¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Barranca Del Muerto
Entre Insurgentes y Minerva, esquina con 2 de Abril
Col. Crédito Constructor
Por Roberto Marmolejo
Una afirmación contundente: la prolongada trayectoria televisiva de un trío de actores no asegura un montaje teatral de calidad. Si acaso, garantiza el éxito de público entre las señoras que ven telenovelas. Y eso pasa con Bajo Cero, una obra de la dramaturga británica Bryony Lavery, con la actuación de Helena Rojo (Amanda), Alejandro Camacho (Damián) y Laura Flores (Nadia), dirigidos por Aarón Hernández Farfán.
Los elementos anecdóticos de la pieza son interesantes: Nadia ha perdido a Regina, una de sus hijas. Incansable ha buscado por años qué fue de ella. En paralelo conocemos a Damián y Amanda. Él es un hombre abusado en su infancia con una afición mortal: asesinar y violar jovencitas. Ella es una psicóloga deprimida por la muerte accidental de su amante y colega.
En México se estrenó en 2006 bajo la dirección de Lorena Maza y la actuación de Julieta Egurrola, Alejandro Calva y Aurora Cano (chequen la diferencia de repartos), con el nombre de Congelados. Cinco años después, han pasado muchas cosas y el público ha evolucionado. Hoy la estructura de la obra es un lastre que no la deja fluir. Si bien resultaba contundente por el tema y la exploración de la mente del asesino en su estreno original en 1998, hoy tanto monólogo en un thriller nos hace bostezar y el tema un déjà vu. Un capítulo de CSI o Law&Order está mejor escrito y resulta más entretenido.
El revival de Frozen, nombre original de la pieza, desafortunadamente tampoco corre con suerte en la elección del reparto actual: bien conocidos por su trabajo en la televisión, ninguno de los actores -ni tampoco la mano del director- logra hacer destacable su actuación en el escenario. Alejandro Camacho se instala en su propio cliché del "malvado de la historia"; Laura Flores no tiene hondura actoral ni el director logra hacerla pasar más allá de la declamación; Helena Rojo deja a la deriva un personaje en crisis emocional que encuentra el sentido de su vida en un psicópata.
Quizá el elemento más valioso de la obra sea extra teatral: la autora fue acusada de plagio y Malcolm Gladwell -el famoso colaborador de The New Yorker-, escribió un texto sobre esta polémica que se puede leer en su más reciente recopilación de artículos: Lo que vio el perro, publicado en México por la editorial Taurus.
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