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La Tempestad - Escena | Chilango.com

Revista Chilango

¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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La Tempestad

Crítica Chilango


Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Insurgentes Sur 3000

Col. Universidad Nacional Autónoma De México

Tel. 5622-7160

Precios

  • General
  • $150
TC:
Efectivo
Boletos en taquilla

Horario

Jue, vie, sab 19:00 Dom. 18:00
Del 23 de septiembre de 2011 hasta nuevo aviso

Usuarios:




Género
Comedia

Crítica Chilango


 

Por Roberto Marmolejo

A Shakespeare, considerado el más grande de los dramaturgos, nunca es fácil ponerlo en escena. Se han hecho y deshecho muchas versiones de sus tragedias y otras tantas de sus comedias, una veces con grandes aciertos y otras de tal manera que uno quisiera no volver al teatro.

En esta versión de La tempestad, la última comedia del escritor inglés, Salvador Garcini –director de mucha trayectoria en el teatro y la televisión– ha logrado ambas cosas: un montaje que atrae por sus hallazgos, pero que repele por sus defectos.

Sus aciertos: un reparto interesante que incluye una leyenda del teatro como Ignacio López Tarso como Próspero, en una actuación efectiva aunque un poco declamada, al estilo de la vieja escuela; a actores talentosos y no siempre apreciados como Abraham Stavans (Adrián), Felio Eliel (rey de Nápoles) y Luis Couturier (Gonzalo); a una figura del teatro popular y la TV como Rafael Inclán (Antonio) y a un grupo de jóvenes actores que están empezando a destacar, entre ellos Osvaldo de León (Fernando).

 

Entre las virtudes también hay que mencionar la música en vivo de Lorena Tassinari, el diseño de iluminación del casi siempre efectivo Víctor Zapatero y la espléndida traducción y adaptación de Alfredo Michel.

 

Sin embargo, también están los tropezones de la versión de Garcini: por un lado, la escenografía que funciona en la primera escena porque recrea el barco que naufraga en la tempestad provocada por Próspero, entorpece y dificulta la creación de espacios para que transcurra la historia por su inmovilidad elefantiásica.

 

Los actores que encarnan a personajes muy importantes -Ariel y Calibán-, interpretados por Paola Izquierdo y Horacio García-Rojas respectivamente, oscilan entre los gritos y la incapacidad para ahondar en la interpretación. La fuerza cómica de Rafael Inclán queda de lado. Resultado: un personaje gris que apenas hace notar su presencia en el escenario. Una mención aparte merece Roberto Duarte, que interpreta a Stefano: sus intentos y morcillas para darle un tono cómico a su personaje, son francamente lamentables. Y para rematar, la caracterización hada-darky-dominatrix de Ariel, el espíritu aéreo que sirve a Próspero, mueve a risa involuntaria.

 

Aunque después de la tormenta, viene la calma. Entonces vale la pena acercarse a esta magnífica obra de Shakespeare, estrenada hace 400 años pero con una vigencia impresionante. Por eso Shakespeare es el clásico del teatro. Sus imágenes poéticas, la historia de traición, venganza y perdón, los personajes que se han hecho paradigmáticos y los hermosos parlamentos de Próspero -“Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir”- nos salvarán de cualquier naufragio, incluso teatral…

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