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Tío Vania - Escena | Chilango.com

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Julio 2014
No. 128
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Tío Vania

Crítica Chilango


Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Insurgentes Sur 3000

Col. Universidad Nacional Autónoma De México

Tel. 5665-6583

Horario

Jueves y viernes 20 hrs, sábados 19 hrs, domingo 18 hrs. 1-10 de febrero no hay función.
Del 17 de enero de 2013 al 3 de marzo de 2013

Usuarios:



Precios

  • General
  • $150
TC:
Boletos en taquilla

Andrea López/Teatro UNAM
Género
Drama

Crítica Chilango

Por Christian Gómez

Durante 30 años, el tío Vania ha trabajado para mantener en pie la finca familiar. Sin cuestionárselo, dejó ir su juventud entre las extenuantes tareas del día a día, las cuentas y las deudas. La cotidianidad agota hasta que llega el día de la pregunta: ¿qué se ha hecho con la propia vida?

La pregunta de Vania (un golpe seco) aparece cuando el esposo de su difunta hermana, un vanidoso crítico de arte cuyos lujos ha mantenido con su propia labor, vuelve a casa con su nueva y bella mujer… de la cual se enamora. Como la de él, la soporífera vida del resto de los personajes se ve trastocada por la inesperada visita. ¿Qué pasa cuando la insoportable pregunta se impone a todos? ¿Ya ha pasado “la vida”?

A propósito de este montaje habría que decir dos cosas: no queda duda de la vigencia del texto de Antón Chejov (1860-1904), sin duda un clásico, pero lo que debe atenderse es la vida que le imprime el equipo dirigido por David Olguín. Con ocho actores en escena, la obra presenta un coro de personajes cuyos destinos convergen en una angustia que se contagia al espectador. Es demasiado otoño, demasiada melancolía sumada: desde los gestos de Arturo Ríos, Laura Almela y David Hevia, hasta la iluminación íntima, el vestuario que contagia el frío y una escenografía ocre que coloca en distintos planos de profundidad a los actores respecto del público. Así, se les ve tan cerca que puede compartirse el ardor de los tragos de vodka o se espían tensas discusiones y seducciones nocturnas.

Verse sorprendido por la vejez, enamorarse en secreto por años, asumir una vida gris sin chistar… Las historias no parecen ajenas, por eso son tan inquietantes. Este montaje de Tío vania es equiparable a la sensación de abrir una puerta en el momento menos indicado. Es una obra nociva para todo el que ha sentido que trabaja sin cesar y, el día que se ve obligado a preguntárselo, no sabe si ha llegado a alguna parte. Mucho cuidado con ir en viernes.

(Para el adicto a la desolación, la revisión al teatro de Chejov en la UNAM ofrece también esto. )

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