¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Si tan solo tuviéramos la capacidad camaleónica de mimetizarnos con nuestro entorno urbano.
Metafórico, poético e inexpresivo. Originario de la provincia costera de
Shandong, Liu Bolin, se las arregla para disimularse entre sus alrededores.
Con extremada perfección y acoplamiento a los spots, pasa más de diez horas
desarrollando el resultado. Por lo regular, transeúntes y peatones no se
percatan de su presencia.
“Estas fotografías recolectan lenguajes de la escultura, pintura, construcciones y el drama, dentro de una conciencia cultural, y como rompemos con sus paradigmas. El sujeto pierde su peso y desaparece tan rápido como el humo de un cigarro”. Una armonía tan estrecha con el entorno que vacila nuestra periferia.
La sociedad china atraviesa un momento transitivo, tal vez, el más drástico en su historia. Preocupado por la actualidad de su país y la nula compaginación con su sociedad, Bolin, retoma el sentimiento histórico, renegando a la modernidad. “Mi arte es una reacción ante el gobierno de mi país.”, quienes bajo la persecución de artistas, cerraron su estudio en 2005.
Testigos mudos en un diálogo constante con las esculturas, fachadas, lugares y caracteres chinos. Presencias invisibles que permanecen silenciosas respecto a lo que no se puede decir más que con el semblante y el transcurrir del tiempo en éstas postales chinas.
Inéditas imágenes sin trucos, al final, llenas de implícita sensibilidad para aquellos recolectores de sensaciones intimistas.
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