Cap. 6 De Ciudad Satélite para el mundo

Tenía que ser el Estado de México

A pesar de todo, Satélite ha hecho contribuciones a nuestra forma de vida 

1. EL BAZAR DE LOMAS VERDES

¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? ¿El bazar de Lomas Verdes o Pericoapa? Tras la devaluación de 1982 muchos mexicanos quedaron imposibilitados de viajar a Estados Unidos a comprar sus Kike y sus Levi´s. Se hizo entonces de la fatyuca una forma de vida. La moda era comprar tus trapitos en un “Bazar”. Este nombre conservó el estatus de los asistentes distinguiéndose del tianguis del populacho (aunque fuera prácticamente lo mismo). Costumbre que se mantiene hasta nuestros días y que inmortalizó el grupo Flans en una canción. 

2. LOS RESIDENCIALES

Ciudad Satélite fue el primero y a partir de ahí nos recetaron durante años en comerciales del Canal 4 diversos suburbios siempre a sólo unos minutos de la ciudad. Tan malos eran los comerciales que no hay chilango que no se muerda la lengua el día que conoce Condado de Sayavedra y se da cuenta de que está poblado de mansiones y no de casitas de interés social. Avanza la ingnorancia. 

3. CAFÉ TACVBA

Quién iba a pensar que de un suburbio de aspiraciones yanquis iba a surgir el grupo de “Música Mexicana Contemporánea” por antonomasia. O tal vez, sólo en Satélite se comprende una necesidad tan clara de afirmar la identidad nacional. Sí señor. 

4. EL SAPO CANCIONERO Y FERNANDO DELGADILLO

Mismo caso que el de los Tacvbos, el trovador de moda que levanta suspiros en las jovencitas cursis pero de izquierda, no salió de Coyoacán. Inició su carrera en la mítica Peña del Sapo Cancionero de Satélite, cantando canciones de Pablo y Silvio y extendiendo su influencia a toda la capital. Ora sí que ten miedo de mí. 

5. LOS COCHES ARREGLADOS

Posiblemente no se inventaron aquí, pero sí los perfeccionaron. Desde accesorios básicos, equipos de audio insólitos hasta la transformación de un vocho en un Porsche, todo se puede. 

6. JORGE “EL NEGRO HIPÓLITO (NOISELAB) Y URIEL WEIZEL (IBERO 90.9)

Por separado, melómanos empedernidos, mucho de lo que escuchamos en radio o compramos en la tienda de discos, pasó primero por sus oídos.