Álvaro Cueva critica a los televidentes mexicanos

¿Somos una bola de hipócritas con los programas de tv?

Los mexicanos somos unos hipócritas de primera. Nos la pasamos atacando a la televisión nacional dizque por tonta, dizque por hueca y dizque por negativa. Pero a la hora de los trancazos somos los primeros en sintonizar, y hasta en promover, los programas más tontos, más huecos y más negativos de otros países. ¿Por qué? Tal vez porque en nuestra mentecita infantil creemos que la basura, cuando es extranjera, es menos basura. ¡Cuidado! Aquí pasa algo que impide el desarrollo de la televisión nacional. ¿En qué sentido? En todos. Por un lado está el público, pero por el otro también están las televisoras y los anunciantes.

La gente dice: ¡Oh, qué horror! ¡Telenovelas! ¡Huye! ¡Son refritos! ¡Historias de amor! ¡Siempre se están copiando! ¡Siempre están contando lo mismo! ¡Maldita industria que nada más está estirando sus producciones hasta desgraciarlas!

Ah, pero no fuera una telenovela colombiana, brasileña o coreana porque entonces sí sería la octava maravilla del siglo XXI, ¿verdad? Ellos también hacen refritos, también cuentan historias de amor que se repiten y alargan sus emisiones hasta que se cansan. ¿Entonces? No, pero esto se pone peor. ¿Acaso la mayoría de las series que nos llegan de EU, desde The Big Bang Theory hasta Bones, pasando por títulos de culto como Game of Thrones y Black Sails, no cuentan historias de amor?

¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué el amor entre mexicanos es malo y entre gringos es bueno? ¡¿Por qué?!

¡Oh, sí! ¡Qué asco, nosotros tan copiones! ¿Qué, a poco los productores de otras partes del mundo no se copian permanentemente? ¿Entonces por qué todas las pantallas gabachas están llenas de los mismos reality shows? ¿Por qué los canales de todos los países no salen de los mismos policías, médicos forenses y hasta vampiros? ¡¿Por qué?! ¿Acaso eso no es contar siempre lo mismo? ¿Y por qué aquí nadie los despedaza con rabia?

Neto que sí estamos bien enfermos. Si nosotros vivimos del refrito, los creadores extranjeros nos dicen: “Quítate que ahí te voy”. Ellos no solamente compran los derechos de lo que se hace en países como Israel, Inglaterra y Dinamarca para grabar remakes como Homeland, The Office y The Killing, sino que se van a lo más obvio y descarado. ¿A qué? ¡A los cuentos de hadas! ¡A las leyendas! ¡A los cómics! ¿Puede haber algo más barato en la vida que hacer un refrito de Blancanieves, de La leyenda del jinete sin cabeza o de The Walking Dead?

¡Ellos los hacen y ningún paisano les dice nada! ¡Al contrario, allá vamos a aplaudirles! ¡A ponerles casa! En cambio, si a un mexicano, por ejemplo, se le ocurre agarrar una historieta de Yolanda Vargas Dulché para realizar algún título como Rubí, ¡bueno!, ¡qué chafa! ¡Qué naco! ¡Qué viejo! ¡¿Adónde se fue la creatividad?!

No, y ni nos metamos con las producciones que se estiran hasta hartar a las audiencias porque entonces sí no acabamos.

Hoy la industria mundial del entretenimiento vive de secuelas, precuelas, sagas y temporadas mil. ¿Por qué nosotros no podemos estirar un mes un maldito título sin que aparezcan los ataques? ¡¿Por qué no podemos hacer la continuación de nada?!

Y esto es sólo desde la perspectiva del público. ¿Qué pasa cuando hablamos de las televisoras o de los anunciantes? Algo aún peor: los directivos de los grandes canales, en lugar de darle la oportunidad de brillar a los talentos nacionales, allá van a saquear la nación que se deje para traer las peores porquerías del mundo, incluyendo a actores, ejecutivos y conductores, nada más porque son extranjeros.

Y allá van también nuestros anunciantes a regalarles su dinero a puras mugres que hablan de las cosas que ellos mismos impiden que se toquen en la tv nacional, como el sexo y la violencia. ¡No se vale! Somos los primeros en meternos el pie, los primeros en agachar la cabeza ante cualquier porquería que venga de fuera. Los mexicanos somos unos hipócritas de primera y llegó la hora de reconocerlo.

Ojo, tampoco se trata de envolvernos en la bandera y jugar a defender todas las producciones que se hacen en este país nada más porque sí, como ocurre en otras industrias culturales. Se trata de darle a cada cosa su justo valor y de entender que nuestra televisión no es mejor ni peor que la de otras regiones del mundo.

Somos parte de un gran mercado global y si nos vamos a criticar, y si vamos a tomar decisiones a nivel ejecutivo o comercial, que no sea por pose. Que sea porque realmente estamos comprometidos y porque en verdad queremos que esto avance. ¿A poco no?

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Así la cosa (Fernando Sica)

Nota del editor: En Chilango.com retomamos esta columna invitada, hecha para la edición impresa de Chilango de febrero de 2014.