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Abril 2014
No. 125
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Tomar Partido

Crítica Chilango


Foro Cultural Chapultepec

Mariano Escobedo 665

Col. Anzures

Horario

vie 20:45, sáb 18 y 20:45 hrs, dom 17:30 y 20 hrs.
Del 12 de octubre de 2012 al 15 de diciembre de 2012

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  • Preferente C
  • $160
TC:

Especial
Género
Melodrama

Crítica Chilango

Por Roberto Marmolejo

Wilhelm Furtwängler fue el Herbert von Karajan de su tiempo: un director reconocido por su talento y sensibilidad frente a la Orquesta Filarmónica de Berlín. Cuando Hitler tomó el poder en los años 30, el músico no escapó del nazismo como muchos artistas alemanes. Una vez acabada la guerra, fue acusado de ser cómplice del régimen y juzgado en los tribunales de desnazificación que instrumentaron los aliados, aunque nunca estuvo afiliado al partido ni tuvo actividad política.

En unas líneas, ese es el núcleo dramático de Tomar partido, una de las obras más famosas de Ronald Harwood, conocido dramaturgo y guionista sudafricano que ha escrito obras como El vestidor -que en México estrenaron Héctor Bonilla e Ignacio López Tarso- y los guiones de películas como El pianista o La escafandra y la mariposa.

El planteamiento de Harwood en Tomar partido podría ser bastante estimulante: ¿Furtwängler era o no un convencido nazi? Y podría y sólo podría, porque la obra, estrenada en 1996, llega tardíamente a nuestros escenarios. Si en los 90 era polémica, ahora resulta cansada, de una estructura torpe y discursiva. Con personajes que sobran, como Tamara Sachs, que interpreta Stefanie Weiss o tan estereotipados como los principales: el mayor Steve Arnold (un Humberto Zurita superficial, acartonado, como villano de telenovela) y Wilhelm Furtwängler (Rafael Sánchez Navarro, tibio y entrampado en el cliché del artista apolítico.)

Contra el montaje –en general- obra que nunca se dispara un enfrentamiento que “caliente” la escena. Antonio Crestani, director, no alcanza un momento con potencia dramática: ni cuando Arnold y Furtwängler se confrontan y ni cuando el teniente David Wills (Sergio Bonilla) cuestiona los motivos de la persecución del músico a Arnold. Todos los actores parecen instalados en una suerte de telenovela histórica que empobrece el acto teatral.

Mención aparte merecen la escenografía de Gloria Carrasco, una estructura metálica que nunca funciona mas que como marco de la acción y una iluminación sin matices, demasiado plana que no crea espacios ni atmósferas.

Si hemos de Tomar partido, la sugerencia es ver la película de István Szabó, basada en la obra de Harwood, con el gran Harvey Keitel y Stellan Skargarsd. Digo, de ver una gran filme a una obra aburrida, ¿de qué lado te pondrías?

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