Revista Chilango

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Septiembre 2014

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Tío Vania

Crítica Chilango


Teatro El Milagro

Milán 24

Entre Lucerna y General Prim

Col. Juárez

Horario

jue-vie 20:30h, sáb 19h, dom 18h.
Del 28 de agosto de 2014 al 23 de noviembre de 2014

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Continúa en cartelera

Precios

  • General
  • $200
TC:
Boletos en taquilla

Tío Vania Cortesía Tío Vania
Género
Drama

Crítica Chilango

Durante 30 años, el tío Vania ha trabajado para mantener en pie la finca familiar. Sin cuestionárselo, dejó ir su juventud entre las extenuantes tareas del día a día, las cuentas y las deudas. La cotidianidad agota hasta que llega el día de la pregunta: ¿qué se ha hecho con la propia vida?

La pregunta de Vania (un golpe seco) aparece cuando el esposo de su difunta hermana, un vanidoso crítico de arte cuyos lujos ha mantenido con su propia labor, vuelve a casa con su nueva y bella mujer… de la cual se enamora. Como la de él, la soporífera vida del resto de los personajes se ve trastocada por la inesperada visita. ¿Qué pasa cuando la insoportable pregunta se impone a todos? ¿Ya ha pasado “la vida”?

A propósito de este montaje habría que decir dos cosas: no queda duda de la vigencia del texto de Antón Chejov (1860-1904), un clásico, pero lo que debe atenderse es la vida que le imprime el equipo dirigido por David Olguín. Con ocho actores en escena, la obra presenta un coro de personajes cuyos destinos convergen en una angustia que se contagia al espectador. Es demasiado otoño, demasiada melancolía sumada: desde los gestos de Arturo Ríos, Laura Almela y David Hevia, hasta la iluminación íntima, el vestuario que contagia el frío y una escenografía ocre que coloca en distintos planos de profundidad a los actores respecto del público. Así, se les ve tan cerca que puede compartirse el ardor de los tragos de vodka o se espían tensas discusiones y seducciones nocturnas.

Verse sorprendido por la vejez, enamorarse en secreto por años, asumir una vida gris sin chistar… Las historias no parecen ajenas, por eso son tan inquietantes. Este montaje de Tío Vania es equiparable a la sensación de abrir una puerta en el momento menos indicado. Es una obra nociva para todo el que ha sentido que trabaja sin cesar y, el día que se ve obligado a preguntárselo, no sabe si ha llegado a alguna parte. Mucho cuidado con ir en viernes.

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