5 sectas chilangas al estilo ‘The Following’

A nosotros también nos gustaría formar parte de una

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Luego de las primeras 2 temporadas de la serie gringa The following, donde nos han dado muestra de cómo es morir y matar dentro de una secta (seguidores de una doctrina religiosa o ideológica), los chilangos hemos redescubierto que también tenemos las nuestras que no le piden nada a esos asesinos de la pantalla vecina y en las cuales muchos adoraríamos estar (es una secta, se entiende).

1.- La poco conocida secta de los caza-mimos

Entre los automovilistas se comenta sobre un grupo de choferes profesionales (ruleteros) o amateurs (tú o yo) que, luego de ser interceptado por los mimos (les encanta hacer la pésima representación de que te limpian el medallón del coche con bolitas de unicel, pero en realidad sólo remueven el lodo que uno porta con orgullo) a su vez se las reviran y fingen pagarles con un billete sacado de un monedero inexistente: a mimo, mimo y medio.

Si el mimo resulta respondón, será su última actuación en esta tierra. Estos justicieros tienen muchas influencias en la política y el empresariado: los políticos y los empresarios odian que los engañes con que votarás por ellos o que les comprarás y luego no les cumplas.

2.- Los mata-ridículos

Jalan parejo: le ponen en la torre a todo tipo de fauna, desde los veganos que usan zapatos, cinturón y chamarras de piel (¿o sea, cómo: no comen animales, pero sí usan prendas hechas con pedazos del cuerpo de esos animales?), así como productos de belleza “probados” en animales (por comprar esas cremas, son responsables de que sigan matando fetos de delfines para sacarles los polvos respectivos), hasta los integrantes de esas tribus de gustos opinables, quienes piensan que el agua con jabón es sinónimo de ácido muriático diluido en lava.

También se ocupan de cazar a l@s que usan leggins a pesar de tener unos móndrigos coágulos de celulitis. Y conste que no distinguen el sexo, la raza, la edad o la densidad de las llantas: basta que vean un celulítico usando esas prendas que son casi transparentes, y le dan fuego. Uno de los métodos preferidos para sancionarlos es fotografiar a los ridículos y subirlos a interné: muchos mueren de vergüenza al ser reconocidos por familiares y amigos.

3.- Los implacables aplica-calzón-chino para policías

¡Ay, esos policías pasados de listos! Que rompan las reglas de tránsito con las que luego nos multan, vale; que usen la misma motocicleta 4 policías panzones, con lo cual se pueden echar un viaje dándose unos a otros un arrimón húmedo, vale; pero que enseñen la rayita de plomero y encima muestren el calzón tipo abuelita (son como bermudas, pero en feas) hasta la rajita de canela, es un exceso. De ahí la venganza ciudadana sin misericordia: en cuanto un barriguete con insignia muestra dónde se quiebra la espalda y saca el calzón marrano, los integrantes de esta secta aparecen de la nada, le jalan el calzón (calzón chino, ya lo había dicho) hasta arriba, esperan a que se le adelgace la voz al policleto y desaparecen como la brisa en el amanecer.

4.- Los come taco-mortales

En estas sectas matar o morir puede ser lo mismo, así que echarse 16 tacos afuera del metro o uno frente al edificio en construcción (donde vuela polvo de concreto y de ladrillo sobre las viandas) llevan al traga-tacos a la misma situación gástrica donde tapar el baño o el drenaje profundo es lo mismo.

Los kamikazes taqueantes suelen acabar con su taquera existencia echándole salsita verde y roja al takeshi explosivo comprado y luego, cuando sienten que la gastritis se les va a juntar con la colitis, se tiran al piso frente al puesto de tacos para que los inspectores de salubridad clausuren el puesto de dizque tacos, pues en realidad las carnes del trompo de pastor tienen muestras del virus de ébola disfrazado de tortilla light.

5.- Los madrea cobrones

¡Odio que me cobren sin deberla! Si uno contrajo la deuda por comprar el automóvil padrotón que servirá para subir a esas féminas que gustan del dinero masculino y que lo obtienen a cambio de prometer favores carnales, ni hablar, que me cobren; si uno contrajo la deuda por comprar los rolex de oro con platino para acabar de convencer a esas chicuelas que viven del dinero masculino, ni hablar, ¡que me cobren!; pero que te caigan los del SAT cuando pagaste tus impuestos a tiempo, calienta a cualquiera. ¿Pues que los del SAT no saben quién es quién? Y que te cobren a lo chino, calienta más: te embargan sin avisar.

O, al revés, no te devuelven tus impuestos a pesar de haber cumplido con todos sus requisitos. Pero como son burócratas viles (que no viles burócratas, no es lo mismo) los ciudadanos revanchistas se disfrazan para parecer uno de los muchos jefes de esos cobradores fiscales y entonces se van a su casa y los persiguen en las noches para hacerlos sentir los peores godínez del planeta: así medio sienten lo que los ciudadanos cuando nomás se la pasan molestándote esos cobrones. O, insisto, cuando no te devuelven tus impuestos: ¡para qué nos engañan con que sí lo harán y luego nos mienten! (o lloro o me uno a esta secta, pos éstos). 

¿Qué otras sectas chilangas les gustaría que existieran?

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