William Lemon y sus conflictos internos

La escénica Moon & Moon

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Me gusta jugar con la gente haciéndoles creer que asistirán
a un toquín habitual. Cuando repentinamente se dan cuenta que inmersos están en
una especie de musical. ¡Diablos! Ya se fregaron
”, explica William Lemon a la
revista Alarm, al describir a su
banda Moon & Moon. “Siempre me interesó la idea del teatro musical. Abarca
demasiados rangos
”.

William es la fuerza conductora detrás del avant-rock escénico de Moon & Moon,
a la vez que su único miembro permanente. 
El pianista Lou Rogai (Lewis & Clarke), el baterista Stephen Kurtz,
el bajista Jay Hudak (An Albatross), el vocalista Stephonik Youth y el
percusionista Edward Klinger, conforman el circulo de comparsas y colaboradores
de la ecléctica agrupación en su álbum debut VII Acts of an Iron King, una recopilación de presentaciones en
vivo.  

La fe de Lemon se conjuga como el motor del proyecto. “Los
arquetipos con los que he estado batallando, en contra de mí descontento con la
religión, son arquetipos que todos pueden percibir en cualquier conflicto
humano. Existen estos caracteres dentro de mi, luchando con mi persona y
creando una especie de ansiedad. Tengo que darles nombre, describir sus
imperfecciones y darles un motivo para pelear
”.

Cada canción o acto representa a estos arquetipos como personajes
dentro de una épica historia. Un rey de fierro navega sin destino por sinuosos océanos.
Bruscamente pone la mira en una mujer que se convertirá en su reina. Decidido,
emprende un ataque a su ciudad, mandando una armada de niños a combatir con la
población. Finalmente conquista a su reina, pero mientras logra el cometido, se
da cuenta que sólo estaba en conflicto consigo mismo.

Olivia Galarza, una pequeña de siete años, guía al
espectador. Diversas voces y sonidos evocan emociones específicas. Un saxofón
barítono representa una salvaje sensación asesina. El eco de una trompeta
explota en un entrañable llanto.
La música, el relato y las variadas texturas crean una atmósfera
envolvente y aplastante.

Si alguien me regalara un millón de dólares [para la
producción], obsequiaría olor con las imágenes, proyectaría visuales a gran
escala,  tendría bailarines que,
dependiendo de la canción,  dieran
caricias o cachetadas al público, los alimentarían o pincharían. Algo que
hiciera a la gente involucrarse en cada uno de los sentidos. Eventualmente
sucederá, tengo la confianza de que así será
”.