Caso 1: Sergio Segura

Crímenes de odio en la ciudad

 

112 lesiones de arma blanca
3 de febrero

El fin de semana en Veracruz no fue lo que el productor Sergio Segura esperaba. La comida le había causado una descompostura que apagó la alegría de vacacionar. La mala fortuna lo perseguía: en septiembre de 2008, directivos de TV Azteca lo despidieron tras haber sido por seis años cerebro del reality show La Academia, el responsable de dirigir los elencos, revisar los guiones y dar eficiencia a la producción.
Con la escapada al puerto, él y sus amigos buscaban despejarse, para de regreso poner las bases de una empresa. Franco y enérgico, Segura había resuelto que, de regreso al DF, dirigiría la primer junta de planeación del nuevo proyecto ligado al espectáculo. La noche del martes 3 de febrero los tres amigos volvieron, y Sergio se dio tiempo para llevar a uno de ellos —al que conocía desde hacía 28 años—, a su domicilio, en la Jardín Balbuena.

A las 9:30 pm se despidieron, con la promesa de hablarse al día siguiente.
Segura, homosexual asumido de tez morena y físico de gimnasio, entró a su casa pasadas las 10 pm: la número 15 del Fraccionamiento Villas Puerta de Hierro, en Magdalena Contreras.
Según testimonios de los vecinos, la noche en ese punto elevado del DF transcurrió en silencio. La seguridad privada tampoco percibió ruidos perturbadores.
Pero al amanecer del 4 de febrero, al iniciar su faena, un jardinero descubrió sangre en la puerta de la vivienda de Segura, y avisó a la caseta de vigilancia. Minutos después, acudieron peritos y agentes del Ministerio Público.
La tarde siguiente, el amigo al que Segura había dado un aventón lo llamó, según lo acordado. No hubo respuesta: «Pensé que estaba en el gimnasio, a donde iba diario.» A las 7 pm, un rumor se propagó entre gente de la farándula: el ex director de Nuevos Proyectos de TV Azteca había sufrido un accidente de auto. Amigos y familiares iniciaron la búsqueda, hasta que un amigo decidió acudir al domicilio. En la entrada del residencial de avenida San Francisco, agentes de la patrulla P62-13 acordonaban el área. Sergio Vicente Segura Hernández, de 40 años, había sido asesinado. Su cadáver ya estaba en la Fiscalía Desconcentrada en Magdalena Contreras.
Érika, su sobrina, comunicó la tragedia a la familia directa. A la 1 am del 5 de febrero, los hermanos de Sergio identificaron el cuerpo.

El día 7, el mejor amigo de Segura constató en la casa de Contreras que el o los homicidas robaron una lap-top, un iPod, un celular y una cartera. Forzaron sin éxito su caja fuerte. Por último, fue extraída una Jeep nueva —la adquirió tres semanas antes de morir—, que días más tarde apareció en Tlalnepantla con manchas de sangre.
La investigación pericial indicó que, probablemente, Segura consintió que entrara a su casa quien más tarde lo mató, pues en las cerraduras y ventanas no había forzamiento.
El cuerpo de 1.80m fue enviado a la SEMEFO. «Sufrió doce heridas por mecanismo cortante, y 100 heridas por mecanismo punzo-cortante; es decir, 112 heridas por arma blanca en todo el cuerpo», indica Felipe Takajashi, director de esa institución. Aunque le causaron un dolor inimaginable, sólo las heridas del cuello le provocaron la muerte, al destruir las estructuras vasculares.
El cadáver de Segura presentaba, además, «zonas equimóticas» (moretones) y «escoriaciones» (raspones) en cara, brazos y piernas.
«Ningún “profesional” que cobra por matar ejerce esta violencia —dice el director de SEMEFO—. Un sicario realiza un disparo, no tiene por qué invertir tanto tiempo en propinar 112 lesiones con las que deja más indicios y se arriesga a ser visto, identificado, detenido. No fue un trabajo profesional, o si lo fue buscaron desviar la atención: hay formas más rápidas y efectivas de quitar la vida.»