

 

Maniatado EN EL CLÓSET
28 de febrero

El empresario Jorge Viteri había decidido vender su capital del restaurante China in a Box, en Paseo de la Reforma, y apostar a dos nuevos negocios: la producción de trufas de chocolate y la venta de regaderas ecológicas. Aunque osado, el viraje le estaba dando una vida cómoda: poseía un departamento en la Del Valle y estaba cerca de construir una casa de descanso en Morelos.
Festivo e irónico, solía entregarse a la vida social. La noche del viernes 27 de febrero condujo su Neon hasta la Zona Rosa y llegó a su antro consentido, El Taller, donde a sus 58 años solía ligar otros hombres. De 1.75m, bigote y lentes, Jorge atraía por masculino. Al menos una vez por semana transitaba entre la pista, la barra y, a veces, el “cuarto oscuro” de ese bar.
La madrugada del 28 de febrero salió del antro de la calle Florencia y se dirigió a su edificio, en el número 215 de Eje 8 Sur. Pese a que un vecino sostiene que al departamento entraron tres personas, no percibió en la noche ruidos anormales. Tampoco Juan, el portero: «A las 8:30 pm me encierro a piedra y lodo. A las licenciadas y policías que me interrogaron les dije que no sé lo que pasa después.»
El fin de semana, Ileana Viteri —una de las tres hermanas del empresario— habría intentado contactar telefónicamente a Jorge, pero no hubo respuesta. El lunes a la tarde, preocupada, se dirigió a la segunda planta del edificio de la Del Valle. Hacia las 7 pm pidió a un empleado del edificio ayudarla a a forzar la cerradura para entrar. En casi 70 horas no habían surgido de ahí movimientos ni ruidos. Entró. Al abrir el clóset de un cuarto, vio el cuerpo desnudo de Jorge, atado entre ropa con una cuerda de varios metros.  La Policía Preventiva recibió el aviso. La patrulla P36-05 y otros cuatro vehículos de la SSP, con unos 20 agentes, acordonaron al edificio, y poco después llegaron los agentes y peritos de la PGJ.
El cuadro del departamento en el instante en que el cadáver fue retirado era anárquico: cajones abiertos, libros en los pisos, objetos y documentos revueltos. Ningún vecino escuchó algo anormal. Como en los asesinatos previos, SEMEFO no detectó en el cuerpo marcas de amordazamiento ni sedantes, dos posibles causas de que Viteri no gritara.
La autopsia indica que murió de «asfixia por estrangulación.» El cuello tenía un «surco escoriativo» de 0.5 a 1cm originado por una cuerda o algún otro objeto extendido que, al impedirle respirar lo hizo morir. El cadáver presentaba múltiples raspaduras y moretones y dos surcos en las muñecas: «Pensamos que lo tenían maniatado», dice el titular de SEMEFO.
Con 14 días de distancia respecto al anterior asesinato, varios factores de los anteriores homicidios se repetían: Jorge consintió que alguien entrara a su casa: cerraduras y ventanas se encontraban intactas. Fue asesinado con crueldad. El o los agresores también eligieron un gay maduro que vivía solo.
Jorge Viteri Castillo fue velado el 3 de marzo pasado en la Funeraria Lomas Memorial, de la Carretera a Toluca.