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Más pequeños que el Guggenheim - Escena | Chilango.com

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Abril 2014
No. 125
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Más pequeños que el Guggenheim

Crítica Chilango


Teatro Helénico

Av. Revolución (a dos cuadras de Altavista) 1500

Entre Calle del Río de San Ángel y Fernando Villalpando

Col. Guadalupe Inn

Tel. 4155 0919

Horario

Mié. 20:30 hrs.
Del 7 de agosto de 2013 al 18 de septiembre de 2013

Usuarios:



Precios

  • General
  • $243
TC: Todas

Cortesía
Género
Comedia

Crítica Chilango

Por Roberto Marmolejo

Ésta es la historia de Sunday y Gorka, un aspirante a actor y un aspirante a dramaturgo que se van a España para “triunfar” y desencantados, regresan a los tres meses y se dejan de ver 10 años.

Con una estructura que oscila entre el diálogo y la narración, Alejandro Ricaño -director de su propia obra- nos cuenta el reencuentro de dos amigos que intentarán levantar un proyecto teatral con la ayuda de un albino bizco y un cajero de OXXO, que en el nombre lleva el destino: Jamblet (sic).

Y como la víbora que se muerde la cola, Sunday y Gorka irán escribiendo y ensayando una obra sobre dos amigos –un aspirante a actor y un aspirante a dramaturgo- que se van a  España y buscan “triunfar”. Y así, escena tras escena, mientras los cuatro personajes se enfrascan en hacer realidad su proyecto teatral, Ricaño nos muestra el interior de cada uno: desencantos y soledades, sueños perdidos y amores frustrados, las muertes que duelen y los intentos de morir para darle sentido a la vida. Con esta anécdota, pero contra todo pronóstico, Más pequeños que el Guggenheim no es un tragedión sino una comedia ligera con mucha influencia de la sitcom gringa y los recursos del cine que retrata muy bien las emociones desencantadas.

Aunque la verdadera habilidad de Ricaño y sus actores es que sostienen el ritmo y la gracia de la obra a pesar de repetir gags o recurrir al lenguaje “soez” sin el menor miramiento y con un humor a veces grueso, pero siempre medido.

Adrián Vázquez (Sunday) confirma que es uno de los actores más versátiles de su generación, que puede hacer una comedia como ésta o abordar sin temor la intensidad de Wajdi Mouawad, como ya lo mostró y demostró en el monólogo Cuchillo (bajo la dirección de Hugo Arrevillaga.)

Dos sorpresas: la entrañable actuación de Hamlet Ramírez (Jam) y Miguel Corral (Al), que se redondea con la sutileza actoral de Austin Morgan (Gorka).

Más pequeños que el Guggenheim funciona porque la suma de sus partes es más grande que el Guggenheim: la originalidad de la propuesta, la eficacia de su equipo creativo y la irresistible historia de perdedores.

Y porque, como parece decirnos Ricaño, si la vida es una desilusión constante, habrá que reírse de ella en su propia cara.

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