Para admirar

Las que no pueden faltar




Cómo olvidar las obras de fin de
curso, era un evento amado para algunos y odiado para muchos otros. El curso
siempre se componía de gente que le gustaba el protagonismo y para ellos qué
mejor que tener el papel principal en la obra, pero para los tímidos y
retraídos era un momento que significaba poner en evidencia su falta de
seguridad y tartamudeo.

A pesar de esto, para los padres
y familia, era un momento de ternura y orgullo, daba igual que su hijo no fuera
el mejor en escena, sólo significaba un momento en el cual podían ver como
reaccionaba su hijo ante la presión social, ver como se emocionaban y como
interactuaban con los demás.

Habían muchos tipos de obras de
fin de curso, desde la coreografía de la
macarena, hasta la obra de Grease (o de época) o alguna inventada por la
maestra, como simplemente un niño dando vueltas en triciclo por el escenario
mientras la maestra y corre de la mano con una niña vestida de calabaza.

Que paciencia para la maestra
tener que coordinar a 15 o 30 niños para que les interese aparecer en una obra,
para que se aprendan los diálogos y para que no se distraigan con cualquier
cosa, la verdad es que debes tener alguna especie de don para lograrlo, porque
de una u otra forma las obras al final salían bien y los padres salían
contentísimos aunque a su hijo se le hubiera borrado la memoria o hubiera sólo
llorado en medio del escenario o fuera el protagonista de la obra y acaparara
hasta los diálogos de los demás. 
Lo que más admiro sin duda es el trabajo de la Miss porque no sólo es
coordinar a todos, tienen que pintar a mano la escenografía, escoger la música
y como dije antes a veces escribir la historia, que locura…